La desesperación (Conchi Juan Orts)

¿Sabes? Todavía sigues aquí, pero te marchaste hace aproximadamente año y medio, lo más fuerte es que intento buscarte cada día visitándote, llamándote como cuando era pequeña, y lo bueno, es que cuando tus ojos me miran, sé que algo de mi te gusta. Cuando te acaricio tu mirada me dice que me quieres, aunque cada vez te esfuerzas por saber quién soy.

Hace año y medio, cuando mis hijos terminaban sus respectivos partidos de futbol, me hacías las mismas preguntas.

Nena cuando juegan la próxima semana?

David, el sábado a las diez y Carlos el domingo a las 12.

En el plazo de dos meses, cada día de la semana me preguntabas lo mismo. Al principio te recriminaba que ya te lo había dicho, pero te informaba de los horarios, te insistía en que te acordaras, pues el día anterior me lo habías preguntado. Tantas veces preguntarme sobre lo mismo, me desesperaba.

Transcurría la semana, nos veíamos en el campo de futbol.

Hola! Papá

Hola! Nena

Nos besábamos, nos preguntábamos sobre los días pasados de la semana, todo iba bien, mamá aprovechaba para comprar y mientras tú, disfrutabas de ver a tus nietos.

Así siempre, tú no faltabas, los partidos eran el alimento para compartir durante los días siguientes, las conversaciones con los amigos. Esos amigos que te hacían recordar tu niñez, pero que a la vez te hacían sentirte mayor, aunque eso no importaba, estabas tan orgulloso de tener esos nietos, que hacerte mayor era lo normal, me demostrabas que hacerte viejo era hasta bonito. Me demostraste que envejecer con tus hijos era lo que en ese momento de tu vida, lo que más deseabas. No querías marcharte, deseabas seguir con nosotros.

En el plazo de dos meses, las mismas preguntas en menos espacio de tiempo, eso hizo que te llevara al médico, engañado, diciéndote que tu médico de cabecera nos había hecho un volante para el neurólogo y que no podíamos dejar la cita.

Cuándo creía que mi desesperación explotaría, me equivoqué, entonces fue cuando todo empezó.

Las pruebas para saber si tu mente todavía podía memorizar, aún intentando contestar bien a todas ellas, en todas algo fallaba. Como en el colegio, quise ayudarte para que tus respuestas fueran correctas, como si de un examen se tratara, pero no me dejaban, eras tú el que debía contestar, y mi desesperación era que tú tenías que aprobar, que esas preguntas eran sencillas y que tú no podías suspender.

Que cruel, allí estabas tú a mi lado, mirándome cada vez que no sabías que contestar, tu ojos me pedían ayuda y yo te animaba a pensar, tu mirada me decía que algo fallaba en ti, y mis ojos te decían, no pasa nada papá a mí también se me olvidan las cosas. En esos momentos que los dos supimos que nuestras vidas iban a cambiar, la neuróloga te mandó pastillas para la depresión, aún insistiéndole por mi cuenta, que tú no eras así, que tus enfados eran porque en esos momentos, cuando escuchabas nuestras respuestas a tus preguntas y nosotros te recordábamos que ya habías preguntado lo mismo, fue cuando entendiste que eras tú el que fallaba, así empezó nuestra desesperación.

Teníamos que volver en un año, que rápido paso, y que rápida vino la enfermedad. Otra vez las mismas pruebas, cotejarlas con las del año anterior, y pronóstico: alzhéimer.

Te recetaron todas las pastillas del mundo, todas ellas vitaminas, parches para que las neuronas que todavía estaban, no murieran, pero nada hizo el efecto para que la enfermedad no avanzara.

En ese momento tus preguntas repetitivas ya no eran molestas, pero comprobé que habíamos perdido un año de tratamiento, mi desesperación cambió de rumbo, debí de darme cuenta antes, debí de insistirle a la neuróloga, me equivoqué, y él, mi padre sé que hubiera insistido más que yo, él no se hubiera fiado del primer diagnóstico, hubiera visitado a mas especialistas. Me sentí culpable, pensé que su enfermedad había avanzado más por mi culpa, por confiar y esperar, esperar para desesperar y con remordimientos.

Ese día, cuando el pronóstico fue alzhéimer, junto con mis hermanos empezamos a pensar rápidamente cosas para que él pudiera volver a ser él, el de siempre.

Papá, debes de jugar al dominó, debes de leer el periódico, luego le cuentas a mamá las noticias, así ella no lee, así ella se pone al día, papá si quieres vamos a hacer caligrafía así tu letra será mejor, pensamos tantas cosas que lo abrumamos.

Hola! Papá

Hola! Nena, tienes hijos?

Sí papá, tres, David, Carlos y Laura.

Nena tu marido quién es? Vives muy lejos? Te vas ya?

Un beso papá, mañana vendré a verte, pórtate bien y hazle caso a mamá, no la hagas pelear.

Adiós papá.

Adiós nena.

Ya han pasado casi dos años, y cada vez es peor,

 Mamá no entiende que siga con nosotros, pero no la reconozca.

Mamá no entiende por qué cuando sale del baño la luz no la apaga, aún avisándole antes de entrar que debe de apagarla cuando salga.

Mamá no entiende por que cuando le pregunta si quiere ir al baño y él dice que no, a los diez minutos debe de cambiarle el pañal.

Mamá no entiende esa enfermedad que se lleva a tu marido aún estando cada día contigo.

Mamá no entiende que aunque le diga las cosas gritando el vuelva a cometer el mismo error.

Mamá no entiende que olvida y que cada día que pasa sus recuerdos de hace diez minutos los ha olvidado.

Mamá no entiende que quiera volver al pueblo para ver a su madre que hace cuarenta años murió, pero que él piensa que está en su casa esperando a que vuelva del colegio.

Así se pasa lo días, y mamá desespera, se deprime, nos deprime, no se deja ayudar, no entiende, no quiere entender que él ya no esté con nosotros.

Hola! Papá

Hola! Nena, tienes hijos?

Sí papá, tres, David, Carlos y Laura.

Nena tu marido quién es? Vives muy lejos? Te vas ya?

Un beso papá, mañana vendré a verte, pórtate bien y hazle caso a mamá, no la hagas pelear.

Adiós papá.

Adiós nena.

Lo peor de todo, es que la palabra nena él siempre la ha utilizado conmigo y esa palabra no la ha olvidado “nena”. Pero ha olvidado a mis hijos, sus nietos, esos nietos que eran los mejores del mundo, que su vejez la utilizaba para hablar de ellos, y ahora ellos no están en sus recuerdos.

 Hace tres días perdí alguien importante en mi vida, lloré junto a mi madre la pena, mi padre estaba allí  junto a mí mirándome como lloraba, pero él no lloró conmigo…….. no pude parar de llorar, quise parar mis lágrimas, no lo conseguí me había olvidado…….lloré y lloré las lágrimas que contuve durante estos casi dos años pero……él hubiera llorado conmigo, me hubiera consolado, me abrazaría si me viera llorar, me besaría para confortar mi pena, me acunaría llorando por dentro para no hacerme sufrir.

tranquilo papá ¿sabes? Sé que todavía sigues aquí, y yo estaré contigo siempre, aunque no me recuerdes, aunque ya no me digas: Adiós nena.

Yo cada día te abrazaré, te besaré y te diré: Hola! Papá.

Conchi J.O.

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Relatos tema junio 2011. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a La desesperación (Conchi Juan Orts)

  1. carmen ballester dijo:

    Joder…he llorado como una tonta.
    Que duro tiene que ser eso, cuando la tristeza te consume y no puedes expresarla, no…delante de él.
    Muy bien hecho
    Besos
    Carmen
    PD:…lo de “nena”..me ha llegado al alma.

  2. Silvia dijo:

    La Desesperación está tan bien descrita que como dice Carmén le haces a uno llorar. ¡Qué duro verdad! .Sigue escribiendo eso te ayudará.

  3. Emi dijo:

    Las enfermedades de la mente humana son difíciles de entender desde una mente sana, y és muy duro de encajar con qué atrevimiento llegan, transforman, y nos arrebatan de una manera u otra a nuestros seres queridos…
    No dejes de hablarle con cariño, porque en ese lenguaje seguro que te reconocerá, aunque no sepa como expresarlo, o ya no pueda, pobrecito…. Ojalá hubiera un remedio para esta enfermedad como para tantas otras. Un abrazo y mucho ANIMO.

    • conchi dijo:

      Gracias Emi, haber escrito el relato hizo que me desahogara, pero leer vuestros comentarios hace que me sienta mejor, por supuesto que seguiré aprendiendo a cada día que pasa hacerlos mejor. Un beso y gracias, de verdad que me animan vuestras palabras.

  4. José Luis dijo:

    saber plasmar los momentos y sus personajes, es siempre complicado, pero tu tienes ese arte especial para que nos alejemos de nuestras preocupaciones y nos podamos sumergir en tu relato como si lo vivieramos a tu lado… intensamente.
    Gracias Conchi y ya sabes… a seguir escribierndo, merece la pena… nos merece la pena seguir leyendote.
    José Luis

    • conchi dijo:

      Gracias por tus palabras, con este relato mi intención no es competir, realmente es llegar a personas que puedan estár pasando por la misma situación, lo importante es transmitir los sentimientos. Y por supuesto, seguir escribiendo me ayuda, un abrazo.

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s