El sol. (Silvia Aguilar)

“Cualquier evento lo elevan a categoría de crisis”, sonrió guiñando un ojo. “No acabo de comprender qué es lo que te ha llevado a oscurecer el sol que ante ti se presenta. Llevas años aletargado en un hastío del que no sales. No pareces tú; te escondes”, continuaba Rubén al tiempo que se encendía un cigarro.

Su amigo le miraba mudo, casi sin pestañear. Cabizbajo, con manos sudorosas, mente alborotada, tomó la copa de vino y bebió: “A estas alturas de mi vida, no tengo necesidad de riesgos innecesarios que puedan tambalear lo que ahora poseo. Me quedo dónde estoy. Al fin y al cabo, lo conozco y lo sobre llevo. Lo que pudiera venir, pudiera ser peor. No merece la pena ni el salto. Ya no tengo edad para estos juegos. Esos rayos del sol, pudieran quemarme”.

Rubén atónito, repasaba brevemente cómo Eduardo, con una asombrosa destreza casi incuestionable, se había enfrentado en numerosas ocasiones ante mil y un desafío, que para otros, no hubieran sido ni en lo más mínimo, tenidos en cuenta.

El siempre el líder del Grupo6, como así mismos se denominaban y le denominaban, había dado continuamente muestras de una arrogante a la par que envidiable fortaleza difícil de arrebatar o destruir.

Acostumbraba a tomar las riendas de cualquier situación, llevando consigo y a modo de tarjeta de visita, un amplio abanico de posibilidades que desvanecía las barreras del más cobarde. Intrépido en los negocios y en asuntos personales extremadamente audaz, encontraba respuestas para todo y para todos. Era respuesta ante duda, era solución y no problema. Avance y no freno.

Le costaba encontrar el momento en el que su amigo se rindió y se dejó batir siendo incapaz, aún a día de hoy, de remontar la tristeza.

“Eduardo, ¿realmente merece la pena que sigas escudándote?. Ese temor que desprendes, es una fina tela que esconde comodidad, amparo ante el desafío, desgana, derrota sin contienda. 

¿A dónde te llevará?…

Tú que tantas veces nos has empujado a saltar, a luchar, a agarrar cambios, criticándonos incluso en tono jocoso y burlón si alguno titubeaba y optaba por permanecer impasible.

Has perdido tu fuerza y con ello la posibilidad de beneficiarte del poder curativo de la transformación, aniquilando por tanto cualquier oportunidad de renacer.

Es un error que te dejes vencer por ti mismo. Es ahora, más que nunca, cuando deberías resurgir”.

Elevó la vista y clavó la mirada. Faltándole aliento, respondió: “Y es justo ahora, más que nunca, cuando el sol me deslumbra”.

Puedes disfrutar de más relatos de esta autora en  http://silviaag.blogspot.com/

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Galería | Esta entrada fue publicada en Relatos tema agosto 2011. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a El sol. (Silvia Aguilar)

  1. macamolist dijo:

    Me gustó mucho tu relato, Silvia.

  2. Inmaculada Sánchez Fernández dijo:

    Muy bonito. Suerte. Bss,…

  3. Silvia dijo:

    ¡Gracias!. Un abrazo
    Silvia

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