Secreto. (Silvia Aguilar)

Tratando de acomodarse en su ortopédica silla, con voz entrecortada dijo: “Debajo de mi cama, dentro de una caja verde, envuelta en sobre sepia. Quiero que se quede en tus manos. Léela y búscala. Dile que dejé correr la brisa demasiadas primaveras, que fui en su busca más llegué tarde, pero sobretodo dile que siempre la amé; que eternamente será “Mi más””…

 Un año cualquiera, una tarde de octubre.

Hoy necesito hablarte.

Puede que sea lo último que te escriba.

Sólo el tiempo lo dirá.

……………………………………………………………………………………………..

Mi querido Alfredo:

¿Así es cómo dejas que se disuelva?. ¿Es lo mejor que se te ha ocurrido?. Te creía diferente a otros anteriores. Más locuaz, más entregado, más cortés, más firme, más consecuente, “más” en definitiva. Si, eras “Mi más”. Has ostentado este título, que ahora supongo dirías ni deseado ni pedido, durante largas primaveras. Te lo ganaste.

 No digo que efectivamente no contara con que la jugada sería dura, compleja y por supuesto asumía la probabilidad de la retirada. Pero con lo que nunca conté fue con la indiferencia por desenlace.

 Te hacía más fiel a mi respeto y desde luego no es la imagen que he llevado de ti todo este tiempo. Fíjate que de haberlo sabido antes, mis últimos pasos hubieran sido más cautelosos, más meditados. El resultado, el mismo, pero la forma, distinta. Mas que nada para no salir tan dañada. Porque he de decirte que duele.

Has de saber que la entrega con apenas esperanza y ¿porqué no? gratuita, si no lo niego, sin embargo meditada y valorada, de un alma abierta de par en par, sin escondites, con pureza, no es que cueste hacerla cuando se está convencida de ella, pero recibir tan solo el eco de tus propias palabras rebotando una y otra vez dentro de ti, sin ser capaz de obtener veredicto ante las preguntas, resulta cuanto menos  lastimoso, haciéndose más difícil aún el tolerar el vacío que a cambio se recibe.

 Te lo explico. Primero dejas correr brisa, en el entendimiento de que todo lleva su proceso y cada cuál responde dentro de su tiempo. En este punto ni imaginas que te vas a quedar al borde del abismo. Sabes que lo que tenga que ser, llegará. Permaneces expectante, con ciertas gotas de esperanza.

 Pasa la brisa. Llegan las nevadas. Comienzas a sentir frío. No das crédito y empiezas a listar todos los “fenómenos paranormales” que han imposibilitado tu acercamiento. Es la única posible explicación. Gélida, comienza a doler.

 En tercer lugar, el asombro. Cuarto, la incredulidad. Ambos casi a la par. Duele con fuerza.

 Quinto: remordimientos. No por lo hecho sino por cómo se hizo. Te cuestionas, crees que el problema es tuyo. Te sientes débil. Sigue doliendo intensamente.

 Sexto, otro intento, pues confías en que tal vez se pueda volver al primer paso y dar un giro diferente. No sucede. Te hundes.

 Séptimo, asumes derrota. Duele como nunca antes. Te hundes. Lloras.

 Octavo … Inesperadamente, llega una señal. No está todo perdido. Los “fenómenos paranormales” no lograron su cometido. Aire suave entra … ¡otra vez!. Aunque la novelaa esta edad se lee diferente, cantas de nuevo. Sin embargo, la insensibilidad vuelve a ganar terreno.

 Noveno: nada, absolutamente nada, dando pie a que “Mi más” se vaya haciendo pequeño.

Sustentada en la ayuda que proporciona el poder de la creencia en uno mismo, la angustia comienza a menguar despacito, muy despacito, aunque sin desaparecer. Baja el dolor, sube sin remedio la autoestima. De lo contrario, la catástrofe se hará dueña y resurgir ante tales cenizas pudiera resultar lucha feroz en terreno escarpado.

 A modo de súplica, la sucesión de los siguientes pasos se aglutinan en uno:

Incapaz de crear una frase que se ajuste a la realidad, con el corazón marchito y defraudada, asumes sin compartirla, la respuesta despoblada de palabras.

Afligida, escasa en confianza, rota, das bienvenida al olvido en el deseo de que desaparezcas con la misma rapidez con la que te hiciste amo de mi corazón.

 Más los anhelos no siempre florecen. Hoy, tiempo después, sigues habitando en mí.

 Postrada de rodillas ante la tumba de su abuelo con las manos tintadas en sepia y sollozando, recordaba como él le decía  “¿Te cuento mi secreto?”.

Puedes disfrutar de más relatos de esta autora en:  http://silviaag.blogspot.com

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8 respuestas a Secreto. (Silvia Aguilar)

  1. Concha dijo:

    Sorprendente. Rítmico. Lo único que me desconcierta es la diferencia de caracteres, letras y tamaños. Me gusta.

  2. Silvia dijo:

    Gracias Concha. La idea de cambiar el formato se debe a que quería distinguir la carta del resto del texto (espero haberlo logrado). Muchas gracias de nuevo por leerme y por tus comentarios. Un abrazo.

  3. Oliva dijo:

    Hola, me gusta pero es muy difusa, se sabe que el tema es un abandono o una ruptura pero me cuesta entender el texto.

  4. Silvia dijo:

    Hola Olivia. Gracias por tu comentario.
    Es una historia que se parte, pero nunca se abandona pese a que no continúen juntos.
    Un abrazo.

  5. reme dijo:

    Interesante relato…Un saludo.
    Reme.

  6. Silvia dijo:

    Gracias Reme. Un abrazo

  7. Jorge Moreno dijo:

    Hiriente, dolorosa, pero hermosa. Conjugas las palabras con frescura, acierto y personalidad y no cuesta leer líneas y líneas describiendo el dolor. Maravillosa.

  8. Silvia dijo:

    Gracias Jorge. Todo un halago viniendo de tí. Bss

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