Señal. (Silvia Aguilar)

07.30 hrs de la mañana de un caluroso día de agosto. Por los pasillos de la planta se comienza a oír los pasos de aquellos que han optado trabajar cuando prácticamente el resto de los mortales ha decidido veranear. Casi sin mediar palabra, como sonámbulos, se dirigen hacía la tercera puerta a la derecha en busca de la máquina. Un acuerdo tácito por todos asumido, dejaba claro que hasta que el café y demás infusiones no hicieran su trabajo, no comenzaría el diálogo. Pero hoy, la pizpireta becaria incumple. Con risas y palabras inacabadas rompe el silencio reinante. Sin poder contenterse, lo único que alcanza a explicar es lo que su dedo señala: el cartel colocado en la puerta del despacho de Teresa.

Teresa, Jefa de RRHH, era una mujer de 39 años de mediana estatura con ojos saltones y semblante más bien serío. Moderada en su vestimenta, parca en palabras y distante en el trato, pasaba inadvertida. Pese a llevar años en la empresa, de su pasado nadie sabía y de su presente menos aún, pues no era mujer de conversaciones de pasillo ni café de cotillas. Su puesto le hacía extremar cuidados en discrección por lo que su trato con el personal era meramente profesional. No solía participar en actos extra fuera del ámbito de la empresa, lo que dejaba poco juego a imaginaciones al no desvelar más faceta que la que su cargo mostraba.

 Por ello es que atónitos se agolparon frente a tal escrito sin dar crédito. Las conjeturas comenzaron. Hay quién dijo “vendetta”, pues reponsable le hacía de determinadas y muy cuestionadas decisiones. Otros optaron por la burla cruel indicando nombres y apellidos. Hay quién incluso apostó por verlo como una ayuda, ya que difícill se les hacía verla ducha en el arte del cortejo.

En medio de tan animada charla, una mano se filtra por entre la gente y con fuerza, casi ira, arranca el papel. Cesan las risas. Los comentarios terminan y comienza la jornada.

El fiel asistente de Teresa, Tony, sostenía en sus manos el arrugado papel. Con prisa, entró en el despacho, tiró el cartel, encendió la cafetera, puso el aire acondicionado y colgó en la percha la acartonada chaqueta que ella dejaba siempre enganchada en el pomo de la puerta. Revisó, como cada día, la desordenada bandeja llena de post-it con referencias, agrupando por orden de importancia lo primero que debía ser resuelto. “Sé que esto no me concierne, y que poco lo agradece, más bien no creo ni que sea consciente de mi rutina antes de su llegada. Sé que debería dedicarme a lo que me es encomendado, dejando de lado estos detalles no apreciados, pero no puedo evitarlo”.  Cierra la puerta y minutos después, aparece Teresa. Con un vago hola pasa delante de Tony. Se detiene ante su puerta mirando al suelo. “Tony, ¿y el cartel en mi puerta?”. Él le relata lo sucedido.

Teresa se sienta delante de su pulcra mesa y … “verás, he oído decir más de una vez que hay que besar muchos sapos antes de encontrar a tu Príncipe. Y como ya sé que tal aseveración no garantiza el mencionado fin, ocurre que me adelanto a cortar paso a más sapos y abro puertas a quiénes sean capaces de hacerme llegar alguna señal que merezca ser digna de atención. Soy consciente del impacto que ha producido. Supongo que nadie me imaginó capaz o más aún quizá no hayan nunca imaginado que también yo sepa hablar de Amor, que como muchos, también me siento sola, que como todos también he empezado y calusurado relaciones que me han dejado tocada, pero que como unos pocos, no pierdo la esperanza. Paso horas encerrada en esta empresa dejando poco espacio para la vida en el exterior. No voy a sumergirme en búsquedas on line por que no me va ese juego. En esta planta hay 43 hombres de los cuáles 36 están separados, divorciados o solteros (si, mi base de datos me informa). De esos 36  he seleccionado 15 con los que sería capaz de emprender relación, pero como estoy cansada de primeros pasos, he decidido probar tentando a la imaginación de todos ellos. Así por lo menos sabré que quién me entregue señal, interés tiene. Gano tiempo.”

 “¿Y qué tipo de señal esperas recibir?”, preguntó Tony.

 “Pues básicamente me cautivará aquella que demuestre sin duda que es ideada únicamente para mí”.

 Tony que era el único que entendía que ella fuera capaz de eso, pues bien la conocía, se mantuvo las tres semanas siguientes en la sombra. Expectacte asistió al regocijo de Teresa por la buena acogida que tuvo su iniciativa. Despertó el interés de los trabajadores, consiguiendo que varios se acercaran entregando “señales”: le llegaban cajas de bomobones, flores, hubo uno que le regaló un pañuelo (cosa que no entendió porque nunca los usa), agendas, e incluso tuvo más de un par de citas.

Inmersa andaba siguiendo huellas que no se percató de la silla vacía. Entró como cada mañana en su despacho. No había cafetera encendida, el aire era sofocante, su bandeja rebosaba de papeles con mil post-it sueltos y en su percha tampoco colgaba la acartonada chaqueta. Tan sólo un pañuelo con la etiqueta aún pegada.

Apartó como pudo las cajas encima de su silla, y gritó su nombre “¡¿Tony?!”. No hubo respuesta. Salió en su busca encontrando frente a su mesa a la becaria que enredaba con restos de papel, bolígrafos usados, y su pisapapeles de bronce “Tony me lo regaló ayer cuando se fué. Me dijo que así le recordaría. Le vamos a echar mucho de menos. ¿Ya tienes nuevo asistente?. Si quieres yo te dejo de nuevo mi CV, pues me encantaría continuar en la…..”.

Teresa sintió cómo le faltaba el aire, costándole caminar. Con tanta rapidez cerró la puerta y se dejó caer, que la chaqueta acabó en su cabeza cegando su vista. Y así con la vista en la oscuridad es cómo descubrió la luz: por fin la señal que tanto había esperado, llegó.

Más relatos de esta autora en http://silviaag.blogspot.com/
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12 respuestas a Señal. (Silvia Aguilar)

  1. CONCHI dijo:

    ¡¡¡¡guapísimo tu relato!!!! muy lista Teresa, muy sufrido Tony. Me quedé con ganas de seguir. Un beso para ti y otro para tu Teresa, valiente la condena.

    Suerte con tu relato.

    Un beso Conchi.

  2. Yasmina Méndez dijo:

    A veces las señales más simples nos indican el camino. Me gustaría saber como continúa la historia. ¿Se interpondrá algún sapo más en la vida de Teresa? ¿Conseguirá alcanzar a Tony?
    Un abrazo y suerte tambien.

    • Llego tarde. Ya está dicho lo que yo quería decir, así que sólo decirte que me ha encantado tu relato. También me he quedado con ganas de saber más!! Habrá una segunda parte?

      Felicidads y suerte!

  3. Silvia dijo:

    ¡¡Mil gracias a las tres!!. Me habéis dado una alegría.
    Quizá Teresa y Tony vuelvan a pasearse por aquí…(Me parece un reto bonito).
    Un abrazo a todas y mucha suerte también.

  4. Cynthia dijo:

    Silvia, muy bonito este relato. Cercano y ameno. Saludos.

  5. ana amigo pardo dijo:

    Muy bonito este relato, lo narras muy bien , me parece muy bueno.

  6. Ana Calabuig dijo:

    Lo que pensaba decir ya lo han dicho el resto de compañer@s. Y, sí, pienso que de ahí puede salir una buena historia un “pelín” más larga.

  7. Gustavo dijo:

    siiiiiii, escribe segunda parte.

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