Libro A. Capítulo 1

—¡Más fuerte! —gritó Emily al sentir el viento acariciando suavemente su cara—. ¡Más fuerte!

Y Sammy tomó impulso con el cuerpo, para luego descargar a través de sus manos todo el ímpetu contra la desnuda espalda de ella. El empujón fue tal, que Emily creyó volar sobre el mundo. Más allá de los verdes prados que envolvían con perfecta visión pictórica las inmediaciones de la ciudad. Cerró los ojos y soñó que unas alas blancas de enormes dimensiones surgían de sus omóplatos para fundirse con el azul perfecto cubierto de espesas nubes de tormenta. El aroma a tierra mojada ascendía en oposición a la densidad del aire inundando sus fosas nasales. Ella inspiró profundo y se dejó embriagar por la sensación de libertad. «Qué maravilla ser pájaro», pensó. Y recordó las tardes de invierno junto a su padre. Los dos sentados frente al televisor observando con catatónica atención los documentales de naturaleza, donde halcones de poderoso porte alzaban el vuelo directos al infinito. Lo mismo quería ella, ir directa hacia el infinito, surcar los cielos y unirse a cientos de aves en bandada y atravesar la esfera terrestre sin mayor preocupación que la de escoger adecuadamente la perfecta corriente de aire. Abrió los ojos y en la ingravidez de la nada contempló sus pequeños pies apuntando a la lejanía; luego fueron descendiendo hasta rozar con la punta de los dedos la hierba; suave, fresca.

Y ya por fin, una voz infantil detuvo su delirio, atrayéndola a la realidad.

—Ahora me toca a mí —declaró Sammy.

—Ni hablar. Tú has estado mucho más tiempo que yo —respondió Emily girando ligeramente la cabeza al comprobar cómo Sammy trataba de parar el columpio—. Ni se te ocurra…

—¡No es justo! ¡Siempre tiene que ser lo que tú digas!

—Es la ventaja que tiene ser quince minutos mayor que tú.

—Si no te bajas del columpio antes de que cuente diez se lo diré a mamá.

—Qué miedo… —dijo Emily adoptando un tono irónicamente tétrico.

El rostro de Sammy comenzó a congestionarse como un globo color carmín a punto de estallar.

—¡He dicho que te bajes! —Exclamó él tirando con desesperación del brazo de su hermana—. ¡Bájate!

—¡No!

Emily consiguió soltarse de las garras de su hermano pero no pudo impedir que éste inmovilizara el columpio colgándose de uno de los extremos.

—¡Quítate! ¡Eres un bruto! ¡Lo vas a romper!

—¡Pues bájate!

—¡No! ¡Quítate!

Sammy, aferrado a una de las gruesas cadenas que permitían al columpio mantenerse suspendido de la estructura de hierro, empezó a dar pequeños saltos, pateando sin el menor cuidado las piernas de Emily que gritaba a punto del llanto.

—¡Para ya Sammy! ¡Me haces daño!

—¡Pues baja del columpio!

Un ruido chirriante había surgido del entorno metálico para acompasar los saltos cada vez más bruscos de Sammy. Sonaba igual que un animal herido, que un monstruo, imaginó Emily, que con la cara empapada por las lágrimas resistía las embestidas como el guerrero que defiende su fortaleza, agarrando con empeño las cadenas hasta dejar los puños sin riego sanguíneo. El rugir del monstruo fue aumentado de intensidad hasta convertirse en un estruendo apocalíptico. Emily profirió un grito de espanto al observar como las cadenas sucumbían al empeño de su hermano y caían ambos al mullido suelo del césped. Por un momento ninguno de los dos se movió, hasta que transcurridos unos segundos ambos se incorporaron lentamente invadidos por un estado de shock al advertir con horror el lamentable estado en el que había quedado el columpio. Fue Emily esta vez la que poseída por un ataque de rabia se abalanzó igual que un animal salvaje sobre su hermano, profiriendo insultos indescifrables mientras le propinaba toda clase de manotazos y puñetazos. La escena no duró demasiado. Un ruido sordo y seco sacó a Emily de la demencia. Ahí, a unos pocos pasos de donde se encontraban, un pequeño bulto grisáceo parecía temblar a un ritmo pausado. Emily lo observó sin mover un músculo. Su hermano, acurrucado bajo su cuerpo, quedó mirándola sin comprender qué había sucedido para que ella detuviera de manera tan brusca su ira. Entonces, siguiendo la dirección trazada por las pupilas de su hermana, terminó por toparse él también con el extraño bulto que continuaba en el suelo, inmóvil, a excepción de una serie de sacudidas epilépticas que hicieron a Sammy precipitarse en un hondo temor. Emily, con desconfianza, se dirigió hacia el ser moribundo y cogiendo un palo comenzó a tentar con él su superficie gris, para comprobar de inmediato que se trataba de un pequeño pájaro ya muerto. Los ojos y el corazón de Emily se llenaron de pesar.

—Es un pájaro… ¿Qué le habrá pasado? —preguntó en susurros alzando la vista al cielo.

—No lo sé —contestó Sammy que aún seguía en el suelo examinando con atención cada uno de los movimientos de su hermana.

—No lo entiendo. ¿De dónde ha podido caer?

—Del cielo. A lo mejor le han disparado.

—No digas tonterías Sammy. ¿No ves que no está herido? No tiene sangre.

Emily se agachó para inspeccionar más detenidamente al animal y valiéndose otra vez del palo le dio la vuelta, mostrando este una imagen entre lo macabro y lo funesto; con las patas erectas, el cuello estirado y las alas desplomadas a su antojo. Sammy lanzó un gruñido de repugnancia.

—Déjalo ya Emily. Voy a vomitar.

—Pero… ¿No te parece raro? —respondió Emily aturdida ante el peculiar suceso—. Ha caído del cielo sin más. En medio del jardín. Justo donde no hay ningún árbol.

—¿Y qué más da? Venga, vamos dentro de casa. El cielo se está poniendo muy negro.

Emily hizo caso omiso a las palabras de su hermano y siguió parada junto al animal tratando de averiguar lo sucedido. «¿Por qué un pájaro se estrella contra el suelo sin razón?», se preguntó. «Puede que le haya alcanzado un rayo. Pero entonces tendría las plumas chamuscadas».

—¡Vamos Emily! ¡Está empezando a llover! —Gritó Sammy desde el porche—. ¡Deja ya al pajarraco ese!

Un destello de luz iluminó el rostro de Emily advirtiendo así con su presencia de la inminente llegada de la tormenta. Segundos después retumbó el firmamento. Pero ella no se movió; continuó escudriñando el incidente mientras la lluvia intensificaba de manera paulatina su aparición.

«¿Y si se ha quitado la vida?», musitó con espanto. «No. No puede ser. ¿Por qué iba a querer un pájaro quitarse la vida? Además, ellos no piensan; solo vuelan; vuelan libres. Ellos son libres…».

Emily permaneció perdida en sus pensamientos mientras su pequeño cuerpo de once años cubierto con un vestido rosa de tirantes comenzaba a empaparse bajo el fuerte aguacero. Su hermano seguía emitiendo avisos intermitentes ya desde el interior de la casa:

—¡Emily, dice mamá que entres inmediatamente! ¡Emily!

Emily continuó sorda ante las advertencias. «Son libres», se decía. «Y yo quiero ser libre como ellos. No, yo no quiero caer. El pobre pájaro habrá muerto de viejo. Sí. De viejo. No se ha quitado la vida. Los pájaros no quieren morir. Ellos son felices. Ellos nos observan desde arriba. No, ellos no quieren ser como nosotros. Ellos son pájaros. Ellos son felices…».

Un tronar cercano descendió a plomo introduciéndose en los oídos de Emily que súbitamente dio un paso atrás al son de un fuerte palpitar. Alzó de nuevo el rostro hacia la condensada negrura guiada por una inexplicable sospecha. Y entonces, decenas de golpes secos empezaron a oírse. Multitud de pájaros cayeron sin sentido del cielo oscuro chocando contra el suelo, el tejado de la casa, el porche; caían a la piscina originando terroríficos chapoteos. En un principio, los pájaros, aún con vida, salían a la superficie, para momentos después hundirse hasta quedar depositados en las azules teselas. Emily sintió que su cuerpo se estremecía de espanto ante tal aterradora visión. Quiso correr para refugiarse en el interior de la casa, pero sus piernas no le respondían, únicamente podía chillar; solo las cuerdas vocales parecían hacer caso a su instinto de supervivencia. Y entre tanto caos, un solitario pensamiento cruzaba su mente: «Ya no son libres. Ya no son libres. Solo quieren caer. Caen. Caen. No son felices. No… ¿Por qué?».

Continúa en el Capítulo 2
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17 respuestas a Libro A. Capítulo 1

  1. ana amigo pardo dijo:

    Buen comienzo para el libro, te da ganas de leer el capitulo dos.

  2. REGLA77 dijo:

    Hay que ponerse manos a la obra… a ver como pude continuar…

  3. Me encanta. Es literatura en estado puro. Solo hay un párrafo que no me acaba de cuadrar y es: “continuó escudriñando el incidente” . Los incidentes no se pueden escudriñar. No sería mejor decir en vez de “continuó escudriñando el incidente”, continuó escudriñando el lugar.

    • Carol Munt dijo:

      Escudriñar: Examinar, inquirir y averiguar cuidadosamente algo y sus circunstancias.
      Quizá tengas razón y en vez de: “continuó escudriñando el incidente”, pueda decirse: “continuó escudriñando el lugar del incidente”; aunque en verdad lo que Emily quiere averiguar son las circunstancias del incidente, no el lugar de las circunstancias del incidente (madre mía, qué lío :P). En ese caso puede que lo mejor sea eliminar “escudriñar” y cambiarlo por “examinar”. Posiblemente quede mejor.
      Un fuerte abrazo.

  4. Acabo de hacer un comentario pero parece que por misterios de Internet se ha perdido. Vuelvo a repetir lo que estaba diciendo. He comentado que me encanta y que me parece literatura en estado puro. Solo le encontré una pega; hay un párrafo que no me cuadra y es: “continuó escudriñando el incidente” . Los incidentes no se pueden escudriñar. Yo lo sustituiría por “continuó escudriñando el lugar”, por ejemplo.
    ¡Ah! Y perdonadme por meterme donde no me llaman.
    Saludos cordiales y éxito en vuestro empeño.

    • Gracias por el comentarios Manuel, no se había perdido, es que la primera vez que se pone un comentario me pide que lo apruebe antes de publicarlo. Bienvenido y gracias por tus aportaciones.

  5. Iry dijo:

    La verdad es que es un comienzo inquietante y a la vez asombroso para un libro, ¡creo que merecerá mucho la pena! Se ha elegido el mejor!!!! Muy bien escrito, bien narrado, con interesante argumento y muchas, muchas posibilidades!!!

  6. Loli Fernández Barroso dijo:

    ¡¡Enhorabuena Carol!!
    Vamos a ver si conseguimos, como mínimo, continuar con el listón tan alto como has comenzado.
    Un abrazo.

  7. Pues con este `principio, el libro promete. Nos metiste de lleno en la escena, y en las mentes infantiles de los niños, emotivos los pensamientos de Emiy,y el final del capítulo presagia mucha intriga. Felicidades Carol.

  8. Insuperable. Difícil lo pones a los del primer grupo. Suerte!

  9. marta dijo:

    está genial el capitulo ^^
    hacia tiempo q no leia algo tan bueno
    haber como continua 😀

  10. Antonia dijo:

    Muy bien el capitulo, intrigante…….. deseo leer cuanto antes el capitulo 2.

  11. REGLA77 dijo:

    Yo estoy desenado leer el capítulo dos así como como comenzar a escribir el cpítulo tres… jejejee 🙂

    • -¡Más fuerte!- gritó Emily al sentir el viento acariciando suavemente su cara- ¡Más fuerte!
      Me pregunto cómo alguien puede estar exaltado cuando el viento le acaricia suavemente la cara.
      Yo lo sustituiría por…..!Mas fuerte!-gritó Emily, enardecida.
      Es solo una opinión bienintencionada y no una crítica.
      Saludos a todos.

  12. Pernando Gaztelu dijo:

    ¡Que buenas propuestas de capítulo dos! Este libro va a ser un éxito, además la trama es cada vez más diversa… a ver hacia donde apuntamos ahora…

  13. Carol Munt dijo:

    ¡Enhorabuena Regly! ¡La historia continúa con la acción! Ahora a seguir escribiendo 🙂
    Qué emoción…

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