Un año leve de tiempo. (María J. Toca)

Un leve soplo de aire levantó la falda de Claudia, desde le esquina donde me encontraba no podía ver con certeza la orografía de sus piernas, pero podía imaginarme lo que no llegaba a mis ojos. Una piel lisa, color caramelo, con la tersura del terciopelo, lo recordaba aun, a poco que me esforzara,  podía sentir el tacto ambiguo y albarino de esa piel.

Sus pasos  son decididos, no recordaba haberla visto caminar con tanto aplomo nunca, antes que parecía que barriera con sus ojos el suelo  por donde pasaba, los hombros enganchados del pecho, como si la pesaran, como si llevara sobre ellos el peso del mundo. Sin embargo ahora caminaba erguida, mirando al frente, con paso decidido, a cada zancada se le mueven las caderas con sinuosa cadencia, no la recuerdo así, más bien arrastrando los pies, dejando tras ellos la huella de un estío.

Llevo unos minutos tras ella, y no ha bajado la vista ni una vez, ella que cuando se cruzaba con alguien, conocido o no, se la huían los ojos. Ahora camina con brío, como si tuviera prisa por llegar, como si el mundo se parara a su paso, para dejarla pasar.

La veo  bonita, con el pelo brillante,  besándole la espalda, a ratos le hace una revolera el viento , la cubre el rostro, y ella con mano firme pero engalanada de coquetería lo aparta para dejar la vista libre. Si no la viera tan claramente, diría que no es ella, que no es mi Claudia. Pero sí, son sus ojos, marrones, mechados de color ambarino, como si fuera mica, es su boca, antes envuelta en un paréntesis de tristeza, ahora con gesto firme, casi sonriente. Es su figura, más redonda, con las costuras reventando de tensión por contener un cuerpo que se desboca, cuando antes estaba seco, enjuto, casi tísico.

No ha pasado tanto tiempo, si no recuerdo mal, apenas un año, y a Claudia se la ha vuelto la vida de cara, por lo que parece. En ese rostro tan conocido, se la dibuja un rictus de satisfacción, como si hubiera comido muchas golosinas, y estuviera bien harta. Nunca la vi así antes, aunque la verdad antes ni la veía, de pura costumbre se había trasformado en trasparente, porque mis ojos se hallaban pendientes de muchas cosas, y Claudia no tenía cabida en ellos. En cambio ahora, no descansan si no se llenan con su cuerpo, con su boca, con ese rostro cuya orografía creía conocer palmo a palmo, y me resulta tan sorprendente en esta nueva visión.

Quisiera decirle muchas cosas que se omitieron, las palabras calladas no existen, aunque me quemen en la boca, ahora ya no es tiempo de pronunciarlas, ahora es tiempo de silencio.

Parece que llega a su destino, una luz asoma por sus ojos, ilumina su rostro una sonrisa que lo parte en dos bellas mitades. Intento adelantarme, llamarla, hacer notar mi presencia, que antes intuía apenas atisbaba mis pasos. Sigue adelante, se abraza a un hombre que con unos largos brazos la rodea y la funde con su cuerpo, con una boca grande de labios anegrados, inmersos en un rostro negro, esculpido y brillante, la absorbe toda, con su mirada golosa y abstraída.

Y yo me quedo absorto contemplando ese abrazo fundido, hechizado ante el espectáculo brillante que dan ambos. Relucen, el amor, el deseo, fluye entre sus ojos. Mientras yo, me diluyo, porque hoy, justamente hoy, hace un año que he muerto.

Más obras de la autora en http://www.escrivivo.com
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4 respuestas a Un año leve de tiempo. (María J. Toca)

  1. Leticia de Juan Palomino dijo:

    Buenas y bonitas descripciones y un final impactante. Determinadas frases se me han hecho difíciles de leer, no sé si por su extensión o por ser un poco complicadas. Me ha gustado ¡Saludos!

  2. Estoy con Leticia, está bastante bien pero hay frases muy enrevesadas que me resultan demasiado artificiales, como forzadas. Y algunas palabras que no me acaban de encajar, como “albarino”, que no es un adjetivo y además me lleva más a pensar en color que en tacto; o “mica”, que no me habla de ningún color en concreto. Cuidado también con los laismos, que te estropean algunas frases 🙂

  3. Algo de acuerdo en lo anteriormente dicho, pero que yo le resto importancia porque, el conjunto, es lo suficientemente bello. Me ha parecido un relato enternnecedor que, al fin de cuentas, es lo que vale: que te llegue. Un abrazo!

  4. amaya dijo:

    Me ha gustado mucho, gracias por escribir. Un saludo. Amaya

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