Cuento de Navidad. (Amaya Puente de Muñozguren)

Hay años malos y años peores en mi vida pero este es el peor con diferencia. Estamos acabando el año 2001, mi padre murió en Mayo del año pasado y mi madre en Marzo de este año. Tengo tres hijos a los que veo poco y me estoy separando de mi mujer de toda la vida. Ahora que podíamos empezar a vivir tranquilos, con los hijos mayores ya haciendo su vida por otras ciudades resulta que se nos ocurre la genial idea de separarnos. ¡Si es que no nos teníamos que haber casado nunca!, mira que lo he pensado veces, no se puede casar uno por pena, pero el daño ya está hecho, ahora me encuentro aquí, en este precioso ático del Puerto de Santa María desde el que no se ve el mar, ni la playa ni nada de nada mas que una colección interminable de tejados de todos los tamaños y formas, copas de árboles, nubes y calles que se vuelven pequeñas en la lejanía. Ahora llueve, esta mañana hizo niebla y humedad y por la tarde salió el sol, un pequeño resumen para una fecha tan familiar como es la Nochebuena, la primera que voy a pasar solo, bueno, solo no, aquí tengo la botellita con las cenizas de mis padres y las dos chapitas pegadas con los nombres y las fechas de sus últimos días. ¡Cómo los quería!, ahora que no hay nadie puedo permitir que se me escapen dos lagrimones de los grandes, hoy no tengo porque disimular ni seguir con mi máscara de hombre serio y duro. No lo soy, y menos ahora que me encuentro triste y solo a mis años, a diez de jubilarme, después de haber trabajado toda mi vida para sacar adelante una familia y una casa que ya ni tengo ni tendré nunca.  No me quiero poner triste.

Voy a tomar una copa de champan para celebrar la Nochebuena y un poco de queso con uvas, ya me han llamado mis hijos para felicitarme y a duras penas he podido contener el llanto. No se porque estoy tan triste.

Llevo la botellita lacrada en una mano y la copa de champán en la otra, mis ojos están turbios y no puedo leer con claridad los nombres de mis padres en sus plaquitas de plata, Vicente 1- Mayo-2000, María 28 Marzo 2001. Hay poco tráfico por la calle, se oyen canciones, descorchar botellas, sonidos lejanos de villancicos y risas de niños. Debe ser que ha llegado Papá Noel, nosotros es que siempre hemos sido fieles a los Tres Reyes Magos, el tío gordo vestido de “colorao”y su ho, ho, ho, nunca nos ha hecho ninguna gracia.

 Hace frío, el último coche que pasó por la calle lo hizo hace un par de minutos, parece que veo un escalextric, los coches desde arriba parecen planos cuando pasan bajo mi terraza.

Si estuvieran aquí mis hijas ya la habrían adornado con luces y bolas pero este año es una terraza triste y sola como yo. Termino la copa da “Anna” y vuelvo dentro, huele a chimenea y hace calor, me apetece sentarme a ver el fuego con mis padres que no he dejado de llevarlos en mi mano grande en comparación con lo pequeña que es la botella, me gusta que sus cenizas estén juntas en un mismo envase, así quisieron estar toda la vida y así estarán mientras estén conmigo, el resto de las cenizas las fuimos a tirar las niñas y yo en la playa de Chipiona en la que habían pasado con nosotros prácticamente todos los veranos de sus vidas. ¡Cómo se querían!, pienso que debe ser una bendición encontrar una pareja con la que llevarte bien toda la vida, compartir todo, luchar por el presente y por el futuro y tener ganas de envejecer juntos y decirse cada mañana al levantarse un “te quiero”, desde el fondo del corazón. Daría cualquier cosa por conseguir una pareja así para estar hasta el último día amándonos.

No quiero más bebida ni mas queso pero si que voy a tomar unas cuantas uvas que están fresquitas y dulces mientras hablo con mis padre aquí, sentado en la mecedora frente a la chimenea con ellos sobre mis pantalones. Parece que estoy oyendo la voz de mi padre y los comentarios de mi madre a su espalda, metiéndose con el, chinchándole y haciéndole rabiar de bromas. No puedo hablar con nadie de mis padres porque nadie se cree que se llevaran tan bien, fueron niños jugando toda la vida. Era precioso verlos quererse como se querían. (No puedo evitar dar un beso a la botella de sus cenizas…y dejar escapar una lágrima hasta la alfombra).

Me voy a meter en la cama. Esta pasta de dientes no me gusta, me deja la boca muy seca, creo que antes de acostarme me voy a hacer una manzanilla calentita para quitarme este sabor.

Hum, que rica está. ¡Ya se han hecho las dos de la madrugada, parece mentira!, estas sábanas están frías y pegajosas, ya empiezan a calentarse, menos mal.

¿Qué es ese ruido que se oye en el salón? Juraría que estoy oyendo a mis padres, si, son mis padres que me llaman. ¡Ya voy, ya voy! Esperad que me vista. No os esperaba…

¡Que sorpresa veros por aquí!, Papá, te va a encantar, he hecho sopa de puchero con pelotas como te gustan a ti, con pan rallado, ajo y la sangre de un pollo (tal y como la hacían los abuelos de Alicante) pero espero que entiendas que voy a seguir sin probar las famosas pelotas por mucho que te empeñes. Me dan asco desde niño, solo de recordar al pobre pollo sangrando y corriendo por la cocina se me ponen los pelos de punta, si, si, ya sé que están buenísimas y que me pierdo un manjar pero yo me quedo con el caldito.

Mamá, que guapa estás y que bien hueles, déjame que te dé otro abrazo, no, no te voy a estrujar. Este grandullón sabe ser tierno con las cosas delicadas. ¡Que feliz estoy de veros!, te he cocinado la carne mechada que te gusta, bueno, la verdad es que la he comprado ya cocinada por miedo a no encontrarle el punto pero te gustará, luego tenemos dulces de Navidad, pero antes vamos a picar unas gambitas frescas, un poco de jamón “del bueno” y caña de lomo que he traído para vosotros. Tengo ganas de llorar de tanta felicidad, sois el mejor regalo de esta Nochebuena, de haber sabido que veníais hubiese adornado la terraza y la casa, si queréis saco ahora los adornos y los ponemos entre los tres. ¿No?, vale, entonces estamos bien así. Mamá toma un poquito de champán del que te gusta que se que te brillan los ojos y se te afloja la risa cuando pegas dos sorbos. Quiero oírte reír. Que feliz soy, dejarme que os abrace. Vamos a hacernos una foto los tres juntitos, si, aquí, junto a la chimenea encendida. Cuidado con el vestido no se te vaya a quemar, así, bien, voy a preparar el disparador automático, no os mováis. Ya está, uno, dos y…!sonrisas! A ver, mira mamá que guapa has salido y tú estás mejor que yo, más joven y guapo. Toma mamá, es para que tengas un recuerdo de esta gran noche. Voy a haceros una infusión de las mías con un poquitín de anís, no, papá el café te sienta mal, hazme caso y prueba mi infusión, si no te gusta te prometo que te haré un “cafélito” suavecito.

Habláis poco, parece que todo lo tengo que decir yo, no, si no me molesta pero me gustaría que me volvierais a contar las historias de siempre, como cuando te atropelló aquél coche y se dio a la fuga, el tiempo que tardaste en recuperarte, lo mal que lo pasaste cuidándole en la clínica día tras día…o repíteme eso que nos decías al despertarnos, era como un poema ¿recuerdas?…si, ese. ¡Que de recuerdos!, que rápido parece haber pasado toda la vida. Sí, yo también me hago mayor pero tengo la suerte de tener unos hijos fantásticos, una ex mujer que sigue siendo mi amiga y unos padres adorables, ¿qué más se puede pedir? Soy un hombre afortunado, lo tengo todo, una vida nueva por delante y una gran vida por detrás. Sí, es cierto que he trabajado mucho y siempre para los demás pero me satisface que ellos estén felices, yo, con lo que tengo me sobra. Si, mamá estoy feliz, no te preocupes por mí, sé que siempre me cuidas y lo harás mientras viva Lo sé.

No quiero que acabe esta noche, me lo estoy pasando tan bien que no me lo puedo creer. Vamos a poner un poco de música para que bailéis, yo os miro y hago fotos. Esa no es la música que yo quería oír, vosotros tampoco ¿verdad?

-¿Si?, si diga…!ah!, buenos días hija, feliz Navidad, no, no dormía…estaba aquí con…bueno, ya te lo contaré…no, no estoy ocupado. Tú nunca molestas. Vale, nos vemos en Sevilla para comer en casa de tu madre. Si, si, si, ¡que sí, que estoy despierto “joe”!. Te juro que estoy bien. Vale, nos vemos dentro de un rato. Besitos. Yo también te quiero hija. Hasta luego.

No entiendo nada de lo que ha pasado esta noche, sólo bebí una copita de champán, pero ha sido todo tan real…he percibido, las voces, los olores, los sabores, en fin, debo estar volviéndome loco, no hay otra explicación.

¡Que frío hace!, otra vez niebla. Las gatitas duermen acurrucadas una junto a la otra frente a la chimenea apagada, en mi mecedora. Huele a cera de velas y a la colonia que usaba mi madre.

No me lo puedo creer ¡la mesa está puesta para tres!, hay restos de comida en todos los platos y una foto apoyada en la botella de cava sin terminar. La cojo y la miro, se me nublan los ojos y el corazón se me dispara. En este estado no voy a poder conducir, tengo que tranquilizarme, esto no se le puede contar a nadie. Con la foto en el bolsillo de la camisa mi corazón se calma. Me meto en la ducha, el agua caliente abrasa mi piel, ya casi no tiemblo. Al salir el salón comedor sigue igual, en el bolsillo de la camisa la foto muestra tres personas alegres que brindan con champán y miran a la cámara. Ya no tiemblo tanto. Debo llegar a Sevilla antes de las dos, suerte que levanta la niebla… ¡feliz Navidad!

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4 respuestas a Cuento de Navidad. (Amaya Puente de Muñozguren)

  1. Carolina Garcés dijo:

    Melancolía pura. Buen relato.

  2. Leticia dijo:

    Lo primero que he pensado es que iba a ser un texto difícil de leer, porque creo que los párrafos son extensos y las frases demasiado largas. Pero la historia tiene un ritmo bien logrado y eso ha facilitado mucho seguirla. Me ha gustado, se hace amena y es una buena reflexión. Cuidado con alguna tilde suelta y con las repeticiones de palabras en poco espacio.

  3. amaiapdm dijo:

    Leticia, muchas gracias por tus amables palabras que me ayudan a mejorar. Un beso. Amaya

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