Emoticones de carne y hueso. (Mar)

—¡Qué te dejas el móvil, cabecita loca! —gritó Lola a su hija desde el rellano de la escalera.

—¡Uy, gracias mamá, menos mal!

—¡Uy, si hija mía! ¡Hubiese sido el fin del mundo si te lo llegas a dejar!

—No mamá, el fin del mundo no, pero a ver como voy a hablar con mis amigas sino —dice Graciela, volviendo a trotar escalera abajo.

Lola vuelve a entrar en casa y mientras toma el  primer café del día, recuerda a sus amigas. Recuerda su barrio, su pandilla, sus jardines, sus kioscos…, recuerdos que avivan sus anhelos de juventud. Se siente estupenda a los cincuenta y pocos, pero la belleza y frescura de su hija  la pellizcan en  la boca del estómago, o en la del alma, que debe andar a la misma altura. El recuerdo la hace comparar, aunque para ella, las comparaciones son odiosas. Se prepara otra taza de café en la italiana de toda la vida, y eso que la encanta el  anuncio de George Clooney, bueno…, el anuncio no. La nueva cafetera no ha calado en ella por muy bueno que este el café, que para bueno, bueno…George, y el café que ella misma muele en el molinillo de su abuela y prepara en la italiana de su madre.

Volviendo al amor de Graciela por su móvil, a Lola no le queda más remedio que comparar,  y ya sabemos que ella no es dada a comparar, pero recuerda como se comunicaba con sus amigas y amigos en su barrio. Simple, muy simple. Se bajaba a la calle; caminaba hacía el callejón de los jardines; y allí, siempre había alguien que levantaba ¡no el dedo! sino la mano, acompañado de un fuerte silbido, que indicaba el jardín o el murete que ocupaban esa tarde los amigos de la pandilla. Todos charlando y bebiendo de la fuente de la juventud.

Los “sms” eran extensos, con todas sus vocales y consonantes, y se enviaban cara a cara. Las fotos de las vacaciones se manoseaban e intercambiaban “entre otras cosas”, mano a mano. Tus gustos y disgustos los conocían tus amigos, pero no los amigos de tus amigos, que no eran tus  amigos.  Por tanto, nadie, excepto tu puñado de amigas y amigos que se contaban con los dedos, unas veces de una mano y otras veces de las dos, te conocían mejor que tu propia madre.

Nada comparable a la “guasa” del “washap”, o a la frescura del “twitt”, que logra el protagonismo en reuniones no virtuales, dando el poder de la ubicuidad a sus interlocutores. Nada es comparable, —dice Lola, pero…, siempre hay un pero, si le dan elegir, se queda con los emoticones de carne y hueso de su pandilla, que entre besos, guiños y abrazos se decían, cara a cara, ¡hasta mañana!

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2 respuestas a Emoticones de carne y hueso. (Mar)

  1. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir, esa reflesión nos la hacemos amenudo muchas personas. Unsaludo. Amaya

  2. Mar dijo:

    Gracias Amaya. Saludos

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