Vivir al filo. (Arturo Daussá Lapuerta)

   Henri vestía un esmoquin de corte perfecto y estilo inconfundible que solamente una sastrería como Poole and Cole en Savile Row de Londres era capaz de conseguir,  llevaba la raya del pantalón perfectamente planchada y en el bolsillo superior  asomaba la gruesa línea blanca de un pañuelo de seda. Por la mangas asomaban los puños almidonados de la camisa abotonados por unos dorados gemelos de nácar con un filo dorado Sus zapatos de Ferragamo, de negro brillante, sin duda comprados en Milán.

   Alto, delgado con la cara fina, altiva y nariz aguileña, ojos de un verde transparente, con una buena mata de pelo plateado, bien podía pasar por un agente secreto del servicio secreto de Inteligencia Británico del MI6.

   Era un hombre adorable de conversación agradable y permanente sonrisa conservando aquel punto de picardía canalla de un eterno soltero, que le hacía desdibujar su edad ya madura. Cuando hablaba de vez en cuando intercalaba alguna expresión porteña que lejos de desagradar le confería un aura misteriosa que encandilaba a las mujeres, era imposible enfadarse con él.

   Sus hermanas estaban enamoradas y le conferían adoración, en especial Florence que le permitía cualquier cosa que ante los demás nunca lo hubiera reconocido; sin duda era su preferido.

   Henri preparó la velada con mucho detalle, encargó el salón Recepcion Style  del hotel Intercontinental  de la calle Tulpplein, claro que por él hubiera preferido un sitio más informal y no tan tradicional y lujoso, pero lo hizo por dar gusto a Florence, a ella le gustaba todo ese boato. Sin embargo se reservó una sorpresa, aparte de la orquestina que amenizaría la velada vendría un grupo del salón de baile Dependans de Laiden especializados en tangos, eso daría un toque rompedor de tanta formalidad y más al ser una sorpresa para todos.

   Desestimó la colocación de una gran mesa en forma de “U” en el centro a pesar de que el salón de 18×10 metros lo permitía, prefirió mesas redondas de medio tamaño, de este modo repartía los invitados por similares ideas y edad evitando así  que aquello fuera un tostón de conversación, al mismo tiempo que zanjaba cualquier posibilidad que acabara en discusión como solía suceder.

   Destacaban los grandes ventanales que daban al canal Amstel, ornados con unos grandes cortinajes de raso color dorado con greca y cenefa que parecían telones de teatro, las paredes tapizadas en terciopelo del mismo color de las cortinas pero en un tono más suave. En la pared opuesta un cuadro enorme con una magnífica reproducción de la pintura Las Lanzas de Velázquez. En el techo lámparas clásicas con brazos sujetando velas con bombillas en forma de lágrima y todo ello soportado en una estructura que recordaba las patas de una araña con un baño de oro.

   Las mesas redondas cubiertas con manteles de lino con encajes y bordados con el logo del hotel, cristalería de bohemia y loza típica de Delft, la cubertería de una inmejorable imitación a plata.

   Una treintena de comensales entre invitados y familia, repartidos entre las mesas, el banquete pasó un aprobado gracias a los excelentes vinos ya que en el aspecto culinario no fue gran cosa al empecinarse en ofrecer platos típicos holandeses, y esa cocina no es la excelencia mundial. La música de la pequeña orquesta amenizó suavemente la velada.

   Alfredo no es que se sintiera desplazado en aquel ambiente, pero su mente estaba en otro lugar como ausente; al día siguiente tenía anunciada una entrevista con Pierre su futuro suegro, por otro lado notaba que la madre de Chantal no acababa de entrarle bien, tampoco se le iba de la cabeza la misteriosa cita del tal Kristoff en su despacho, también le preocupaba Amador que no adivinaba por dónde le podía salir, y para colmo veía que Chantal estaba un tanto diferente, radiaba felicidad eso no se podía negar. Se notaba que estaba en su ambiente y quizás él le podría dar bienestar económico sin duda, pero el glamur o la tontería según se mire de estos días,  eso ya no era  tan seguro. Por otro lado ese dandi de Henri no había parado de flirtear con su sobrina, si no fueran familia bien le iba a decir cuatro cosas al viejales ese, por primera vez en su vida sintió lo que es tener celos, absurdos es verdad, porque aparte de ser sobrina y tío se llevaban demasiados años de diferencia, pero es que los celos suelen ser ciegos e irracionales, o ¿quizás solo fuera envidia?

   Chantal para la cena se vistió extremadamente atractiva; llevaba un vestido de satén negro  hasta media pierna con una abertura lateral  de aquellas de me cierro y me abro desde medio muslo. Por la parte superior acababa en un escote de pico sujeto por dos tiras dejando al descubierto sus hombros de una fina estructura que marcaban sus omoplatos. En el cuello un collar de fina pedrería remataba la esbeltez. Era como una diosa egipcia con su cabello recogido en un pequeño moño.

   —¿Qué te pasa Alfredo, estás alelado mirando el cuadro de la pared?

  —Nada Henri, no me pasa nada… bueno tu hermana la mamá de Chantal parece que no le caigo bien y tu cuñado Pierre pues no sé… mañana tenemos que hablar y no se sinceramente…

  Chantal no estaba en ese momento, había salido al baño. Henri al oír a Alfredo se río mientras le decía

   —¿Ah? es eso… vaya no te apures te digo yo que todo va bien y mi sobrina está colada por ti. Te lo dice uno que entiende de mujeres. Además no mirabas el cuadro, pues es la rendición de Breda cuando vosotros los españoles nos derrotasteis, o ¿tú no eres español? Así que tranquilo esa guerra la tienes ganada.

   —Sí pero ha llovido bastante desde 1625, además luego bien que nos ganasteis, y nos tuvimos que ir o sea que el ejemplo no sirve

   —Amigo nada es eterno y si eso nos frena estamos jodidos. Mira yo mismo me mandaron a mis 13 años al quinto pino a Argentina como castigo para un verano, luego llegan los malditos nazis y ya no volví y resulta que soy más argentino que monegasco y holandés y sino ahora verás cuando empiece la sesión de tangos.

   Mientras decía esto presentaban el grupo de tanguistas llegados de Leiden.

   Las parejas abandonaron la pista de baile, la orquestina se agrupó de diferente manera cambiando sus instrumentos por  un dúo de guitarras y bandoneón, también acercaron el piano y el contrabajo. Los comensales giraron sus sillas mirando hacia el improvisado escenario.

   A Florence aquello le parecía un despropósito de gran tamaño, pero al ser idea de Henri solo se limitó a cruzar su mirada con su hermana Martha, la cual se la devolvió con una gran sonrisa de complacencia por aquella sorpresa de su hermano pequeño.

   —Tío Henri —preguntó Chantal que  había acomodado  su silla— ¿de verdad van a bailar tangos?, explícame un poco de qué va esto ¡menuda sorpresa!

   —Verás querida el tango no se puede explicar o por lo menos es muy difícil hacerlo, si te digo que es un compás de dos por cuatro aunque en realidad es de cuatro por cuatro, es no decirte nada aunque ya sé que por tu formación de bailarina lo puedes medio entender. Pero repito eso en no decirte nada del tango, ya que ¿Cómo explicas un sentimiento? ¿De qué manera decirte cómo se ama o se odia? Solo se puede saber que es un tango sintiendo sus notas y dejando que sus letras te entren sin ningún pudor en tu alma.

   Chantal se había quedado perpleja oyendo a su tío; Alfredo se llenaba de envidia al ver como se expresaba y pensaba que él algún día tenía que llegar a hablar de igual manera.

   Mientras en la pista tocaban una tras otra, Cambalache, A media luz, Caminito, Garufa y tangos por el estilo, las parejas se alternaban como si de una competición se tratara, la sala estaba sumida en una acogedora luz tenue y la gente cuando hablaba lo hacía inclinándose hacia el otro  y en un tono muy bajo como en un confesionario.

   —Oye —preguntó Chantal— las letras de esas melodías ¿de qué tratan?

   —Mira las letras que en el argot se dice el Lunfardo, versan sobre cosas del amor —le respondió Henri sin dejar de mirar el escenario

   —¿Del amor?, qué interesante, y la mujer ¿qué papel juega?

   —Mira el tango es el hombre quien lo crea y dirige el baile

   —Un poco machista no crees —Dijo Alfredo que vio en esa explicación una puerta por donde entrar en la conversación y hacer tambalear el liderazgo de Henri que tanto le estaba molestando.

   Henri entendió enseguida la indirecta, tardó unos segundos en contestar y cuando  estuvo seguro que ambos le prestaban toda su atención se limitó a decir:

   —Sin la mujer el tango es imposible, ella sigue al hombre y le ofrece belleza y sensualidad, aunque en realidad según Borges inicialmente se bailaba entre hombres —esto último lo dijo porque era verdad, pero más que nada para suavizar la metedura de pata de Alfredo.

   Se hizo un silencio, Alfredo después de esa contundencia optó por quedarse callado, no es que le hubieran ganado solo que le estaba bien la lección por meterse en un terreno que no entendía.

   Chantal se dio cuenta de la actitud de Alfredo y agradeció que no llevara más lejos esa discusión, seguro que como abogado encontraría argumentos para alargar la cuestión, entonces preguntó:

   —Dime tío, ¿qué tango es tu preferido?

   —Bueno no sé… cada uno tiene su momento pero quizás La Cumparsita sea mi preferido. Habla sobre un amor que te ha dejado —en ese momento sus ojos se humedecieron  de manera que la poca luz se reflejó sobre su iris destellando un brillo especial— ¿Quieres que te diga un poco de que va la letra?

   Chantal al verlo así entendió en el acto que hablaba de alguna mujer de su vida, quiso preguntar pero no se atrevió y susurró:

   —Bueno si tú quieres…

   Henri empezó a hablar, lo hacía despacio remarcando las palabras como si fueran puñales que se le clavaban, sus labios dibujando una sonrisa como desando que aquello no hubiera pasado:

   —“Si supieras que aún dentro de mi alma

         conservo aquel cariño que tuve para ti…

          Quién sabe si supieras

          que nunca te he olvidado

           volviendo a tu pasado

           te acordarás de mi…”

   A Chantal se le puso la carne de gallina y notando un pequeño escalofrío en sus brazos se los recogió formando un gran abrazo.

   Henri al verla así, se arrepintió y pensando que había ido demasiado lejos cambió de tema y le dijo:

   —¿Bailás? —hizo este registro argentino mientras indicaba a la orquesta que iniciara un nuevo tango, que justo en ese momento estaba en un descanso y la pista vacía.

   —¡Claro! —le contestó Chantal mientras miraba a Alfredo que le devolvía la mirada con una sonrisa de satisfacción.

   La orquesta empezó a tocar,  él la tomó de la cintura, Chantal se dejó llevar como marcaba la ceremonia del baile, tal como era y sería el tango

  Chantal pensó en la letra, y por un momento deseo ser la mujer que quizás abandono a su tío, para decirle que no todo estaba perdido que quizás algún día volviera a ser como antes, entonces sintió como la música y el baile le entraba en su alma y comprendió lo que era el tango que ya para siempre le quedaría grabado.

  Henri bailaba dominando, mientras ella como agradeciendo el suave llevar en la cadencia de sus compases. Henri se concentraba en sus figuras mientras ella sentía el pulso firme en su cuerpo, aceptando una tras otra las figuras que él le proponía. Con elegancia casi con sumisión.

  Alfredo los miraba, en los pasos cortos el vestido de Chantal se le abría mostrando su muslo en todo su esplendor, viendo los arabescos que la pareja dibujada insinuando sin disimulo una sexualidad potente y desgarradora, le habría gustado llevársela a la cama en aquel mismo instante pero eso no podía hacerlo desde luego.

  Al acabar todos aplaudieron y volvió la normalidad.

   —¿Crees que la vida es como el tango? —preguntó Henri súbitamente, una vez terminado los compases de la Cumparsita, mientras volvían a la mesa.

   Chantal le miró a los ojos, aquellos de color verde transparente que brillaban reflejando su humedad con ese tono donde cabía cualquier cosa. Aquella era una pregunta muy directa y no podía dar una repuesta así que le dijo:

   —No lo sé, me deje llevar…  tal vez fuera la milonga como decís vosotros o tal vez fuera otra cosa pero me transporté a otra dimensión mientras estaba entre tus brazos. —Acabó la frase dejando flotar las palabras en un enorme interrogante.

   Henri supo entonces que a su sobrina todo le iría bien, nunca tendría una cumparsita en su vida.

   Alfredo la miraba notando que aquella sería una especial noche de amor, sin saber que nada es lo que se piensa.

                                                 

                                                 II

    Mientras subían en el ascensor, estaban solos, Alfredo abrazó a Chantal y la besó, ella dejó que lo hiciera pero no puso de su parte, como ausente. Él noto que algo raro pasaba pero pensó que era tarde y estaría cansada. Era la primera vez que sentía no ser correspondido a sus manifestaciones amorosas, desde que la vio bailar aquel tango el tiempo hasta llegar a la cama se le hizo eterno, tenía unos deseos irrefrenables de hacer el amor.

   Esa noche no volverían a Leiden, Florence les había reservado dos habitaciones una para cada uno en el mismo hotel de la cena, así se quedaban en Amsterdam y sería más cómodo para la visita al despacho de Pierre por la tarde. Lo de las dos habitaciones era más por formalidad que otra cosa, ella ya vio en el apartamento de su hija de que iba aquello con el abogado.

   —Mamá cómo es, ¡mira que dos habitaciones!… bueno tendré que deshacer la cama al menos y decir que me pasen las llamadas a tu habitación no sea que le dé por llamar y arme una buena… —dijo Chantal en la puerta de la habitación de Alfredo que estaba contigua a la suya.

   —Vale amor, no tardes

   Alfredo se sacó la americana y mientras se servía un brandy entró Chantal, el al verla se dirigió hacia ella y la volvió a abrazar, esta vez con más pasión

   —Mi amor espera… espera que arregle todo  —dijo esto deshaciendo el abrazo con suavidad. La realidad es que se notaba rara, quizás fuera el cansancio o el episodio del tango pero no tenía el mismo ardiente deseo de siempre.

   —Chantal, ¿Te pasa algo?

   —No sólo que mientras subíamos en el ascensor pensaba un poco en nuestro futuro, y se me ocurría pensar que si me saliese una oportunidad muy buena para mí en Mónaco o en otro lugar… ¿Qué dirías tú?

   —Bueno pues que no pasa nada, seguro que encontrabas algo mejor en Barcelona

   A Chantal no se le alteró el semblante solo que las aletas de la nariz se le levantaron, no se esperaba esa contestación de él, se estaba enfadando y él lo notaba.

   Alfredo no entendía a qué venía esa pregunta fuera de lugar, ahora allí un poco chisposos por las copas de la cena, y tan de madrugada si él estaba totalmente encendido ¿cómo es que a ella no le sucedía lo mismo?, ese muslo a través de la pierna, ese escote, su cuello, podía calentar hasta una nevera en aquel momento; no entendía nada, había contestado de trámite para zanjar esa cuestión y era evidente que la había hecho enfurecer.

   —Eso es lo que piensas, ¿que abandone todo y corriendo me vaya contigo a Barcelona?

  A Alfredo aquello se le desbordaba, era la primera vez que la veía así, no sabía que le había dicho el tal Henri mientras bailaban el tango, algo tendría que ver con esa actitud; estaba poseído por un ataque de celos.

   —Pues sí, para eso nos casamos para estar juntos. Que deseas, ¿Que me traslade a Mónaco o donde sea y deje mi despacho, mis obligaciones? Eso esperabas que te dijera.

   —Solo esperaba que me dijeras algo como que te alegrabas de que tuviera una oportunidad y que me ayudarías. Si fuera al revés… papá nos dejaba solas a mamá y a mí durante muchos meses porque se trasladaba a otro país por su trabajo, ¿tú harás lo mismo?

   Alfredo lejos de entender que tenía que razonar una respuesta notó un cierto placer en poder devolver de algún modo aquellos celos que le habían atormentado con su actitud en la velada.

  —No exactamente así, pero si el trabajo me necesitar en otro lugar tendría que cumplir con mis obligaciones, si fuera del todo obligado sí.

   —Naturalmente —contestó Chantal visiblemente enfadada— claro tú deber si lo tendrías que atender, pero el mío no importa ¿Verdad?

   —No te alteres, pero no es lo mismo

   —¡Ah! pues a mi si me parece que es lo mismo, y ahora dudo que futuro podemos tener casados  —diciendo esto se dirigió hacia la puerta en actitud clara de salir hacia su habitación.

   Alfredo suavemente le tomó una mano frenando su paso y diciendo:

   —No seas cruel, no hay para tanto…

  Chantal giró su cabeza y le miró a los ojos, le resbalaban por sus mejillas dos lágrimas que competían en una carrera hacia su barbilla. Con voz suave y lenta mirando al suelo le dijo:

   —Lamento que pienses así, hablaba totalmente en serio

   A Alfredo se le humedecieron los ojos, de golpe se dio cuenta de la barbaridad que había cometido, se dejó llevar por los celos, su corazón se le descuajaba a tiras y empezó a notar un dolor en el pecho, no le salían las palabras, le levantó  la barbilla y puso su índice sobre su cara parando el recorrido de la lágrima. Aquel cruce de miradas fue suficientemente entendedor para que ambos notaran su amor. A Chantal toda su anterior resistencia se transformó en una irresistible ganas de besarlo.

   —Amor… mi amor perdona, siempre lo hablaremos para buscar soluciones, no llores mi vida, que tonto he sido, perdona —Sus celos inconcretos se desleían en una inmensa pena mientras sus ojos se cerraban.

   —Sí —dijo Chantal acercando sus labios a los de él

  Alfredo la abrazó, mientras con su lengua buscaba la de ella, con su mano le soltó los tirantes del vestido que cayó a los pies de ella, entonces su mano acarició su espalda desabrochándole el sujetador que siguió el camino del vestido, sus dedos formaban pequeñas caricias circulares sobre su pezón tenso como un lápiz, Chantal lo agradecía con pequeños gemidos de placer, y ayudándole a desabrocharle su camisa,  la levantó contra la pared mientras le arrancaba de un tirón sus braguitas, entonces la penetró, la discusión quedó diluida entre los jadeos de placer de ella, pero la realidad es que ninguna conclusión quedó cerrada definitivamente. 

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3 respuestas a Vivir al filo. (Arturo Daussá Lapuerta)

  1. MªAngeles Millan Perez dijo:

    Me ha encantado!!!!!

  2. Carolina Garcés dijo:

    Cuidado con las comas y las tildes, la ausencia de éstas hace que se pierda la intención del relato y desvía la atención del lector.

  3. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir, me ha gustado tu relato aunque mejoraría si lo repasaras un poco. Un saludo. Amaya

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