Los giros del destino. (María Ángeles Millán Pérez)

Adeline se sentía triste, abatida y tremendamente sola. Una soledad amarga y pesada, tanto como aquel día de trabajo, el cual por fin había terminado.

Era un día gris. El aire era frío, veloz y rugía como un dragón, haciendo que las copas de los árboles arañaran los tejados.

Adeline caminaba hacia casa por la Alameda. A ambos lados, los árboles se agitaban movidos por el viento y salpicaban su cara las débiles gotas de lluvia que caían de las hojas.

Adeline llevaba un enorme impermeable para resguardarse de la lluvia y de aquel horrible frío. Tapada con la capucha, la cual sólo dejaba ver algún rizo de su pelo escapándose por el borde. Caminaba con las manos en los bolsillos y dando puntapiés a las piedras que encontraba a su paso, absorta en sus pensamientos, lo cual hacía fácil meter de vez en cuando el pie en algún charco.

El aire frío hacía brotar de sus ojos unas lágrimas, las cuales rodaban cara abajo calentando las mejillas a su paso, que junto con esa agüilla que caía de su nariz, hacían sacar su pañuelo del bolsillo una y otra vez, tarea bastante complicada con esos guantes de lana.

Al llegar a la avenida, ya se podía oír el ruido de los coches, los cuales, no con mucho cuidado, pasaban veloces por los charcos, transformándolos en pequeñas olas que mojaban a todo transeúnte, lo que motivó que Adeline saliera de sus pensamientos y caminara un poco más atenta.

Volvió a meter la mano en el bolsillo para sacar su pañuelo. Al sacar la mano, algo cayó al suelo. Al principio no se dio cuenta de lo que había caído. La capucha tapaba casi toda su cara y el frío hacía que ella se la cerrara aún más.

Entonces miró hacia el suelo y vio un trozo de papel medio mojado, que el viento iba cambiando de lugar constantemente. Se agachó para cogerlo y una ráfaga de aire lo alejó de su lado, teniendo que hacer una pequeña carrera hasta alcanzarlo. Era un trozo de papel blanco, doblado varias veces. Lo desplegó como pudo, ya que con aquellos guantes era casi imposible, y leyó en un susurro lo que ponía.”mañana…”Sólo se podía leer esta palabra. El resto del texto estaba borrado por el agua y sólo se apreciaba un borrón de tinta azul.

-¿Mañana?.No entiendo nada-pensó arqueando  las cejas y , arrugando el papel en su mano, lo metió otra vez en el bolsillo, en un acto casi automático. El cielo amenazaba lluvia, así que aligeró el paso.

El camino a casa no era muy largo, pero lo suficiente para darle algunas vueltas a la cabeza.”¿Cuándo tiempo tengo este impermeable?-pensó haciendo una pequeña mueca.”Tengo que renovar mi vestuario”-Se dijo para sí con una media sonrisa. Recordaba que la última vez que se lo puso hacia ya 2 años y hoy, en un intento desesperado por resguardarse del frío.

-“Por fin en casa-Dijo con voz temblorosa por el frío. Aunque ya no deseaba llegar a casa como antes, cuando recibía cada noche un mensaje de él, que le hacía soñar durante un tiempo. Frotándose las manos, se dirigió al salón dónde tenía la calefacción y la conectó. Cuando su cuerpo empezó a entrar en calor, se quitó el impermeable, los guantes, la bufanda, los dejó sobre el sofá y se encaminó a la cocina a prepararse una taza de café bien caliente.-“?Que será lo de ese papel?-Pensó entornando los ojos..

No dejaba de darle vueltas al café, intentando recordar en que momento había metido aquel papel en su bolsillo-“Tendría que acordarme”-pensó, alzando la vista hacia arriba.

Era ya entrada la noche y Adeline esta cansada. Había sido un día pesado en el trabajo. Se estiró en la silla, bostezó y en decidió darse un baño. Con pasos lentos fue al dormitorio y saco del cajón de la cómoda el mismo pijama de siempre-“Definitivamente tengo que renovar mi vestuario”-Se dijo, cogiendo el pijama con resignación.

Lleno la bañera casi hasta el borde y hecho aquellas sales que tan bien olían .Hacia ya algunos meses que habían dejado de dolerle los recuerdos que le provocaba aquel olor. Se quitó la ropa y se metió en aquel mar relajante, cerrando los ojos y dejando que su cuerpo se mezclase con el agua.

Cuando abrió los ojos había perdido la noción del tiempo, incluso el agua ya no estaba tan caliente, así que salió y se envolvió en aquel albornoz lleno de rasgaduras que dejaba ver la piel de su brazo. Sonrió, haciendo un esfuerzo por acordarse el tiempo que hacía que lo había comprado.

Se puso el pijama y limpió el espejo empañado por el vaho. Se limpió la cara con aquellos productos que había comprado en el Mercadona. Aquellas diminutas patas de gallo que habían aparecido, no mejorarían con aquellas cremas, pensó Adeline-“Bueno, quizá me parezca a mi madre. Tiene 70 años y apenas tiene arrugas”-dijo en un susurro, intentando convencerse a sí misma. Se colocó los calcetines gruesos y las zapatillas. No eran muy bonitas, pero al nos no tenían la suela rota como las que hacía dos días había tirado a la basura.-“Me podía haber preguntado mi madre como me gustaban…”-pensó, mientras las miraba de reojo. Salió del bajo hacia el salón.

Se tumbó en el sofá, se tapó con aquella manta de cuadros marrones y siguió leyendo el libro que había empezado hacía ya dos meses. No es que no le gustara, pero desde luego, no era de sus lecturas favoritas. Se acurrucó y empezó a leer.

No terminaba de concentrarse en la lectura. De vez en cuando paraba y se quedaba con la mirada perdida durante unos segundos .Se levantó del sofá y cogió del bolsillo de su impermeable el trozo de papel. Volvió a recostarse en el sofá y lo desplegó. “Mañana…..”solo esa palabra se veía clara, el resto estaba totalmente borrado a causa del agua.

-¿Qué puede ser lo de éste papel”-se preguntó, apoyando su cabeza en el respaldo del sofá. –“Además esta letra no es mía”. No acertaba a encontrarle explicación a aquello. Intentó recordar las veces que se lo había puesto, dónde había estado, con quien, pero nada le era esclarecedor, aunque en su interior tenia la sensación de que algo se le escapaba. Y dándole vueltas a la cabeza, se quedó dormida.

Al cabo de unas horas de sueño intranquilo y agitado, súbitamente Adeline se incorporó en el sofá. Estaba cubierta de un sudor frío, el corazón le latía como el galope de caballos, temblaba. Sus lágrimas rodaban cara abajo. Con sus manos se tapó la cara y con susurros ahogados repetía una y otra vez.”No puede ser, no puede ser. Dios mío,  quizá…”-se decía con voz apagada y entrecortada por los suspiros.

-Fue hacía dos invierno. Adeline no podía seguir con aquella relación que le estaba matando el alma. El estaba casado. Aquella tarde de invierno Adeline le dijo que no podía seguir con él. Que tenia que elegir entre ella y su mujer. “No puedo seguir así-le había dicho con lágrimas en los ojos-Te quiero demasiado. Piénsatelo y si tienes una respuesta, mañana nos vemos donde siempre”.

Nunca tuvo una respuesta. Eso había pensado Adeline durante dos años. Pero quizá aquel papel tenía la respuesta, quizá él se lo metió en el bolsillo el último día que se vieron.

Aquello ya sería una duda.

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3 respuestas a Los giros del destino. (María Ángeles Millán Pérez)

  1. ana amigo pardo dijo:

    Interesante historia.

  2. amaiapdm dijo:

    Gracias por escribir y por dejarme sumergida en la duda, un saludo. Amaya

  3. Mar dijo:

    Me ha encantado, es precioso, y la historia de Adelina tan real.

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