El desliz. (Mateo Redondo)

Yo creo que no ha sido tan grave.

O tal vez sí.

Ellos no lo sabían… y yo me dejé llevar; tampoco quise cuadrarme en mis treces, al fin y al cabo sólo era una comida de trabajo.

No sé si decírselo a Tony, los dos siempre hemos sido sinceros el uno con el otro, pero ¿cómo se lo explico? Él hubiera actuado de otra manera, tal vez no sea tan diplomático como yo, tal vez sea más directo, más mordiente, se compromete más con sus principios que yo, hasta ahora los dos habíamos estado igual de comprometidos.

Aquel día yo no pude, dejé mis principios a un lado y fui práctica, necesitaba llevar a buen puerto aquel contrato, tenía que fidelizar aquellos clientes. Cuando está en juego lo ‘material’ se tiene que mirar las cosas de forma objetiva.

Me parece que estoy divagando, la verdad es que me siento disgustada conmigo misma, tenía que haber sido más fuerte. No ofrecí resistencia, tan sólo hice como si aquello fuera normal, natural, como si lo hiciera habitualmente… Me siento arrepentida, sucia, he cometido un pecado, he roto el esquema de la filosofía sobre mi vida.

Tengo que decírselo, no puedo callármelo más, tal vez se enfade, tal vez me disculpe, tal vez no lo tenga en cuenta, tal vez…

 La llave no tiene doble vuelta, él está ya en casa, ahora o nunca.

-¡Hola! Ya estoy en casa.

-Estoy en la cocina, voy.

Lleva el delantal puesto, está preparando la cena. Nos hemos dado un beso  como siempre lo hacemos. No aguanto más esta tensión.

-Tengo algo que explicarte, sobre el otro día, el martes, cuando me quedé a comer con unos clientes.

-Me acuerdo, tenías que cerrar un contrato y te invitaron a comer, según me explicaste te quedaste en la misma empresa, donde tienen una cocina para los trabajadores.

-Así es, pero, no te lo he contado todo, hay cierta parte que la he omitido, adrede.

-¡Vaya! Esto se pone intrigante, continúa por favor.

-Comí paella.

-¿Paella? Jajá y por eso estás como si hubieras robado el cepillo de la iglesia.

-Pero es que somos vegetarianos y yo no fui sincera con los clientes, no se lo dije a ellos, comí, me porte como una hipócrita.

-Supongo que hicieron la paella como algo especial, y te vistes atrapada. Por un día no pasa nada, la situación fue comprometida.

-Entonces ¿No estás defraudado?

-No pasa nada, libérate ¿Qué haces?  Pero,…, estás dejando toda tu ropa por el pasillo, tengo la cena a medias.

-Tú mismo, me voy a la ducha…Tú sabrás que es lo que más te importa…Te espero…

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5 respuestas a El desliz. (Mateo Redondo)

  1. Bueno, no era el final que se esperaba… Me ha gustado.

  2. MayteSanSem dijo:

    Está bien pero encuentro el final un poco flojillo.

    Un saludo.

  3. Tritio dijo:

    Puede parecer una nimiedad a quienes no conocen los verdaderos fundamentos morales que hay detrás del veganismo… Me parece un juego curioso eso de mantener la duda de qué ha hecho la pobre, haciendo al lector pensar que se trata de algo de los bajos instintos (o soy yo, que soy muy mal pensado), para cerrar el relato precisamente con eso, como para darle una “pequeña recompensa al lector frustrado” (por así decirlo, a mí no me frustra que haya comido paella ^^).

    Sí es cierto que justo el final… es raro. ¿La chica no está temerosa y arrepentida? Esa reacción inmediatamente después de conocer su indulgencia… no termina de parecerme real, creo que debería ser o menos descarada o menos “despreocupada”

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