El vendaval. (Daropa)

La casa vacía, estaba tan solo iluminada por la tenue luz que entraba por el ventanal que daba a la playa. Un frío residual, viejo, flotaba en el ambiente.  Todo en ella parecía tan ordenado, tan pulcramente colocado, que a Juan le dio la sensación de que los muebles que la habitaban,  acababan de ser estrenados. De que aquel sofá, colocado delante de la chimenea apagada y fría, aún no había sido usado. Que la mesa que presidía el centro del salón, nunca hubiera servido para dividir una discusión, en la sobremesa, delante de una taza de café.  Y lo mismo ocurría con el resto de las habitaciones. De los armarios colgaba siempre la misma ropa, de colores apagados, neutros, sin arrugas de uso, y esa sensación la de los armarios, se hacía mucho más acusada  en el vestidor de María.  Juan al llegar a su casa, siempre tenia el mismo pensamiento, se preguntaba; si en esta casa al lado de la costa, con la que había soñado desde que era niño, había sido cálida alguna vez.  

Juan miró por el ventanal. El cielo era un cúmulo de nubes de un gris amenazante. Un gris que daba color al mar embravecido que se agitaba debajo, y que entre espumarajos de tempestad golpeaba la playa. Allí, azotada por el viento del océano, no le sorprendió ver a María. La observó diminuta entre tanta grandiosidad, abrazándose como para no querer ser arrastrada por la tempestad. El viento que escupía el océano la azotaba el pelo y la blanca camisa, que ondeaba al rítmico compás del furor de la naturaleza.

Juan salió por la puerta trasera de la casa, que daba a un pequeño patio con parterres olvidados  y cuerdas de tender  vacías, que se agitaban como combas mecidas por una mano invisible. Cruzó el patio y se dirigió a la playa. Desde allí María no era visible, la tapaban unas dunas de vegetación salada. Al ascenderlas a Juan le golpeo la misma violencia que agitaba a María, pequeñas partículas de tierra se le clavaron en los ojos, y un olor a salitre le penetró los sentidos.

María había cambiado de postura, ahora en cuclillas, parecía garabatear algo en la arena. A veces  el viento la hacia zozobrar y tenía que apoyar una mano en la playa para no caer.

Cuando Juan estuvo a pocos pasos, ella se incorporó y el pudo distinguir en su mano el trozo de madera que le había servido para trazar signos en el húmedo arenal. Justo al llegar a su altura una ola valiente  se distinguió de las demás y barrió los pies descalzos de María, mojando los mocasines de Juan. “Otra vez llegas demasiado tarde” dijo ella con voz nasal, sin reproche, mientras seguía mirando el océano acerado. Juan quiso contestar, que no podía evitarlo, que por más que quisiera llegar antes siempre llegaba tarde, pero la voz se le ahogó entre lágrimas en la garganta. Ella se volvió y le miró con una mueca de sonrisa, lanzó el palo al suelo y empujada por el viento caminó hacía la casa.

Juan se quedó mirando las cicatrices que sangraban agua hacia el mar, leyó las cinco letras que a duras penas se podían distinguir a la espera de otra envestida que las hicieran desaparecer para siempre. Las leyó;  y se le caló el corazón.

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6 respuestas a El vendaval. (Daropa)

  1. Sonia LLinares dijo:

    Felicidades. Me gusta muchisimo como lo has escrito. tienes magia, para trasladar al lector a la escena. Aprovechalo.
    saludos.

  2. daropa dijo:

    Muchas gracias

  3. Carolina Garcés dijo:

    Juegas bien con las metáforas, eso atrapa. Me gustó mucho el final.

  4. Me ha gustado mucho tu relato, muy fácil de leer y de sentirse transportado al momento y lugar, además te deja con el deseo de querer saber más.

  5. Leticia dijo:

    Lo he leído varias veces por si me había saltado algún lugar donde hablara de esas cinco letras :). Me he imaginado la palabra que pueden formar, pero quien sabe si es la misma que tienes tú en mente… Hay algún signo de puntuación y alguna palabra que se te han escapado, como por ejemplo en la frase: “se preguntaba; si en esta casa al lado de la costa, con la que había soñado desde que era niño, había sido cálida alguna vez.”. Pero, aparte de esto que se arregla fácilmente, coincido en que está escrito con una prosa muy bonita que te transporta al momento y el lugar. Me ha gustado mucho la manera de acabarlo y opino que el título también es muy acertado.

  6. carmen pedrosa dijo:

    delicado y detallista, muy bonito.

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