Palabras de barro. (Arturo Daussá Lapuerta)

                               I

    Rocío sentía un impulso irrefrenable de morder y gritar por el placer que le producía mientras Ladio acariciaba su cuerpo desnudo con la yema de sus dedos, de manera suave como modelando una jícara de cerámica, y al notar sus cálidos labios y su templada lengua como pintaba como un pincel aterciopelado todos los rincones de su cuerpo, se derretía como mantequilla al sol.

   Incansable como un pájaro carpintero de pico blando entrando y saliendo de manera armoniosa taladra el tronco para ir llegando al final, al tiempo que presionaba sobre su vientre y sus pechos de manera que con sus manos abrazaba una espalda templada perlada de gotas sudorosas, que le hacía llegar un orgasmo detrás de otro en una entrega total a aquel baile. Primero suave, lento, parsimonioso, con meticuloso ritmo, que avanzaba tomando velocidad para llegar al torbellino de sensaciones de placer que le hacían medio perder el sentido.

   Luego un amortiguado jadeo que acercaba una profunda calma a la vez que quietud, a su lado él regalaba su hombro con pequeños y suaves besos.

   —¿Me quieres? —preguntó con voz suave a sabor de caramelo de miel.

   A Ladio esa pregunta  y sobre todo la dulzura como fue pronunciada, le provocó un zarandeo interior como si acabara de pasarle por dentro el metro a toda velocidad. Todavía no sabía cómo expresar lo que sentía, todo aquello era nuevo, su relación con las mujeres siempre fue una transacción de poder, él mandaba y ellas obedecían estaban allí para eso; siempre fue así tanto en la tribu familiar en el lejano Pezinok de su infancia, como en sus vivencias posteriores, es lo que siempre había visto y vivido por eso no sabía que responder. Solo estaba seguro que lo que más quería en el mundo, era estar junto a esa mujer que le había abierto la puerta a un mundo diferente, a ese cosmos del cual siempre se sintió ajeno, marginado y jamás pensó que algún día podría pertenecer a él. La miró con toda la ternura de que era capaz y le respondió lo más próximo que podía a la transcendencia de un “te quiero”

   —Claro

   Rocío entendió que aquello era lo más cercano que por ahora podía decir, pero más sincero que los “te quiero” que tantas veces había oído en el pasado, y otras tantas habían sido palabras como barro que se lleva la primera lluvia; ahora era diferente, vio en el reflejo de sus ojos una sonrisa, una luz capaz de iluminar cualquier oscuridad  alejando la vida vacía, helada y sin alma que había llenado de tinieblas su pasado, cuando todos la conocían como la pechugona, y vivía en el mundo del pecado, agradeció esa sinceridad.

   Alzó la vista hacia lo alto de la pared donde estaba el ventanuco que encuadraba un trozo de cielo atravesado por los barrotes de hierro, pero que no impedían dejar pasar un rayo de luz amortiguada, de esas luces cansadas.

   Entonces oyó el zurear de palomas que seguramente estaban en el alféizar, y pensó que teniendo el inmenso cielo como iban a buscar ese sitio tan aciago. Pero a ella siempre le quedaban sus mariposas con las que volar hacia el cielo de su interior.

   —¿Qué piensas tan callada? —le preguntó Ladio

   —No nada pensaba que la memoria de mi pasado todavía convive conmigo.

  —¿Acaso no estás segura a mi lado?

  Rocío no contestó enseguida, miles de cosas podían ir mal siempre había sido así en su vida, templó la voz casi como un murmullo:

   —No mi amor nunca me he sentido más segura en mi vida —entonces hizo un parón cortante, como un precipicio súbito; instintivamente se acarició su vientre, ¿por qué esperar a decírselo?, ahora era un buen momento.

   —¿Te pasa algo?, te noto rara, anímate mujercita de mi vida todo irá bien, pronto la boda aquí mismo y sin darnos cuenta tendré la libertad

   —No si no es eso rey mío es que… bueno no se…

  A Ladio le empezó a entrar un sudor frío, no fuera aquello el principio del fin, en definitiva quién querría como su hombre a un gitano y recluso, aunque no parecía que la historia fuera por ahí… quizás otra cosa pero claro ¿quién conoce a las mujeres?

   —Entonces… ¿qué te pasa?, mi amor por favor no me digas que me dejas, por favor te juro que yo…

   Rocío no le dejó continuar, pidió silencio cruzando sus dedos sobre los labios y  le miró fijamente viendo aquellos mismos ojos que ahora eran el reflejo del desespero de un hombre al que conducen al patíbulo.

   —¡Ay!, cómo sois los hombres, bésame yo jamás te dejaré.

   Entonces sus labios se juntaron, apenas un roce, como si aterrizara sobre ellos una suave pluma, Rocío se separó despacio y dijo:

   —Mi amor vas a ser padre

   Ladio aquello le dejó descolocado, cesante, parado, como ido; se incorporó sentándose en el borde de la cama, sus pies pisaban las sábanas que caían desordenadamente como una alfombra arrugada. A su mente no acudían las palabras pero a sus ojos llegaba una desconocida humedad, había visto llorar a niños y mayores pero para él eran las primeras lágrimas de su vida, llenas de un agua cargada de felicidad. Se levantó rodeó la cama y se abrazó a ella, solo pudo susurrar:

   —Gracias te quiero

   Rocío oyó por primera vez en su vida esas palabras que no eran del barro que la primera lluvia se llevaría.

   Sonaron golpes secos y duros sobre la puerta producidos por la porra del funcionario anunciando que se acababa el tiempo del vis a vis. Aquella furia del varapalo era necesaria para hacer saber a aquel marginado que debía volver a la celda para expiar la penitencia por su pecado.

 

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7 respuestas a Palabras de barro. (Arturo Daussá Lapuerta)

  1. Mar dijo:

    Bueno no, BUENÍSIMO. Me ha gusta mucho.

  2. Sonia LLinares dijo:

    Arturo, muy bueno. no me esperaba para nada el final que le has dado. me he quedado con ganas de leer mas. Felicidades.

  3. Tritio dijo:

    Muy bonito. El tono romántico de la lírica hace que el lector entre muy bien en el tono romántico de la pareja. En muy poco tiempo (o espacio) juegas muy bien con los sentimientos de cada personaje dándoles el aspecto de complejidad que tienen las personas reales, haciendo que no sean nada planos.

    Como pegas: Cuidado con los cómos y las comas. Deberías tildar alguno de los “cómo” y te ha quedado un relato un poco soso en comas: no es lo mismo “No nada pensaba” que “No, nada, pensaba.”

    Y ya más al gusto, redundaría un poco menos en ciertas estructuras, pero eso ya es un tema de velocidad de la narrativa.

    En general me ha gustado mucho ^^

  4. manolivf dijo:

    Un buen relato. Me he perdido un poco en alguna de las frases, porque mezclas un cierto tono poético con un lenguaje más prosaico, pero en general me gusta, sobre todo el final. saludos.

  5. MªAngeles Millan Perez dijo:

    Que bonita historia de amor!!!!!.En el amor no existen barrotes.Precioso.

  6. Carolina Garcés dijo:

    Un buen relato que se puede explotar. El salto que das con los cambios de tono a medida que cuentas la historia es interesante. Me perdí en algunas frases, pero es justo por falta de tildes y comas.

  7. Silencio dijo:

    Me emocionó leerte. Cada una de las partes del texto llega con suma falicidad al lector, y es capaz de sentarlo justo dentro de los protagonistas en cada momento, trasladandolos a sentir lo que aquellos sienten. Una trama bien llevaba a través de muy diferentes sensaciones en un espacio breve, cosa que también me parece de admirar, dejando constancia además de la singularidad de cada personaje. Y por último, ese final, que al menos yo, no esperaba.
    Felicidades por este relato.

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