Sobre Ruedas. (Gaviota)

“ Sí, soy feliz… cuando estoy distraído”

Woody  Allen.-

 

Muchos se reirían de Rafael si él dijera abiertamente cuánto disfruta  el acto simple, diario y hasta rutinario de viajar en autobús.

Muchos se reirían de muchas cosas que íntimamente, adoran hacer pero que no confiesan por temor a que la simpleza de un hecho o de una palabra resulte tan maravillosa que roce los límites de lo ridículo.

Para Rafael en particular, viajar  en autobús tiene un encanto especial. 

Aquellos preciosos minutos, le traen paz; le sientan muy bien. Son como un paseo por su “mundo interior” mientras se adentra en el paisaje de su ciudad; por la curiosidad o por la vida suspendida en los colores del cielo o en las luces nocturnas. Las tragedias diarias, las preocupaciones, la lucha diaria por vivir, se borran temporalmente del mapa.

Tal vez siente un poco de culpa cuando se encuentra con algún conocido en la parada o cuando alguien que conoce, se sube en transcurso del trayecto. Rafael en esos momentos, se repite mentalmente, una y otra vez, frases como estas:

– Que no me vea, que no me vea…-

Y se hace el distraído. O el dormido.

Y no es que sea antipático o poco sociable. Nada de eso. Pedro es una persona muy divertida y agradable. Sencillamente, desearía que nada ni nadie altere  aquel momento tan suyo.

 

Jueves, 6: 40 hs.

Acaba de llegar el autobús y Rafael, escoge un sitio alejado del resto, al lado de una ventanilla. Piensa que tiene suerte. Si no hubiera asiento o si solo quedaran los que no le agradan, se sentiría molesto. Sin embargo, habitualmente en los horarios  de su costumbre, no hay muchos pasajeros.

Se acomoda y siempre, siempre, cualquiera sea la estación del año, abre del todo o al menos un poco la ventanilla. Necesita respirar, respirar profundamente.

Por fin. Rafael se relaja.

A veces, sólo disfruta el aire de la naturaleza urbana. La brisa lo acaricia; le abofetea el rostro si el chofer acelera y él cierra los ojos y pone la mente en blanco.

Otras veces, con los ojos bien abiertos, su mirada se pierde por la puerta de alguna casa ya conocida en su trayecto e imagina una o hasta dos versiones diferentes de la historia de sus habitantes. O se llena los ojos con imágenes de esa ciudad que conoce de memoria pero siempre lo sorprende. Cada uno de sus rincones late, vive, se transforma.

Ayer un terreno vacío que hoy es un centro comercial o un parque; antes un `yuyo y tiempo después, un enorme letrero luminoso; la confitería de aquella esquina… ¡pero si ahora es un almacén de antigüedades.!

La carretera temprano desierta, a estas horas se puebla de puestos ambulantes que murmuran.

 Y allí, en el corazón mismo del autobús ¡ Dios mío! Qué personajes suele encontrar  a sólo unos pocos pasos. Sin necesidad de acudir al teatro (aunque le encantaría si el salario se lo permitiera).

En el primer asiento, detrás del chofer se sienta aquel hombre con gorrita azul y campera de nylon negro. Rafael juraría que es empleado de la empresa recolectora de residuos. Sus pensamientos siempre lo llevan a la misma conclusión:

“- Apostaría a que es un hombre feliz. Quizás no todo le tiempo. Nadie es feliz todo el tiempo.

Pero su semblante risueño, relajado, habla de una persona que vive con optimismo su destino.-“

Unas cuadras más allá se pregunta:  “- ¿qué estará pensando aquel hombre?¿y si le preguntara?-“.

Seguramente lo miraría como si tuviera frente a sí a un marciano. O tal vez lo ignoraría y en la intimidad de su asiento, pues viaja del lado del autobús que sólo  tiene una fila,  se diría:

 – pedazo de loco

 Y está también la  vecina, la que vive en el edificio contiguo. Ella. Una bella mujer. Pero ¡agria como el limón más verde! Parece que decir “Buenos días” fuera un castigo y no simple cortesía.

Al subir  al autobús,  se  sienta siempre en el mismo lugar y  todo el trayecto, su mirada permanece estática en algún punto. Sus ojos miran sin ver; sus pensamientos son simples, cosas de la vida diaria. Rafael podría jurar eso. Y también sabe, aún sin conocerla, que es una mujer  tímida; esa es la raíz de su descortesía.

Y Rafael, mientras viaja, piensa también en su más íntimo y callado dolor; dolor por el recuerdo de quien era todo para él, todo lo que no debió haber sido; lo más puro, el acontecimiento de su vida y sobre el que ha tenido que fingir que no fue, que no existió.

En el autobús, Rafael se re – encuentra, secretamente, con su amor. Disfruta la cita con infinita tristeza y  se envuelve en la nostalgia para proteger su corazón de la ausencia.-

 

Viernes, 6: 30 hs.

– ¿Juan?

– Sí Rafa…

– ¿ Qué dirías si alguien te cuenta que le  place enormemente  viajar en el autobús? – pregunta mientras van bajando las escaleras. A menudo, coinciden durante la mañana al salir; viven en el mismo edificio. Pero su vecino tiene una motocicleta deportiva y sin ella no va a ninguna parte.

– ¡¿Qué?! Bueno, supongo que si, me reiría. Suena algo ridículo. Pero ya sabes, “hay un loco, para cada tema”… o algo así- y luego agrega, reafirmando su duda – ¿A quien se le ocurriría que semejante cosa puede ser divertida o placentera?.

– Cada uno disfruta de las cosas de la vida como quiere; o como puede… – dice Rafael  haciendo un gesto que indica que a él, no le importa lo que piense Juan. Y mira con provocación a su compañero. Y éste le devuelve la mirada, entre extrañado y divertido.

– Jajaja… ay Rafa, no hablarás en serio; ¿es una de tus bromas, ¿verdad?

– No. Hablo muy en serio. Mucho. Es más. A mí en particular, me “fascina” viajar en autobús.-

– ¡Vamos hombre! Pero bueno, a veces pienso que te falta un tornillo. Nos vemos, que tengas un buen día …-.

Y Juan se aleja con su motocicleta, espantando los últimos rastros de silencio del amanecer, mientras piensa con una sonrisa irónica: “este es un loco de atar, ¡mi madre!. Definitivamente sí. Le faltan uno o varios tornillos

 Rafael por su parte,  se dirige a la parada del autobús. Una sonrisa cómplice acompaña sus pensamientos.

 “- Ay Juan, Juan…. Si supieras lo que te pierdes con todos esos tornillos tuyos en su lugar -“

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5 respuestas a Sobre Ruedas. (Gaviota)

  1. ANA AMIGO PARDO dijo:

    Original relato.

  2. Saber valorar los pequeños detalles es un don que no está al alcance de todos. Me gusta la idea. Como sugerencia yo profundizaría más en el mundo interior del personaje, a modo de “viaje personal” a través del paisaje. Saludos.

  3. Me gusto esa forma de reflexionar sobre las pequeñas cosas que tiene la vida ahí, a la mano de todos, pero que solo unos cuantos aprender a ver y disfrutar. Excelente relato para mi gusto.

  4. Leticia dijo:

    A mí no me extraña que al protagonista le guste el viaje en autobús, creo que muchas personas tenemos momentos que son como “nuestros” y pueden ser en cualquier lugar. Me gusta el retrato psicológico que haces de los viajeros y me he quedado con ganas de saber cual es el dolor de Rafael.

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