La costa. (Silverkane)

Hace cinco días que desapareció Marina, mi hermana menor. Estoy francamente deshecho, porque no hay pista alguna de su paradero.

La noticia me la dio mi madre por teléfono. La  pobre vieja está destruida, no es para menos. Su hija de 13 años lleva seis días desaparecida, y nadie sabe nada o no nos quieren decir.

La última vez que la vieron salió un domingo por la tarde, después de almorzar.

Uno de mis hobbies es la investigación y he resuelto varios casos, aunque ninguno como éste, donde se involucra el lado afectivo y personal.

Estoy inmerso en una carrera contra el tiempo, es un cuchillo que se va hundiendo  minuto a minuto en el corazón.

El sólo pensar en su desaparición, me angustia y me hunde en cavilaciones. No puedo más.

Decidí volver a mi pueblo natal donde vive mi familia, que no son más que dos personas: la vieja que cada vez está más cansada. Su rostro ha sido testigo de mil penurias y maltratos, la mayor parte ocasionados por mi padre, el hombre que nunca estuvo.

Marina, mi hermana pequeña es el otro miembro de mi familia. De pequeña fue bastante despierta, siempre con una respuesta acertada (y ácida si era necesaria).

Le enseñé muchas cosas en su niñez, sin embargo, cuando emigré de aquel pueblo costero en busca de nuevas oportunidades, poco a poco, nos fuimos distanciando. Más allá de la distancia geográfica, fue más bien un distanciamiento personal.

Las veces que volvía a visitarlas, notaba un aire de desprecio de parte de Marina, quizás debido a mi cambio de vida: antes vivía repudiando el sistema, ahora era uno más de lo que tanto odiaba.

Marina se encerraba en su habitación y las últimas veces que alojé en casa, prácticamente no intercambiamos más de 10 palabras.

Mi madre decía que Marina estaba rebelde, se vestía de negro, faltaba a clases todas las semanas, o porque se quedaba acostada en su cuarto o porque simplemente se escapaba con alguna compañera o con alguien a vagar por la playa.

Creo que a veces entiendo a Marina, siempre estaba  lidiando con la soledad.  Puede ser que  está enfadada conmigo porque no la llevé cuando me fui y la dejé con mi madre, que no es muy comunicativa.

Como detective, comencé revisando su cuarto: a pesar de su personalidad y arrogancia, siempre mantenía todo en orden, tal cual y como le enseñé cuando era apenas una niña.

Inspeccioné en cada recoveco, entre medio una sensación de ahogo que estalló en llanto me dejó recostado en su cama por algunos minutos.

Marina sin duda estaba creciendo: había  sacado las imágenes religiosas, sus dibujos infantiles y pósters de ídolos adolescentes.

Vuelvo a registrar sus notas, pero no hay nada extraño. Sin embargo, ahora que me fijo, hay un único peluche sobre su cómoda. Es un chivo negro, el color negro –si más no recuerdo- no le gustaba.

  • Pista N°1: el peluche negro tenía una nota escrita que decía con letra caligráfica: “Marina: en premio por tus excelentes calificaciones y buen comportamiento” La nota finalizaba con el nombre de la tienda de bisutería donde fue comprado el peluche.

Me dirigí el centro del pueblo costero, donde alrededor de la plaza se encuentran todos los locales comerciales, siendo éste el eje de la ciudad y el punto de reunión de todos los habitantes en las jornadas nocturnas.

En la tienda de bisutería había un peluche de las mismas características del peluche extraño de Marina, por lo que pregunté si alguien en los últimos días había comprado uno igual al de la vitrina.

  • Pista N°2: efectivamente , hace dos semanas un hombre había comprado un chivo negro. Le pregunté a la vendedora por su aspecto. Me dijo que era un tipo alto de barba, con sombrero.

Cómo ese hombre podía saber las calificaciones de Marina y entregarle un regalo. Simple, por lógica era su profesor o algún docente del colegio. Por lo que visité el establecimiento al día siguiente.

En el pasillo, en medio del alboroto de los infantes, un tipo de barba, flaco y espigado con sombrero pasó a mi lado, mirándome de forma extraña, como perseguido, como asustado.

Le pregunté a un niño que jugaba en el pasillo, y me dijo que era el señor Araneda, profesor jefe del sexto básico, el curso de Marina.

De inmediato lo seguí hasta su oficina. Toqué dos veces la puerta, nadie respondió, sabiendo que Araneda estaba al interior. Comencé a desesperarme, y, de una patada abrí la puerta.

Su oficina estaba pulcramente ordenada, cada carpeta y libro en su estante. Las paredes estaban adornadas por diplomas y certificados de cursos de docencia. Me llamó la atención un pequeño pergamino que tenía un símbolo extrañamente macabro, un chivo negro de ojos profundamente amarillos en posición de meditación.

Araneda estaba sentado de espaldas, mirando por la ventana de su oficina, emanando humo de un puro. Le pregunté por Marina, y me dijo que si no me tranquilizaba, no obtendría información. Me senté.

Me presenté ante el maestro escolar y sus ojos comenzaron a pestañear nerviosamente.

-Sospechoso, me pareció. Este imbécil sabe algo.

“Marina es una chica preciosa a sus 13 años, es bastante despierta y aguda. Yo la quiero ayudar pero no sé si es posible a estas alturas”

Sus palabras me desconcertaron, perdía a paciencia a medida que el docente pronunciaba cada palabra.

“ Lo cierto es que Marina escuchó algo que no debía, y ahora la tienen ellos, los grandes maestros, yo sólo fui el móvil para atraerla, soy  solo una simple marioneta en este juego de locos.”

Sonreía como un desquiciado, en algún momento pensé que sacaría un revolver y se mataría. De pronto, su ánimo cambió y comenzó a llorar e implorar perdón.

“Estoy preso en esta vida, no sabe señor  la angustia que tengo en el alma, sé que por lo que te he dicho, me matarán. Marina me dijo que  usted vendría a salvarla, como un héroe. Yo ya no tengo escapatoria, ellos lo saben. Tome esta tarjeta, en este es el lugar donde podría encontrar más información. Si la rescata, por favor perdóneme”

Cerré la puerta de su oficina extrañado. Cómo un tipo como éste podría oficiar en un salón de clases. Cuando rescate a Marina la cambiaré inmediatamente de colegio.

Segundos  más adelante escuché un disparo que hizo retumbar los vidrios del pasillo de la escuela. Los niños quedaron en silencio. Yo sólo seguí caminando pensando en Marina. Me estaba acercando.

  • Pista N° 3: en la tarjeta que me pasó, aparecía la dirección de un bar.

 “Black sheep Bar, atendido por su propio dueño.”

Oveja negra, tiene relación con la secta de la que me habló el recién fallecido Araneda. Qué esconde el chivo de ojos amarillos. Qué escuchó Marina que la secuestraron de esta forma. Quiénes son esos grandes maestros de los que habló el profesor. Bastantes interrogantes quedan en el camino.

Me bajé del taxi, fuera del bar. Ciertamente el lugar pasaba desapercibido, el letrero era pequeño y sin muchos colores. Algo se esconde tras esta fachada.

Toqué la puerta durante algunos minutos sin obtener respuesta alguna. Como de costumbre, de una patada intenté abrir, sin siquiera moverla. Con mucho esfuerzo, luego de ver tantas películas de detectives, con una tarjeta logré abrir la cerradura.

El bar estaba vacío. Una luz mortecina le daba un aspecto sombrío y húmedo, al límite de lo tenebroso. Un olor a vino rancio bañaba el lugar como un manto permanente. La barra tenía un aspecto sucio, adornada por vasos quebrados en el piso.

En la pared del fondo, estaba el mismo pergamino con el chivo amenazante de ojos amarillos, posiblemente el dueño o dueña debía pertenecer al grupo de los grandes maestros.

Pavor me causó ver una foto de Marina junto a mi en una de las habitaciones abandonadas del ficticio bar. Ya saben que la estoy buscando.

Claramente  este lugar era uno de los centros de reunión de esta especie de secta del chivo de ojos amarillos.

Encontré además, en medio del desorden de una de las habitaciones, un par de aros que le regalé  a Marina para su cumpleaños.

Estoy desesperado, debo encontrarla cuanto antes.

Antes de salir, angustiado  sin saber dónde dirigirme, escuché un sonido familiar. Cuando mis zapatos rozaban el piso, se escuchaba un leve chicharreo de los granos de arena contra la cerámica.

  • Pista N° 4: arena, <Los grandes Maestros >que tienen a Marina se deben encontrar en un lugar cercano a la playa del pueblo.

La noche estaba cayendo en silencio, no puedo permitir que Marina permanezca un día más desaparecida, raptada por esta extraña secta del chivo de ojos amarillos.

La neblina cubría la costa con una densa capa blanquecina, hacía mucho frío, las calles estaban vacías. Me recordó las “Noches Blancas” de Dostoievski, donde el rugir del mar  y los pasos en la acera eran la tónica del momento.

Las casas que bordeaban la costa del pueblo estaban totalmente apagadas, como si por arte de magia todo el mundo hubiese desaparecido. 

Luego de vagar cerca de media hora por las frías arenas de la playa, encontré algo que me dejó horrorizado:

En medio de la playa, había un chivo negro totalmente descuartizado, como si un animal salvaje lo hubiese devorado. Sus tripas y menudencias se encontraban repartidas por las cercanías, y un charco de sangre formaba una especie de barrial junto al cadáver.

Me extrañó que la cabeza del animal no estuviese por ninguna parte.

Me acerqué con un pañuelo en las narices, ya que el olor era sencillamente putrefacto, y vi las marcas en la arena. Habían muchas huellas de personas como que estuviesen sujetando algo o alguien, luego unas huellas del tamaño de un oso o similar, ya que la profundidad de sus huellas en la arena mostraban su peso, y por ende su tamaño.

La separación entre una huella y otra mostraba  la velocidad de la fiera, la que me pareció bastante rápida para su peso. Las huellas finalizaban perdidas en el mar.

Un súbito escalofrío me recorrió  la médula espinal, ya estaba asustado y quizás metiéndome más allá de donde debía, pero ya nada podía detenerme, la vida de Marina estaba en juego y por ella arriesgaría todo.

Me alejé mirando cuidadosamente si habían más testigos de la masacre animal que estaba presenciado. Es sabido que la policía del pueblo no investigaría nada, quizás hasta el mismo cuerpo policial pertenecería al grupo sectario.

Pero qué significa que un ser extraño devore al símbolo de la agrupación y lo destroce en  ante su presencia. Sería parte de un ritual, una invocación satánica en medio de la playa.

Lo peor en este carnaval sangriento es  ¿Qué tiene que ver Marina en todo esto?

Seguí las huellas que estaban cercanas al chivo mutilado, encontré gotas de sangre que me indicaban el camino a seguir.

  • Pista N° 5: La sangre repartida en la arena  (posiblemente es la cabeza del animal que el grupo de dementes se llevó a su cuartel de reunión)  muestra un camino, esta quizás es a  única posibilidad de dar con Marina y con los sectarios.

Las calles estaban silenciosas y vacías, el rastro que seguía de la sangre era macabro, como si esta noche hubiese sido sacada de una película de terror.  El miedo invadía cada una de mis células, sin embargo, algo me impulsaba a seguir hasta el final, ya nada me importaba, ni siquiera si esta noche dejaba de existir.

En el camino encontré varios perros muertos, decapitados al igual que el chivo que estaba en la playa. Miré la fecha de hoy en un calendario de bolsillo.

“ 6 de junio del 2006 me indicaba el calendario”.

06/06/2006 era pasada la medianoche, esta secta se lo tomaba en serio al parecer, ya que la creencia dice que el 6 es el número de la bestia. No creo en estupideces, hay que terminar con todo esto.

Al borde de la península, se veía una luz que iluminaba un sector de la playa, a pesar de la densa niebla. La luz era mortecina y colorada, por lo que llamaba de inmediato la atención.

En el camino me fui preparando mentalmente para lo que quizás me encontraría: lo más probable es que utilizaría la fuerza bruta para arrebatar a Marina de las manos de los Grandes Maestros.-

Soy cinta negra en el arte  marcial del Aikido, por lo que sé defenderme, aunque pocas veces he utilizado el 100% de mi aprendizaje.  Hoy será la prueba clave.

Siendo precavido, es lógico que los miembros de esta secta tienen armas, debo ser cauteloso, de lo contrario me podrían matar rápidamente.

La única forma es entrar sigilosamente, sin que me descubran, analizar los puntos débiles del lugar y aprovechar velozmente la oportunidad.

Me fui por la calle trasera para no advertir mi paradero a algún vigía que puedan tener los chivos de ojos amarillos-.

Lentamente me fui adentrando en un lugar sin límites para lo desconocido, donde todo en demasía me producía asco , pero al mismo tiempo una leve sensación de placer gracias a los niveles de adrenalina que experimentaba en ese momento.

Las luces rojas de la casa se agrandaban a cada paso que me acercaba, generando un ambiente terrorífico y satánico.

Mi cuerpo estaba cada vez más agitado. Algo dentro de mi quería correr hasta ese lugar , perder la cabeza y destrozarlo todo.

Sentía ya una fuerza atroz en las extremidades, un toro que no puede ser dominado por las astas, un nuevo superhombre, ha nacido un nuevo dios.

Entré por la puerta principal, sin remordimiento alguno, los miedos ya no existen.

Una multitud estaba reunida en una especie de altar macabro, adornado con cabezas de chivos que sangraban como velas atiborradas de esperma.

Me sorprendió ver en la multitud a mi madre vestida de una túnica negra y con un maquillaje amarillo en los ojos. Mi hermana se encontraba a su lado con la misma vestimenta. Estaba contenta, casi como en una especie de trance, un baile frenético y desesperado.

“Lo estábamos esperando, Gran Maestro Damián” se escuchó la multitud rezar a coro.

Escuché a Marina gritar, “Damián, bienvenido de regreso al mundo de los mortales, somos tus siervos, tus ovejas negras que como rebaño seguiremos tus órdenes. Hemos estado mucho tiempo descarriados, eres el guía, el salvador, el nuevo anticristo”

Lo último que recuerdo es la playa rojiza, cuerpos desmembrados, túnicas ensangrentadas, un mar espeso y salado.

Desperté en una playa, cercana. Todo alrededor está destruido, las columnas de humo se ven desde aquí.

¿Qué ha pasado?

-Damián, sabía que vendrías. Ahora el mundo es nuestro, como le dijo nuestro padre a mamá.

La abracé y contemplé el infinito que se acercaba a nosotros con pasos agigantados.

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3 respuestas a La costa. (Silverkane)

  1. ANA AMIGO PARDO dijo:

    Me encanta tu historia, el suspense que tiene, la trama, todo, para mí muy buena historia.

  2. MªAngeles Millan Perez dijo:

    Muy bueno!!

  3. Carolina Garcés dijo:

    Aunque es un relato que atrapa y provoca leerlo hasta el final, a veces no le creía al chico. Me sonaba muy ficticio. Me gustó el desenlace, inesperado.

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