La entrevista de trabajo. (Leticia de Juan Palomino)

Por primera vez en la vida, Adela no llevaba consigo un currículum a una entrevista de trabajo. Se había vestido con una falda negra y una camisa blanca y el pelo lo llevaba recogido en una cola de caballo. Provocativa, pero no vulgar. Quien sabe si aquel atuendo era el adecuado o no.

Llegó a la hora exacta, la puntualidad es una virtud que nunca está de más. La casa era un adosado unifamiliar de nueva construcción, con garaje y jardín. El anfitrión abrió la puerta y amablemente le indicó que pasara al salón.

Se sentó en el único sillón uniplaza de la estancia y aceptó tomar un café con leche y dos azucarillos. No sabía si debería de comenzar la conversación y sintió un inmenso alivio cuando aquel hombre  de voz grave, pero cálida, tomó la iniciativa.

– Y bien, Adela ¿no? Mi nombre es Arturo ¿Has trabajado alguna vez en el campo del servicio doméstico?

– Hice de canguro algunas veces cuando iba a la universidad. También estuve limpiando unas oficinas hace un par de años. No parece mucha experiencia, pero puedo llevar una casa sin problemas.

Se mostraba convencida en su discurso. Las tareas domésticas no le daban ningún miedo. Esa parte la tenía controlada.

– No tengo ninguna duda. Y dime ¿dónde vives ahora? La oferta especifica que busco una interna.

– Estoy compartiendo una habitación. He estado trabajando en Francia y regresé hace un par de meses.

– ¿A qué te dedicabas?

– Ejercía de química, la carrera que estudié.

– Eso suena genial ¿Y por qué lo dejaste?

Adela prefería no dar muchos detalles de aquella situación. Se fue huyendo de un hombre, del padre de sus dos hijos. Allí se habían quedado y ella necesitaba dinero para traerlos de vuelta. Siempre el dinero era el problema y la solución de todos los males.

– Vine porque me salió un empleo aquí, pero al final la empresa cerró antes de empezar.

– Ya, el país está fatal. La crisis se esconde en todas partes. He pensado que esta oferta podía ser buena para alguien, aunque no sé si para ti.

Adela tampoco estaba segura de eso. A cada instante dudaba si levantarse y marcharse. La imagen de sus hijos la mantenía aún ahí sentada. Las piernas habían dejado de temblar, pero el corazón le latía a mil por hora. Miraba a aquel individuo de unos cuarenta y tantos años con expectación y curiosidad. Era educado y cordial. Vestía elegante, con un pantalón de loneta gris y una camisa azul. El pelo comenzaba a tornarse de tonos plateados, pero no le hacía mayor, al contrario, resultaba un hombre atractivo.

– ¿Tienes familia?

Era el momento de no decir toda la verdad y contar sólo aquello que no resultara inconveniente.

– Mi madre está enferma, tiene un alzheimer precoz y está ingresada en un centro de Zamora.

– Lo lamento mucho. Yo lo viví con mi padre y tuve que pedir una excedencia para poder cuidarlo. Pero, Zamora está un poco lejos de Madrid ¿no?

– Lo sé. Quizás algún día pueda traerla.

Era sincera. Otro de los objetivos pasaba por tener a su madre cerca. Aparte de sus hijos, no tenía más familia que ella y algunos tíos y primos desperdigados por el mundo, de los que sólo sabía en navidad. Por unos instantes se quedó absorta en estos pensamientos, tiempo suficiente para derramar la taza de café. Sintió un enorme apuro, pero Arturo le indicó con una sonrisa que no pasaba nada. Cogió unas servilletas de papel y recogió el líquido del suelo. Adela no podía más con la presión. Necesitaba abandonar el parloteo y abordar de frente la situación.

– La oferta del periódico hablaba de determinadas condiciones. Aunque esto suene un poco directo, veo preferible olvidar los rodeos y ser claros.

– Me parece correcto. El anuncio pedía una interna para ocuparse de las tareas de la vivienda y de la atención especial del inquilino de la misma. Supongo que comprendes lo que eso significa.

Por supuesto que lo entendía. Era la mejor oferta que había visto desde su vuelta a España. Interna, todos los gastos pagados y un sueldo de ingeniero. Todo eso no podía pasar por tener recogida una casa.

– Sí, sé a lo que he venido.

– ¿Has hecho antes algo parecido?

Pensó en mentir, pero la actitud dubitativa dio al traste con esa opción.

– No, pero alguna vez tiene que ser la primera para todo ¿no?

Ella misma no confiaba mucho en aquellas palabras, pero una voz interior la convencía de necesitar ese empleo. Arturo tomó la palabra, hablando con calma y dulzura.

– Te voy a ser franco. Soy director ejecutivo de una empresa alemana y voy a estar aquí aproximadamente un año. Viajaré bastante y tendré una larga jornada. No tengo tiempo ni ganas para conocer gente. Necesito acompañamiento y también alguien que se encargue de la casa. Por eso me pareció una buena idea unir las dos tareas en una. No soy Richard Gere en Pretty Woman ni nada parecido. Cuando he querido una chica de alterne he visitado un club exclusivo y he pagado el precio. No recojo chicas de la calle, ni tengo ninguna perversión, pero tampoco me arrepiento de mi manera de vivir. No pretendo tener una esclava disponible las veinticuatro horas al día, pero si una buena y completa compañía en general. Por supuesto, habrá un tiempo de prueba para las dos partes. Hay que comprobar si la dinámica funciona. No quiero que nadie se sienta obligado a nada o que alguno de los dos estemos  a disgusto.

Adela escuchaba con atención. Se sentía casi embelesada por aquel sujeto, capaz de exponer una proposición como aquella y que pareciera maravilloso. No entendía cómo alguien así hacía esa propuesta. Ella había imaginado un individuo feo, desaseado o depravado, muy diferente a la persona que tenía delante. Algo la hizo volver a la realidad. Al fin y al cabo, aquel “fantástico” hombre quería una persona a su disposición, sin esfuerzo y sin hacer alardes. No se ocultaba ni se sentía mal por ello. La riqueza y el poder se lo permitían.

– El contrato sería de secretaria de dirección. El de servicio doméstico tiene unas condiciones pésimas.

– ¿Podré poner eso en mi currículo? – Adela se arrepintió al momento del sarcasmo. Sin embargo, Arturo soltó una carcajada.

– Si crees que te beneficiará, por mí no hay ningún problema. Pero sigo dudando que cumplas el perfil de este puesto.

Adela se miró de arriba abajo.

– No, por favor, no me interpretes mal. Me gustas, me resultas atractiva. No es eso. Creo que no es un empleo adecuado para ti.

– Quiero este trabajo.

– No te creo. Lo que sucede es que necesitas este trabajo.

“¿Y no es lo mismo?”, pensó Adela, aunque decidió callarse y no volver a resultar inoportuna.

– Hay mujeres que tienen este tipo de vida y les va relativamente bien. Tú estás aquí cómo algo circunstancial. No me has contado todo y me parece lógico que no expongas tus secretos. Pero, ¿Cuánto aguantarás aquí? Me gustaría contratar a alguien de manera continua.

Adela se paró un instante a pensar ¿Quería aquel trabajo? La respuesta era sencilla: no. Pero sin gastos y con un sueldo tan alto, podría pagar abogados para el litigio por sus hijos, traer a su madre más cerca, aumentar su currículo y encontrar otra cosa más adelante. La búsqueda de empleo duraba ya dos meses y había sido del todo infructuosa. Miró a aquel individuo a los ojos. Tomó aire, se puso de pie y caminó hacia Arturo hasta quedar frente a él en actitud desafiante. Le tomó las manos y las puso sobre sus muslos, haciéndolas subir lentamente hasta posarlas sobre las nalgas. Le besó en la boca, mientras se soltaba el pelo y se desabrochaba la camisa. Acercó los pechos a la cara de aquel hombre que permanecía callado, disfrutando el momento. Y entonces él tomó la iniciativa. Retiró las manos del trasero y tiró de la camisa con fuerza, haciendo saltar los botones, para concentrase en los senos, dando pequeños pellizcos a los pezones. Se levantó, la empujó contra la pared y la puso de espaldas. Acto seguido, le bajó el tanga y la penetró. Suavemente primero, después con fuerza, hasta llegar al clímax. Cuando terminaron, se sentaron de nuevo en el sofá, esta vez en el mismo. La entrevista había concluido, pero aún faltaba firmar el contrato.

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12 respuestas a La entrevista de trabajo. (Leticia de Juan Palomino)

  1. ANA AMIGO PARDO dijo:

    Muy excitante.

  2. Manoli dijo:

    Interesante, sensual y escrito muy bien, con muy buen gusto. Enchorabuena

    • Leticia dijo:

      ¡¡Muchas gracias Manoli!! Cuando tuve la idea me daba un poco de “respeto” desarrollarla, me alegro de que pienses eso 🙂

  3. Manoli dijo:

    No, enchorabuena , no. ENHORABUENA. 😉

  4. Sonia LLinares dijo:

    Leticia felicidades. Me encanta. un saludo.

  5. Carolina Garcés dijo:

    Me pareció estar leyendo un capítulo de Cincuentas Sombras de Grey. Es un relato que capta la atención de principio a fin. Sólo arreglar algunas fallas de ortografía y queda a punto.

    • Leticia dijo:

      Gracias Carolina, no he leído ese libro, aunque me está ya creando curiosidad ¿me lo recomiendas?¿me puedes decir cuáles son las faltas de ortografía?estoy en el móvil y sí he visto un acento que se me ha escapado, pero no veo más.

      • Carolina Garcés dijo:

        Es bueno. No es la gran historia, pero engancha. El tema del sexo siempre despierta revuelo. En cuanto a las faltas, tampoco he notado muchas. Son errores mínimos, pero a los que se les debe prestar atención. Por ejemplo: en una frase donde incluyes una pregunta que genera continuidad va una coma ( y dime, ¿dónde vives ahora?..) o en el cuarto párrafo cuando el chico dice “Mi nombre es Arturo” te faltó un punto seguido. Son cosas que se van mejorando a medida que vas escribiendo. Espero te sirvan. Saludos.

  6. Muy interesante, atrevido en el momento justo, directo.

    • Leticia dijo:

      La verdad es que esperé al final para el toque “atrevido” porque pretendía que la historia no se quedara sólo en eso, sino dotarla también de un fondo. Muchas gracias Agustín por leer y comentar.

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