Un sacrificio traducido en pecado. (Carolina Garcés)

Hola.

-¿Cómo estás?

Bien.

-¿Qué hacías?

Nada.  Viendo la telenovela. Siempre te da por hablar conmigo a esta hora.

-Si te estoy quitando tiempo hablamos más tarde.

Bueno sí me interrumpes, pero dime qué quieres.

-¿Estás enfadada?

No. Simplemente que a ti se te ocurrió irte cuando me estaba muriendo en silencio. Cuando mi alma y mi cuerpo se encontraban en un abismo.

-No entiendo por qué me dices eso.

Calla. No sé cuándo comenzó todo, pero yo ya no era la misma. Mi ánimo comenzó a desfallecer y yo con él. No era capaz de decírtelo a ti, ni a mi padre y muchos menos a mi hermana. No me permito verla sufrir. Ella es lo que más quiero en el mundo. Más que a ti, que lo sepas.

Encerrada en mi habitación lloraba la desdicha de no tenerte y también atenté contra mi vida cuantas veces fue necesario. Tomaba tarros enteros de pastillas; rosé con el filo de varias cuchillas la delgadez de mis venas, de las cuales veía brotar espesas gotas de sangre. Fundía entre la almohada mi rostro para negarme la respiración. Sí, quería morir, pero la vida se empeñaba en aferrarse a mí.

Que me dejes hablar. Nunca aceptas tus errores.

Cómo crees que me sentí aquella Noche Vieja cuando saliste con tus maletas y me dejaste ahí, abandonada.

-Lo hice por el bien de las tres. No iba donde un desconocido, sino al encuentro con tu padre.

Nada justifica tu ausencia y mucho menos cuando yo estaba tan mal.

-Pero no sabía lo que te sucedía.

Acepta que te equivocaste, que gran parte de la culpa de que mi vida sea un desastre es tuya. Ah, ¿y ahora estás llorando?, esa siempre es tu solución.

-Pero…

Pero nada. También en la oscuridad de esas cuatro paredes veía la silueta de espantos. El pánico era mi compañero de insomnio. Mis noches eran un infierno. Mis párpados se oponían a cerrarse para que yo durmiera. Ahí era que aparecían esos fantasmas. El cuarto se cubría con una endurecida niebla y emergían ellos a reírse de mí.  No sabía si me estaba volviendo loca, pero los veía y eso es lo que vale y tú, tú nunca estuviste allí para regalarme sosiego. Me ahogaba en mis propios gritos para no despertar a mi hermana. Con que padeciera yo era suficiente.

Y si esas eran mis noches, ni te cuento de cómo transcurría mi día. Seguía yendo a la universidad con tal de seguir siendo una persona normal. Para qué si en mi mente no se quedaba ni una sola línea de lo que los profesores exponían en las clases. Sentía cómo mis neuronas se iban apagando lentamente. No obstante, continuaba luchando, porque mi anhelo era ser una gran doctora.

Había instantes en que me desesperaba y salía a toda prisa del salón a llorar en los rincones de los pasillos y tú nunca estabas allí. Necesitaba tu hombro como pañuelo y tus brazos como abrigo. Pero jamás logré hallarlos.

-Yo te llamaba y por qué no me decías nada. Siempre intenté estar allí así fuera de corazón. Sabes que te amo.

No quería tu corazón. Lo único que pedía era tu presencia, que me ayudaras a salir de este tormento, que me guiaras. Cuando salía de la ‘uni’, sin darme cuenta, tomaba el autobús equivocado. A mitad de camino me percataba y no me quedaba más remedio que descender del coche a preguntarle a la gente cómo podía llegar a casa.  Mantenía con miedo. Sentía que todos me querían hacer daño. ¿Me estaba desquiciando?, no lo sabía y tú menos. Nunca sabes lo que realmente me sucede.

No alcanzas a sospechar la alegría que sentí esa Navidad en la que te dignaste a visitarme. Por fin te iba a volver a ver. Fue allí cuando decidí contarte lo que me estaba pasando. Quería tu ayuda, pero también un motivo fuerte para que no me dijeras adiós de nuevo. Valla sorpresa la que me llevé.

-¿No te llevé al médico?

Sí y gracias a eso descubrimos que padecía una depresión crónica, la cual me provocaba esas horribles alucinaciones que se habían convertido en mis compañeras de habitación. Empecé terapia con el psiquiatra y tratamiento con esas asquerosas pastillas que me hacían dormir de día y contar ovejas toda la noche. La cura fue poca.

¿Sabes por qué estaba deprimida?, porque no te tenía.

-Todo lo que he hecho es pensando en tu bienestar. Si no me iba con qué te iba a pagar la universidad.

Yo sólo te quería a mi lado. Así fuera sin dinero. Con tu amor estaba completa.

Lo que más me dolió y nunca te perdonaré es que después de que te enteraste de lo mal que estaba te hayas vuelto a ir.

-Hice todo lo que estuvo en mis manos para dejarte curada.

Lo sé, pero no entiendes que lo único que deseaba era tu mano para que me indicaras por dónde caminar. Un beso tuyo en las mañanas, al menos uno.

Si no hubiera sido por mi hermana no sé qué hubiera sido de mí. Ella sí se sacrificó por continuar a mi lado. Siempre tuvo ganas de irse del país a estudiar fuera, pero nunca lo hizo por quedarse cuidándome. Y tú, tú si te fuiste sin importarte que estuviera mal.

-Siempre me estás reprochando cosas. No te abandoné. Tenía que partir para poder pagar tu tratamiento. He sacrificado el estar junto a ti para poder concederte una vida mejor. Pensé que para ti eso valdría la pena. Ya veo que no. Cuando me golpeas con tu mala actitud me partes el alma en dos y no me perdono el haberte dejado. No hay un día en que no llore el no poder darte las buenas noches antes de dormir.

 Tú siempre pensando en el dinero. Tus abrazos sí que hubieran sido mi mayor remedio. Fue muy duro cuando el psiquiatra me dijo que tenía que dejar la universidad, porque el esfuerzo que hacía estudiando podía perjudicar más mi cerebro. Hasta estuvieron a punto de ingresarme en un hospital para locos y tú seguías lejos haciendo ‘fortuna’.

No tiene sentido que te siga recordando el calvario por el que he tenido que pasar. Lo sabes de memoria. Afortunadamente hoy estoy mejor y eso es gracias a las ganas que tengo de salir adelante, y al gran amor que siento por mi hermana. Es lo único que me mantiene viva. Si yo muero ella caería en una inmensa tristeza y JAMÁS la haría sufrir.

Que vienes a visitarme dentro de nueve días, después de cuatro años de no vernos. Pues no me hace ilusión. Sola, poco a poco, he ido retomando mis sueños y ya no te necesito. Cuando grité tu nombre pidiendo auxilio nadie respondió a mi clamor. Así que ahora no eres bienvenida.

-Quiero recuperar tu cariño. Nunca he hecho nada para lastimarte. Quiero rescatar el tiempo perdido y hacerte saber que ahora y siempre he estado allí. Te amo con el alma y tus angustias han sido los mías. Si tú no has dormido yo mucho menos. Paso la noche en vela rezando al cielo por tu tranquilidad y salud.

Reconoce que te has equivocado. Eso es lo que más me molesta, que quieras hacerte la víctima y que no seas capaz de decir: “sí,  he fallado”. Eres mi madre y debería quererte, pero no. Mi corazón no late por ti. Ahora te dejo, porque va a empezar la telenovela.

Tuc, tuc, tuc, tuc…

-¿Has colgado? Hija por ti vivo y por ti respiro. Tal vez pequé pensando que al partir podría  darte lo que yo nunca tuve. Sacrifiqué el no verte crecer para que no te faltara nada. Sin embargo, careciste de lo más importe: mi apoyo. Perdóname.

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8 respuestas a Un sacrificio traducido en pecado. (Carolina Garcés)

  1. andrealeto dijo:

    Terrible, como emociona estos sentimientos cruzados.
    Te felicito

  2. ANA AMIGO PARDO dijo:

    MUY BUEN RELATO.

  3. Yo lo noto un tanto confuso, hay veces que no se sabe quien habla, quizá es porque le faltán signos de puntuación. ¿Y por qué delante de algunas frases hay guión y de otras no? Pregunto…. El primer reproche que le hace, así nada mas empezar una conversación telefónica, parece un poco fuera de lugar, tal vez dicho de otra forma… En cualquier caso es una buena historia.
    Saludos:)

    • Carolina Garcés dijo:

      Hola Alicia. Dime dónde encuentras en falta los signos de puntuación y así aclaro tus dudas. Puse el guión delante de las frases de la persona que está siendo ‘atacada’, porque así se suele poner cuando se trata de una conversación y empecé con el reproche, debido a que en eso se traduce la historia. En el rencor de una hija hacia su madre.

      • Alicia Bermejo dijo:

        Hola Carolina. A ver, yo tenía entendido que el guión (o raya, que creo que es lo correcto) se pone al principio de cualquier inicio de diálogo, independientemente del estado del personaje. Lo del reproche, sí, entiendo el sentido, lo que no me suena es “simplemente y muriendo” y además ¿por qué se lo cuenta todo de golpe ese día?, ya habían hablado mas veces, puesto que “siempre la llama a la misma hora”. En cuanto a los signos de puntuación, es en general, a algunas frases les falta énfasis “¡Que me dejes hablar!”. Y todo esto te lo digo como lectora, no como crítica, pues mis conocimientos no dan para eso.
        Un saludo,

  4. Mar dijo:

    Muy bueno, Carolina. Saludos.

  5. Silverkane dijo:

    Bien Carolina, me sorprendió la identidad del interlocutor al final. Saludos.

  6. Carolina Garcés dijo:

    Gracias a todos por sus comentarios. Siempre enriquecen y ayudan a mejorar. Sin embargo, no estoy de acuerdo contigo Alicia con la falta de énfasis en algunas frases. Veo que haces referencia a los signos de admiración. No suelo usarlos mucho, de hecho creo que nunca los utilizo. Pienso que ya son más cuestiones de estilo del escritor. De igual manera tendré en cuenta tus otras recomendaciones para futuros relatos. Saludos.

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