Obsesión dañina. (Ana Amigo)

Esa obsesión le atormentaba ya desde hacía mucho tiempo, era insoportable.

Aquella excesiva preocupación por la limpieza no era normal.

Si tocaba algo extraño, cualquier cosa fuera de su hogar, después a lavarse las manos frotando tan fuerte que incluso a veces sangraba.

Si no fuera porque sería chocante, llevaría guantes a todas partes, pero no quería.

No aguantaba la idea de tener que recurrir a un profesional, al menos por ahora.

Un día que fué a por un par de películas al videoclub al regresar se metió en el baño y se lavó las manos tan fuerte que sangro más que en las otras ocasiones.

Lloró porque se estaba haciendo mucho daño.

Cogió el listín telefónico y marcó el número de la psicóloga Amelia Lis, a lo mejor podía ayudarle.

En efecto, salió de su consulta aquel lunes como otra persona pero aún había mucho que hacer…

Esa noche limpió sus manos con un liquído corrosivo, tuvo que ir a urgencias.

La lucha había hecho nada más que comenzar.

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