Inalcanzable. (Alicia Bermejo)

Se reunieron en la casa de uno de ellos. Fue complicado ponerse todos de acuerdo al ser tantos hermanos, pero el problema requería  un intercambio de opiniones y un posterior consenso de todo el grupo familiar.

Llevó la voz cantante –como casi siempre- la hermana mayor. Recordó a  todos la situación en que se encontraba  el patriarca desde que faltaba la madre. Hacia un tiempo que se le veía obsesionado por su estado físico, como si sospechara tener alguna enfermedad, a pesar de que su aspecto era el de una persona de edad, pero saludable.

Decidieron -con la aprobación de todos-  que el padre ingresara en un Centro Médico donde le realizarían un exhaustivo chequeo, de esta forma  se despejaría cualquier incertidumbre.

En dos semanas ya tenían los resultados, eran  satisfactorios, su padre tenía una salud acorde con sus años, alguna patología sin importancia propia de la edad, pero nada que les pudiera inquietar.

 Volvieron a reunirse los hermanos dos meses más tarde, en vista de que el padre seguía quejándose a unos y otros de que algo no estaba bien. En una cosa sí convinieron todos, al  padre se le notaba cada vez más desazonado.

Esta vez decidieron–con algunos votos en contra- proponer al padre que acudiera a la consulta de un psicólogo con la esperanza de que dicho profesional pudiera desvelar la causa de la inquietud que le agobiaba. Ya únicamente faltaba convencer al presunto enfermo, cosa que tras varios intentos, se consiguió.

-¿Sr. Merino?… Pase por favor…

-Buenas tardes, doctor… Vera, mis hijos que se han empeñado en que venga a hablar con usted…

-Claro…claro, compréndalos, están preocupados por usted, presienten que algo le intranquiliza… y como no saben que es… entonces lo mejor es que me cuente su problema y trataremos de buscar la solución más idónea… dígame… con toda confianza…

-Pero…bueno vera… es que yo no quisiera que mis hijos se enterasen de lo que voy a contarle… porque…pues…

-¡No, no, por Dios! ¡Como puede usted pensar…! Todo lo que se hable en este despacho es secreto profesional. Pierda cuidado…quedará  entre usted y yo, puede estar tranquilo.

-Vale, pues resulta que… se va usted a reír, es que tengo una novia… es mas joven que yo –unos cuantos años- y… no sé como contarle a usted… me da un poco de verguenza…

-No se preocupe, puede referirme todo, imagine que yo fuera su mejor amigo…

-Si, si, de acuerdo. Como le decía, tengo novia y cuando voy a verla… pues, la verdad, el primero ¡muy bien!… el segundo…bien, el tercero…un poco cansado, el cuarto, realmente cansado, el quinto, ¡puafff! el quinto es que algunas veces no llego, y…

-Perdone que le interrumpa, aquí en la ficha se indica que tiene usted setenta y nueve años…

-Si, esa es mi edad…

-Entonces ¡hombre de Dios! ¿Qué más quiere?

-Doctor, ¡Quiero llegar al sexto piso que es donde vive ella!

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