Patricia. (Santo Alcibíades)

Carlos María terminó de secarse y se miró largamente en el espejo de su vestidor celebrando en su interior que a los cuarenta y cinco años tenía intacta su figura estilizada y las arrugas aún era insinuaciones; sonrió y se peinó con parsimonia los cabellos oscuros que contrastaban con sus ojos celestes. Mientras terminaba de vestirse recordó que tenía una llamada de Aldana en el contestador y que seguramente tenía que ver con alguna irreverencia de Julia: es que Aldana no terminaba de aceptar que su hija era irreverente y que él, Carlos María Iribarne, estaba encantado con ello. A los veinticuatro años Julia era independiente y prefería vivir de su profesión de abogada, por supuesto que él había contribuido a esa independencia regalándole un departamento con todos los muebles para habitarlo. Terminó el rebelde nudo de la corbata y decidió que antes de hablar con su ex mujer hablaría con Julia ya que Aldana tendía a hacer una historia casi trágica de alguna pequeña discusión banal.

Carlos salió de su departamento y mientras caminaba hacia la esquina para comprar cigarrillos vio a tres jóvenes sentados en el umbral vecino al kiosco un tanto ocultos en la penumbra, sobre la vereda se veía una botella vacía de cerveza y los jóvenes parcían ensimismados, como ausentes. En seguida notó que eran dos chicas y un chico y parecían tener alrededor de veinte años. Sorpresivamente lo impactó el rostro desdibujado en la semipenumbra de una de las jóvenes: se trataba de un llamativo rostro oval enmarcado por un negro cabello que se deslizaba apretadamente sobre los pómulos un tanto asiáticos y caía lacio y decidido hacia los hombros. La chica lo miraba directamente y el fulgor de unos redondos ojos oscuros penetró súbitamente en su cerebro, entonces reparó que aquel bello y extraño rostro se iluminaba  con una radiante sonrisa y que esa sonrisa era para él. La joven se incorporó ágilmente y era de pronto un cuerpo vibrante y elástico de interminables piernas y sinuosas formas adolescentes que caminaba hacia la luz de la esquina, notó que era muy alta y su piel, sin ser precisamente oscura, brillaba en tonos cobrizos en sus piernas  fuertes y perfectas y en la lisa uniformidad de su rostro levemente exótico; la sonrisa, ahora a su lado, era extremadamente agradable y contagiosa. 

Carlos sonrió y la saludó con un hola expresivo.

-Hola -dijo ella con una voz con un lejano dejo que sonaba un tanto grave- ¿Me das un cigarro?

-¿No querés que te compre un atado? -le dijo sorprendiéndose a sí mismo.

Lo miró como si lo escrutara y le dijo:

-No se… mejor porqué no nos comprás una birra…

Carlos se volvió al kiosquero y le pidió una cerveza, luego le preguntó a la chica

-¿Que cigarrillos querés?

-Sos capo, chabón, un Lucky de diez va a estar bueno.

-¿Que hacen ahí sentados? preguntó Carlos.

-Nada, tomábamos birra y nos quedamos sin moneda, tenemos que esperar que abra el boliche de la otra cuadra, faltan como tres horas. Tengo que ver un pibe ahí.

-¿Y no van a comer?

-Y no, estamos lejos.. y no da para aguantar la flía a esta hora.

-¿Donde vivís?

-En Flores.

-¿Querés venir a comer conmigo? yo justo iba para el restaurant.

La joven lo miraba y su actitud era dubitativa

-¿Acá en Recoleta?

-Sí, claro.

-Pero no estoy vestida, me van a sacar a los patadones.

Carlos miró la chomba colorada y la corta pollerita de jean y notó que eran de buena calidad y estaban pulcras y limpias, lo mismo las extrañas zapatillas amarillas. En realidad la joven estaba impecable salvo el informal look. El pelo lacio y negro brillaba sedoso y perfectamente cortado a la altura de los hombros.

-Estás perfecta -le dijo. 

Le dió la botella y los cigarrillos y ella se los alcanzó a los otros chicos. -El chabón me invitó a comer- oyó que les decía -Después los veo-

Mientras caminaban hacia la cochera Carlos preguntó:

-¿Siempre aceptás invitaciones de tipos grandes?

-No, ni ahí, pero vos me caíste bien. ¿A que estás separado?

-Si.

-No falla.

-¿Que no falla?

-Y… estás fuerte man

-¿Fuerte?

-No te hagas el piola, vos matás a las minitas, tenés filo, sos buen tipo, tu mujer termina sacándote a los patadones…

-¿Que? ¿Te las sabés todas? ¿Y lo que te falta vivir?

-No chabón, yo seré vaga y estoy un poco rayada pero soy inteligente.

-Pero ¿y que sabés de la gente grande?

-Son iguales loco, son lo mismo que nosotros pero mas frustrados. Como seremos nosotros…es decir, si llegamos.

Llegaron al edificio y bajaron a la cochera.

 

                                                                                                                                                II

En el coche Carlos le ofreció un cigarrillo indicándole que se ponga el cinturón de seguridad.

-Yo me llamo Carlos -le dijo.

-Patricia -dijo ella.

Carlos decidió que irían al restó al que era habitué, no tenía nada que ocultar y tenía su conciencia tranquila; sólo la había invitado porque esa noche había sufrido un ramalazo de soledad, algo que no era común en él… por lo menos eso quería pensar…

-Estás pensativa -le dijo.

-No -contestó ella con su extraña voz en la que Carlos encontró matices sensuales- sólo fumo y escucho mi música.

Carlos la miró y sólo vió el perfil sombreado por el contraluz de la calle y el oscuro cabello agitándose levemente con el aire de la ventanilla pero no vio auriculares.

-¿Que música Patricia?

-Ah, es la música, tengo mi cabeza llena de música, a veces me extraña que los demás no puedan escucharla, ¿vos tampoco la oís, Carlos?

-Claro que no Patricia, nuestros cuerpos son independientes.

-Sí. Decime ¿eso es triste?

-No entiendo… ¿que es triste?

-No sé, que seamos tantos, que tengamos que explicarnos todo uno al otro, que debamos creernos o no, no se ¿porque no somos uno? Que no puedas disfrutar de mi música o mis alegrías o sufrir con mis bajones. No somos Dios, sólo somos nosotros y eso es triste…¿lo es?

Carlos no supo que contestarle, no lo recordaba pero con seguridad que eran el tipo de preguntas que se hacían los adolescentes empeñados en descubrir el mundo en que vivían.

-¿Estudiás? -preguntó para cambiar de tema

-Ahora no, empecé la Facu y le di dos años pero me ganó el embole…

-Que carrera elegiste?

-Marcketing, un plomazo.

-¿Porque la elegiste?

-Porque es corta y la imaginé fácil. En realidad yo siempre pensé que estudiaría medicina, como mi papá, pero a los dieciseis años se me fundieron los cables y me metí en la joda. Soy un muciélago, me despierto de noche. ¿Vos sos boga, no?

-Sí, como te diste cuenta?

-El chabón del kiosco te dijo dotor y para médico no das, los juno a dos cuadras…

-¿Dotor? sí, es cierto, amarretea las consonantes el bueno de Miguelito -dijo Carlos riéndose. Estacionó el coche y entraron al Restó.

 

 

                                                                                                                                                  III

Uno de los mozos los saludó y los ubicó en una mesa contra un gran ventanal que daba a un patio muy iluminado y abarrotado de macetones con flores multicolores. Carlos le acomodó la silla, gesto que ella aceptó con sorprendente naturalidad. Les trajeron las cartas pero Patricia se limitó a dejarla a un lado.

-Yo quiero un bife de chorizo, ensalada y vino tinto -dijo Patricia sonriente- ahora disculpame que debo ir al baño, estoy por orinarme encima -agregó en un susurro agachándose sobre él y se alejó rápidamente con su paso elástico y cadencioso-

 Carlos decidió que pediría lo mismo. LLamó al mozo y le agregó unas papas fritas, una botella de cabernet sauvignon y agua sin gas.

Pasó un rato recordando que al otro día iría su hija a comer con él y que le había encargado que le hiciera crêpes de langostinos, luego súbitamente lo invadió una inquietante sensación: extrañaba a Patricia y se encontró deseando que regresara del baño. Esto no debiera ser así, se dijo. Intentó pensar en Micaela pero Micaela se negaba a entrar en su pensamiento, de pronto su novia parecía haberse evaporado del Universo.

¿Se estaría acomodando el maquillaje? y se rió ¿que maquillaje? no tenía ninguno y tampoco lo necesitaba. ¿traía algún bolso? recordó que tenía una pequeña carterita de cuero recostada sobre un lado de la cadera y que se sostenía con unas largas tiritas desde el hombro opuesto. ¿Que se podía traer ahí?

Se abrió la puerta que daba a los baños y apareció Patricia con sus enhiestas y largas piernas, su cadera en perfecta armonía con el resto, su cintura perfecta, sus hombros un tanto varoniles, su largo cuello, su rostro oval, agradable y misterioso. Y luego ese andar particular, llamativo en el que se mezclaba la elasticidad de un gimnasta y la plástica de una bailarina, hacia la mesa, hacia él.. Se levantó y le acomodó la silla nuevamente, ella le sonrió y Carlos sintió la magia: Patricia es una fuente de vida, pensó, o de ilusiones. Y tuvo el primer miedo esa noche.

-Decime  Carlos ¿vos siempre te levantás a las minitas jóvenes?

-No, claro ¿porque me preguntás eso?

-Ah ¿y que te parece? ¿yo no soy joven?

-Bueno sí, pero esto se dio, vos me pediste cigarrillos, luego una cerveza, me dijiste que no ibas a comer…Bueno yo había salido para ir al restaurant, estaba solo, se me ocurrió invitarte y nada mas. Yo tengo a mi hija que es un poco mas grande que vos..

-¿Es linda tu hija?

-Sí, es muy linda.

-¿Es parecida a vos? vos sos fachero, sos un tipo imponente, con esos ojos celestes ¿cuantos años tenés?

-Cuarenta y cinco ¿y vos?

-Yo tengo veintiuno, tenés la misma edad que mi papá pero parecés mas joven que él. Pobre mi papá, trabaja todo el día en el hospital y después tiene el consultorio, no para. Y para colmo me tiene a mí, a mi hermanita y a mi mamá que somos un desastre.

-¿Que edad tiene tu hermana? 

-Tiene quince y se está poniendo imbancable en casa, se lo pasa encerrada en su cuarto, pone la música fuerte, pelea con mi mamá, trata mal a mi papá…

-¿Como se lleva con vos?

-No, conmigo está todo bien pero a mi me duele que sea tan mala, sobre todo con mi mamá, la pobre vive en otro mundo…

-¿Cómo en otro mundo?

-Es que mi mamá no tiene los pies sobre la tierra, vive en un mundo sensible y creo que tiene un espíritu insaciable: lee, escribe poesía, pinta, toca el piano, es capaz de estar horas extasiada frente a un cuadro, llora oyendo a Beethoven, ama desesperadamente a mi papá, sufre por nosotras; a veces me cepilla el cabello y me mira con tal adoración que llega a hacérceme un nudo en la garganta. Es la persona mas buena del mundo y no encuentra la paz porque el mundo, lamentablemente, no es poesía.

El mozo trajo las bebidas y Carlos sirvió.

-Que bueno -dijo Patricia- ¿que es? ah  cabernet sauvignon, si vieras los que tomo a veces…

-¿En caja?

-Sí, son feos, pero son los que te llegan enseguida, yo con una caja ya me doy vuelta… no es que me emborrache pero me pone a volar.

Patricia terminó rápidamente su copa y Carlos, extrañado, le volvió a servir.

-Y que hacés todo el día, Patricia?

-Y… me levanto tarde, hablo con mi mamá, leemos, escuchamos música, la de ella…

-¿Escuchás música clásica?

-Si loco, me encanta, imaginate que desde que nací la escucho, cuando era chica mi mamá siempre me tocaba en el piano las partes que me gustaban, ella hizo que todos en casa amemos a Mozart a Beethoven

a Bach, a Puccini, a Bizet, a Verdi, a todos. Claro y después descubrí el rock, la música pop, pero todo se sumó, la música no se contrapone como no se contrapone un tipo de persona con otra, yo acepto todo, es un poco lo que te decía hoy ¿porque hay tanta gente separada una de otra? ¿porque no somos todos con nuestra propia alma pero en un solo cuerpo? ¿estaré pirada?

-Para nada Patricia, son los naturales interrogantes que nos hacemos en nuestra adolescencia, empezamos a descubrir nuestra propia independencia en un mundo del que al principio no comprendemos nada.

-Ah, pero decime, ¿después todo se aclara no?

Carlos sonrió.

-No Patri, después cada vez entendemos menos y todo se complica mucho mas…

-Sí, hace rato que lo sé, sólo hace falta observarlos a ustedes.

-¿A nosotros? 

-No te zarpes, sabés a que me refiero ¿no te gusta ser un tipo grande? Bueno te informo, por si lo olvidaste, que nosotros los jóvenes nos desvivimos por ser grandes, del mismo modo que ustedes se desviven por ser jóvenes ¿viste que la vida es un bolonqui?

Patricia terminó su copa y con total naturalidad la volvió a llenar

 

                                                                                                                                                    IV

El mozo trajo los bifes y ambos comieron en silencio. Carlos observaba que Patricia se dedicaba mas al vino que a la comida y pronto terminó la botella.

-Pidamos otro vino, tordo.

Carlos llamó al mozo y pidió otra botella.

-¿Tenés un estudio en tu casa, Carlos?

-No, en realidad no ejerzo la profesión actualmente, atiendo el campo y eso se lleva todo mi tiempo.

-Pero vivís acá.

-Sí, al campo voy una vez por semana, a veces menos, de cualquier modo el trabajo lo tengo acá.

-Sí, no tenés el tipo del boga, parecés un tipo fuerte ¿hacés deportes?

-Ahora juego golf, antes me dedicaba full al polo, no profesional pero… era bastante bueno

-¿Y tu abuelita que decía?

Carlos se rió

-Y bueno… tengo cierto orgullo con el polo, pero también se reconocer los fracasos

-¿Como tu matrimonio?

-Bueno… se dio, sí.

-Yo no voy a fracasar eso es seguro.

-¿Y como sabés? El futuro nunca o casi nunca es lo que esperamos, todo está siempre cambiando

-Es que no me pienso casar, así de cortito y sencillo.

-Sigue la pregunta ?¿como sabés que no te vas a casar?

-Es que no voy a vivir tanto, chabón, no hay necesidad de pasar de la época de las preguntas. ¿Para que estar en la época de las respuestas se no las habrá? El mundo sin  preguntas y sin respuestas está vacío, yo consumo mi tiempo antes.

-¿Y como lo consumís? Carlos hizo la pregunta y tuvo el segundo miedo esa noche.

Patricia lo miró un rato con sus grandes ojos negros.

-Juego todos los juegos, los permitidos y los que no y todos los juego hasta al agotamiento.

-¿Tomás mucho?

-Já, me tomo todo.

-¿Drogas?

Patricia volvió a clavarle sus ojos y su expresión era vibrante… lo miró largo rato y después le dijo sonriente:

-¿Que? ¿sos de la gorra vos?

-Bueno ¿esa es tu vida?

-Sí

-¿Y te parece que es una vida?

-Es la que tengo. ¿Donde se consigue otra? ¿En el consultorio del sicoanalista?, ya fui. No tenía nada para ofrecerme.

-Pero ¿si a pesar de todo seguís viviendo? y eso es mas probable de lo que creés.

-Bueno, te pusiste denso, está bueno que hablemos un poco de mí pero ya nos vamos derecho al embole.

-Está bien, pero resultás bastante sorprendente. Y eso lo sabés. Tengo que señalarte que tu forma de ser, incluso tu look, no coincide para nada con tu capacidad intelectual. Nunca hubiese esperado que te guste Mozart o que hayas leído buena literatura, que se yo, dejame manejar mis sorpresas, por lo menos vale la invitación a comer. Sabés que no podemos ir a un boliche, no me dejarían entrar… y tendrían razón.

-No, ni ahí ¿que haría con vos en un boliche? el sonido te mataría en un minuto, ja ja ja

Habían terminado de comer y también la segunda botella

-¿Pedimos otro vino? dijo Carlos

Ella lo miró con una sonrisa y le guiño un ojo en una expresión que resultaba mas de complicidad que de picardía.

-Ah, vino no. Mejor me tomaría una vodka con naranja, sería el toque justo para nuestra agradable comida. Estoy disfrutándote, boga y cuando disfruto me gusta hacerlo a mi manera… ja ja ¿te gusta Sinatra, boga?

-ja ja ja ¿a quien no le gusta? ¿Y que disfrutás de mí?

-Esos si que no lo se. Estoy feliz aquí, ahora, con vos. ¿vos no?

Carlos recordó su propio pensamiento: Patricia es una fuente de vida… ¿o de ilusiones?. Tuvo su tercer miedo y no entendía la procedencia…

-Por supuesto, Patricia. Sos muy agradable para conversar, hasta lográs que uno se olvide que sos tan joven, mejor dicho que soy tan viejo.

-Ja ja  vos no sos viejo, sos un tipo grande y muy fachero y muy simpático, no es lo mismo. Y tenés filo.

-¿Y eso que tiene que ver?

-Ahí volvés a ponerte en piola, vos sabés que la plata es poder y a las mujeres el poder nos derrite.

-¿Entonces, digamos, te derretí?

– ja ja ja. Ni ahí, yo ya estoy derretida, soy líquida… ja ja ja.

Ella le había tomado la mano y la sopesaba con sus dedos largos y delicados

-Tenés las manos fuertes, chabón. A pesar que aparentás mucha ternura, se nota que tenés tu carácter.  Bueno, disculpame, tengo que ir otra vez al baño.

Carlos la vio alejarse. ¿Que tenía en su carterita? ¿Cocaína? Vio que habían terminado la vodka. ¿Y ahora? ¿tengo que devolverla a su habitat? Ella lo decidirá. Después de todo tengo que llamarla a Micaela…aunque es muy tarde. No, precisamente por eso, recordó  que había apagado su celular casi inconcientemente. Micaela debería estar preocupada… o enojada. Volvió Patricia y Micaela desapareció.

 

 

                                                                                                                                                 V

-¿Que hacés maña? -Preguntó Carlos procurando parecer despreocupado.

-Ah mañana, tengo que ir a la cárcel a visitar unos chabones.

-¿Tenés amigos presos?

-Si, son gomías de la noche, perdieron hace poco y ahora van a juicio.

-¿Y que les pasó?

-Los agarraron con mucha merca, pero se la buscaron, ellos sabían que los seguían…

-¿Y vos… estás en eso?

-No chabón, ni ahí. Ya te dije que soy inteligente, una cosa es jugar con fuego y otra meterte entre las llamas, pasa que yo soy solidaria con la gente y ellos son mis amigos.

La expresión de Patricia cambió abruptamente, ahora era lejana y sombría. De pronto dijo:

-Carlos ¿nos vamos?

-Sí vamos. Carlos le hizo una seña al mozo.

Ya en el auto le preguntó donde iba.

-Dejame en la esquina de tu casa, los chicos van a andar por ahí.

Patricia volvió a su cigarrillo y a su silencio. Tiránico silencio, pensaba Carlos, simplemente lo impone. LLegaron a la entrada del su piso y estacionó.

-¿Me dijiste que vivís en Flores? le preguntó.

-Sí, a una cuadra de la plaza, desde la ventana de mi cuarto la veo completa.

-¿Es un departamento?

-Sí, en el octavo piso. Bueno nos vemos -le dijo, se inclinó sobre él y le dio un beso en la mejilla- Gracias

por la comida y por el rato, estuvo full.

-¿Y acá termina nuestra amistad?

-No lo sabemos ahora boga, yo sé donde vivís, bye bye.

Patricia abrió la puerta y salió del auto. Luego se inclinó y lo miró por la ventanilla abierta. Le dijo:

-Tenés cara de enojado, Carlos ¿que esperabas?

-No lo se Patricia, pero es una despedida tan abrupta…

Ella lo miró largamente, luego abrió la puerta y le dio un cálido beso en la comisura de la boca.

Luego, mientras volvía a  salir del auto le dijo muy seria y en un tono apagado

-Estuviste cerca, boga. Adiós. 

Y se fue con sus ágiles y cadenciosos pasos..

Carlos la siguió con la mirada hasta que desapareció en la esquina. Estuvo un rato dudando que hacer hasta que resolvió subir a su casa, escuchar a Mozart y tomar buen whisky escocés. Sería una noche de sueños, o de ilusiones, habría que afrontarla.

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2 respuestas a Patricia. (Santo Alcibíades)

  1. Tritio dijo:

    Las conversaciones y, en concreto el estilo de Patricia, me recuerda mucho a personajes de Murakami… La estructura así como en capítulos ayuda, incluso a estructurar en pasos una relación de un día. El resultado me gusta bastante.

    Ya como cuestión de gustos, personalmente prefiero los “jaja” referidos de manera indirecta (“rieron, soltó una carcajada,…”) que escritos tal cual.

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