La maldición. (Carmen Ballester)

Ella estaba junto a él, ella tenía miedo.

Lo había conocido recientemente, sus pasos siempre se encontraban a la sombra de esa cafetería: algún café, algún bollo, el periódico, no tengo cambio.

Pero no fue hasta esa noche, con ese frío, en esa esquina cercana y solitaria, donde sus manos se juntaron, donde sus dedos se engarzaron, donde sus miradas no dejaban otra opción.

¿Tu casa o la mía?

Ella estaba junto a él, ella, esta vez, tenía miedo.

(A él no, … por favor)

Pero no se podía resistir.

Su casa.

En esa habitación, él se acercaba lentamente.

Esas cuatro paredes desconocidas para ella, esa cama con cabecero, sábanas y almohadas, sólo ellas mudos testigos.

(Tal vez , esta noche no pasaría. No siempre tendría que ser igual)

Sus pensamientos eran apagados enseguida por esa presencia viril.

Pensó en escapar, no podía, no quería…

Sucumbirían juntos, total.

(No, no….)

Él se acercó hasta casi rozarla. Su presencia inundaba la habitación, no iba a haber huida.

-“¿Pasa algo Blanca?”

-“No, ..nada. Todo está bien.”

(Dios!!)

Él sonrió. La desarmó.

Ella conocía, sus risas, sus carcajadas, sus burlas, sus chanzas, pero no esa sonrisa.

Alargó sus dedos, rozó sus labios, su vello facial.

Él permanecía quieto, salvo sus brazos que rodearon su cintura.

Ella empezó a navegar, esas aguas ya le eran conocidas, aunque no con él.

Humedad y temblor. Su cuerpo empezó a estremecerse.

Miró la puerta, la cama. No habría vuelta atrás.

Al fin y al cabo, él lo había empezado todo.

Blanca sintió unos dedos desconocidos quitándole la blusa, arrancándola sin contemplaciones, su falda, el resto….. Sus pensamientos quedaron anegados de sexo, deseo, lujuria.

No importaba nada más.

Sus encajes negros al suelo, esos labios en su nuca, buscando, mordiendo.

Ella le miró, con cuidado. Él ya estaba desnudo, completamente, había sido rápido. Observó gozosa y temerosa su cuerpo masculino, bajó sus ojos por él, como tantas veces había hecho con otros: su torso, su vello, sus músculos aún marcados ligeramente, sus piernas y, entre ellas ….normalidad.

Una erección incipiente y detrás, ellos dos color beige. Bien, todo estaba bien.

No sabía por cuanto tiempo, su deseo estaba desatado. Era mejor no pensar, reposar su lengua en esa garganta desconocida, jugar, explorar. Sacar lo máximo.

Él la abrazó casi con furia, sus brazos, sus manos, sus dedos necesitaban el contacto con esa piel. Sus bocas se separaron, se miraron brevemente.

Todo estaba dicho.

El bajó su lengua entre aquellos pechos, su piel hervía, su entrepierna dolía.

No era un dolor usual, pero su mente no podía pensar en otra cosa que en ella, en su cuerpo, en su miel, en sucumbir en sus profundidades, en buscar, encontrar y no salir.

Ella sujetaba sus labios contra ese vello, entrecerró los ojos, pero…allí estaban, no dejaba de observarlos. Esos testículos estaban más oscuros, más rojos, tembló, pero miró, miró y siguió.

(otra vez, otra vez)

– Espera, …oye estás bien?

– Blanca, si joder!!, si, si siiiiiiiii…………..

Ella bajó sus manos, le acarició. Llegó hasta allí.

Hervían, quemaban …rojo, rojos, casi púrpura, más rojos, ¡¡¡fuego!!!!.

¡Dios!!!!!

– Espera…

– No

Sus finas y nerviosas manos fueron izadas a los barrotes del cabecero, sus piernas abiertas al máximo….

– Ahora!, …ahora!!!!!

Su calor, su volcan,…ya no era el de ella, como antaño. Ese calor, se abrasaba, era sexo, era dolor, … Era él.

¡Ayyyyyy oHhhhhhhh!!!

Llegó, bajó y subió al cielo repetidamente a través de fuertes y calientes embestidas.

Ah!!!!!

Una sacudida más.

Sudor.

De repente, la calma, el silencio.

Sudor y miedo.

Ese peso encima.

Cerró los ojos, asustada esperó…él, ..ningún ruido, ningún movimiento.

Aún estaba caliente…. Había ocurrido otra vez

Ningún latido.

¡Muerto!!

Se levantó, se separó de él, lentamente. Con movimientos resignados y aprendidos empezó a vestirse.

No quería, no podía mirar.

En su rostro una lágrima. A su espalda, un adiós. Otro adiós, …el adiós.

Su mano en la puerta.

Atrás, en esa cama.

-Hey!…Blanca. ¿cenamos o qué?

En esas mejillas más lágrimas, por esa boca pocas palabras.

– ¡Dios mío!!!!!…Gracias.

Su nombre, … Mantis.

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