Verano agridulce. (Jackeline Depp)

           Es cierto que el tiempo se encarga de responder muchas de nuestras preguntas, e incluso es capáz de hacer que veamos la realidad que nos rodea sin vendas en los ojos, sin máscaras…

Todo aquello que un día, de buenas a primeras, nos hace bajar en caída libre, que nuestros planes se desmoronen y que millones de palabras se las lleve el viento.

Un sinfín de emociones, de momentos guardados en el corazón como si de un tesoro se tratara, todo eso que durante un tiempo formaba parte de nuestra vida, de un momento a otro se nos escapa de las manos, se esfuma y simplemente nos deja una sensación de vacío, tristeza, dolor, heridas profundas en el corazón y sobre todo, un millón de preguntas sin respuesta…O mejor dicho, preguntas cuya respuesta sólo somos capaces de entender  tras el  paso del tiempo, cuando esa venda que nos cubría los ojos se cae, cuando esas heridas pasan a ser simples cicatrices, cuando percibimos todos esos momentos y emociones  simplemente como recuerdos…

 Empezaremos por el principio, cuando Julia, una joven estudiante se dispone a hacer sus maletas para irse a la casa de su novio más tiempo del habitual, ya que trabajará en la tienda de sus suegros durante las vacaciones.

Los primeros días se desarrollan con normalidad; Julia pasa el día del trabajo a casa y por las noches sale un rato con sus amigos, dando paseos por la playa, tomando una deliciosa leche rizada en la heladería más conocida del pueblo, o simplemente escuchando de fondo las olas del mar mientras se beben unas botellas de tinto tirados en la arena, contándose miles de historias y sin parar de reír.

A mediados del mes de Julio llegan las fiestas patronales y, a pesar del cansancio, tras estar casi todo el día trabajando, Julia se dispone a disfrutar de las fiestas junto a sus amigos y Marcos, su novio.

Sin embargo, y a pesar de que las fiestas han ido bien, Julia lleva un tiempo notando que su novio esta algo distante con ella y que su relación se ha enfriado, a pesar de que hasta ahora, él lo negaba o simplemente evitaba hablar del tema. Pero ese domingo, cuando pasaban la tarde con sus amigos en la playa, Julia decidió apartarse y hablar a solas con Marcos. Ella le pidió que fuera sincero y le explicara lo que pasaba, el porqué de su comportamiento y, para su sorpresa, Marcos se sinceró por primera vez, diciéndole que tenía muchas dudas, que ya no sentía lo mismo y que no quería hacerle daño, pero que lo mejor era dejarlo “ por un tiempo” para aclarar las ideas.

En ese momento Julia no podía creer lo que estaba escuchando, pero le dijo que estaba de acuerdo en que posiblemente necesitaran un tiempo y que estaba dispuesta a dárselo. Yo creo que en ese momento ni ella misma era consciente de lo que estaba pasando, simplemente reaccionó contestando lo más correctamente posible para salir del paso sin analizar bien la situación, evitando así desmoronarse delante de todo el mundo, e incluso, podría decir que no pensó que las palabras de Marcos fueran tan en serio.

A pesar de saber que nada era como antes, que algo se había roto entre ellos, no era capaz de buscar una explicación coherente, una razón de peso para que todo terminara así, para que su historia se derrumbara de buenas a primeras, sin razón aparente…

Pasaron varios días y Julia seguía trabajando en la tienda y conviviendo en la misma casa con Marcos; aun le quedaba más de un mes hasta terminar su contrato y conforme iban pasando los días se iba haciendo poco a poco a la idea de que se había terminado esa historia de amor, tras 5 años llenos de momentos inolvidables.

 Todos sus amigos le decían que dejara el trabajo y se volviera a su pueblo, ya que de seguir ahí iba a terminar pasándolo peor y sufriendo más, pero ella prefirió cumplir con su contrato aunque eso conllevara aumentar su dolor al tener que ver casi a diario a Marcos y tener que tratarlo simplemente como un amigo más. No era una simple ruptura, sino que además tenía que convivir con su, hasta entonces, pareja, lo cual hacía que la situación fuera aun más compleja y difícil de llevar. Por eso no podía evitar derrumbarse cuando estaba a solas, cuando nadie era testigo de sus momentos de debilidad, de rabia y tristeza contenida, de dolor, de impotencia por no poder volver el tiempo atrás y hacer que todo fuera como antes… Hasta que una noche, tras derrumbarse en un rincón del baño y soltar todas las lágrimas que tenía escondidas en el fondo de su corazón, se dio una ducha y decidió que no merecía la pena derramar ni una sola lágrima más y que debía ser fuerte y seguir adelante dando uso a la famosa frase que dice que “no hay que volver atrás ni para coger impulso”.

Los días pasaban y Julia seguía su rutina haciéndose poco a poco a su nueva vida; una vida en la que ya no había cabida a una nueva oportunidad para su relación y sólo le quedaba la opción de tomar impulso y sacar fuerzas de donde fuera para seguir adelante, para buscar un nuevo camino a seguir, para recomponer los trozos de su corazón como si de un puzle se tratara, para mirar al futuro dejando atrás su pasado.

   Desde el comienzo de este nuevo camino siempre estuvieron apoyándola sus amigos, dándole ánimos e intentando sacarle siempre una sonrisa, lo cual fue de gran ayuda para ella y, a pesar de estar pasando por una de las peores etapas de su vida, los momentos que pasaba con ellos le servían para distraerse y para hacer más llevadera su estancia allí. También contaba con el apoyo de Rosa, su compañera de trabajo, a la que Julia estará siempre agradecida por estar siempre ahí, escuchándola y dándole miles de consejos cuando más lo necesitaba. Rosa también estaba pasando por un mal momento y las dos se animaban mutuamente, haciendo que la jornada fuera más llevadera. Ya sólo quedaban varias semanas para terminar y poder volver a casa, con su familia, a la que tanto ha echado de menos y tanta falta le hacía.

A mediados de agosto, una de las noches cuando Julia salía de trabajar decidió que no saldría esa noche ya que estaba muy cansada y prefirió pasarse por la playa un momento a saludar a sus amigos antes de irse a casa. Allí quedaban algunos  echando su rato de olas con la tabla, como casi todos los días a esas horas, alrededor de las 21:30 de la noche, que es cuando ya está la playa prácticamente vacía y pueden campar a sus anchas…

Julia llegó y se sentó en la arena junto a su amiga “la rubia”, que estaba esperando que los chicos terminaran con las tablas para quedar esa noche. Poco después se acercaron los chicos y Julia se percató de que había uno al que no conocía. Tras presentárselo, estuvieron todos charlando un rato y ella se fue a casa a descansar.

Al día siguiente, después de comer, Julia decidió pasar un rato en la playa antes de volver al trabajo y allí estaban todos. Tras estar un rato disfrutando con sus amigos, se despidió para irse a trabajar y se acercó el nuevo integrante del grupo ofreciéndose para acompañarla hasta la tienda. Juntos fueron hablando todo el camino, como si se conocieran de toda la vida. Conectaron muy bien desde el primer momento y ahí empezó una bonita amistad entre Julia y Oscar, que así se llamaba el joven.

Días después organizaron entre todos una barbacoa en la playa y, para entonces, ambos habían comenzado a sentir una atracción especial, algo que Julia no era capáz de entender, sobre todo teniendo en cuenta su reciente ruptura con Marcos. Sin embargo, a pesar de que se conocían muy poco, conectaron muy rápido y ambos estaban muy a gusto juntos, como si se parara el tiempo y no existiera nada más. Puede que Julia, por su situación, encontrara en Oscar ese cariño que tanta falta le hacía; al igual que él, ya que también pasó por una situación similar tiempo atrás. Seguramente esta es una de las razones por las que ambos se entendían mutuamente y se compenetraban tan bien.

Al día siguiente por la noche, sólo salieron Julia, su amiga Rocío y Oscar. Tras caminar un rato por el paseo marítimo, se adentraron en la playa hasta el embarcadero donde se sentaron a charlar tranquilamente. Julia, que se había tumbado en la arena, se quedó dormida durante un buen rato y, mientras tanto, Rocío y Oscar seguían enfrascados en la conversación.

Rondaban las 4 de la mañana y ya se notaba como refrescaba el frio de la noche cuando Julia despertó y Rocío dijo que ya era tarde y debía irse a casa. Tras despedirse de la joven, Julia y Oscar se quedaron solos y él la rodeó con sus brazos para resguardarla un poco del frío. En ese momento, con la luna y las estrellas como únicos testigos, los rostros de los jóvenes se rozaron poco a poco, sus miradas se cruzaron y, como si una inexplicable fuerza los atrajera, sus labios, titubeantes, se acercaron lentamente hasta fundirse en un apasionado beso.

Julia notaba como si un ejército de hormigas subiera desde su estómago hacia el corazón, haciendo que éste latiera de forma descontrolada. Ambos terminaron tumbados en la arena, besándose, como si el tiempo se hubiera detenido en ese preciso instante, hasta que de nuevo sus miradas se cruzaron y sus labios formaron una bonita sonrisa para cerrar el momento. Ya era tarde y Oscar acompañó a Julia hasta el portal de la casa, donde se despidieron con otro beso y quedaron en verse al día siguiente.

La joven no podía creer lo ocurrido. Por una parte, sentía como un subidón de adrenalina recorría su cuerpo, pero por otro lado, sentía que posiblemente se había precipitado y que era demasiado pronto para dejar que pase algo con otro chico, teniendo en cuenta que su ruptura con Marcos era demasiado reciente. Era un cúmulo de emociones y sentimientos contradictorios. 

Esa noche, Julia apenas durmió pensando en lo ocurrido y pronto serían las 7:30 de la mañana, hora de levantarse para ir al trabajo y dejar que pasara otro día más de su interminable verano. Sin embargo, aunque Julia no fuera  consciente  en ese momento, lo ocurrido esa noche marcaría un antes y un después en su vida.

Se acercaba su último día y no podía creerlo; por fin podría volver a casa con su familia y dejar atrás un verano con sabor agridulce. Preparó ansiosa sus maletas y se disponía a pasar su último día de trabajo cuando recibió un mensaje en el móvil. Era Oscar, que le decía que esa noche la podían pasar juntos en casa de un amigo y al día siguiente la llevaría a su pueblo.

Las horas parecía que no pasaban y Julia se entretenía reponiendo lo primero que encontraba en el almacén y limpiando las cristaleras de los expositores de embutidos en la tienda. Ya era final de verano y no había casi gente comprando; los veraneantes se iban despidiendo de sus vacaciones y en la tienda cada vez había menos tarea.

Por fin llegó el momento deseado, cerraron las puertas y  comenzaron a recoger la fruta y la carne, como hacían cada día antes de irse a casa. La única diferencia es que ese día Julia ya no dormiría en casa de Marcos y ya no tendría que volver a su rutina en la tienda. En el instante en el que la joven cruzaba la puerta de salida tomó aire y una sensación de libertad, tranquilidad y alegría recorrió su cuerpo.

Como cada día, volvía a la casa andando, por el paseo marítimo y, mientras se fumaba su habitual cigarro, se paraba a ojear los puestos de los vendedores ambulantes y caminaba viendo pasar a toda la gente que paseaba por allí. Llegó a la casa, comió, se despidió de los padres y hermanas de Marcos, del entrañable perro (el rey de la casa) y, como cada domingo bajó a pasar la tarde en la playa, pero esta vez con la tranquilidad de no tener que volver a dormir en casa de Marcos, ni de volver a su rutina en la tienda. Cogió sus maletas y las dejó guardadas en el coche de Oscar, para irse juntos por la noche a casa de su amigo.

Cuando se hizo de noche todos se fueron a sus respectivas casas a cenar y a prepararse para salir todos juntos a las 23:00, como siempre, para dar un paseo o hacer uno de sus numerosos botellones en la playa. Julia había quedado en irse con Oscar y ducharse directamente en casa de su amigo, pero antes tenía que pasar por  casa de Marcos a devolverle una toalla que le había prestado y a despedirse.

Julia subió con la intención de despedirse rápido y darle la toalla. Marcos estaba sólo en su habitación, muy serio y triste, lo cual sorprendió a la joven. Ella le dijo que debía irse ya y le dio un abrazo; pero de pronto notó como Marcos la apretaba muy fuerte como si no quisiera soltarse. Julia le preguntó qué le pasaba y él, entre lágrimas, dijo que estaba triste porque ella se iba y había llegado el momento de despedirse.

La joven se quedó sin palabras, lo abrazó de nuevo y le dijo que no estuviera mal, que le deseaba lo mejor y que siempre podría contar con ella. Se despidieron y Julia se fue con Oscar, que la estaba esperando abajo en el coche.

De camino a casa de Juanjo, el amigo de Oscar, Julia iba pensativa, no paraba de darle vueltas a lo ocurrido con Marcos. Jamás lo había visto llorar y no esperaba que la despedida fuera así, Se quedó con mal sabor de boca, pensando que quizá debió quedarse con él un rato más hasta que se tranquilizara y despedirse mejor…

Fueron a cenar al último chiringuito de la playa y pasaron su última noche rodeados de todos sus amigos. Tras despedirse, fueron a dormir a casa de Juanjo y tras pasar juntos el último día, Oscar y Julia partieron hacia el pueblo de la joven. En el coche se hizo el silencio, cada uno metido en sus propios pensamientos, sobre todo Julia, que mientras observaba a través del cristal de su ventana cómo iban dejando atrás cada rincón de su “segundo pueblo”, se iban agolpando en su mente miles de recuerdos y momentos vividos en ese lugar que jamás volverían a repetirse. Recuerdos buenos y no tan buenos, personas que aparecen en su vida y otras que tiene que dejar atrás…Un cúmulo de sentimientos que brotan de repente; en ese preciso instante es cuando comienza a asimilar que era el momento de dejar muchas cosas atrás, aunque le costara , y que el tiempo se encargaría de encajar de nuevo las piezas del puzle, las piezas de su vida, unas piezas que en ese momento ella no era capáz de encajar por sí misma.

A medio camino, Oscar se quedó mirándola y al observar cómo aparecían lágrimas en sus ojos, le preguntó qué le pasaba y le dijo que podía confiar en él, que podía desahogarse tranquila. Ella se desmoronó y las lágrimas sólo le permitieron decir que era un cúmulo de cosas, muchos sentimientos agolpándose en su mente y un sinfín de recuerdos. Habían sido demasiadas emociones en muy poco tiempo. Oscar intentó tranquilizarla y hacerle ver que las cosas pasan por algo, que a veces hay que dejar recuerdos atrás y seguir adelante; que entendía perfectamente cómo se sentía y que podía contar con él para lo que fuera.

Llegaron de noche y, tras soltar las maletas en casa de Julia, decidieron dar una vuelta y sentarse en un parque cercano a su casa. El momento de su despedida se acercaba, ya que Oscar debía irse a su casa y aun le quedaba una hora de camino por delante. Ambos estuvieron hablando durante un buen rato, y cuando llego la hora de irse, Oscar acompañó a Julia hasta la puerta de su casa, donde se dieron un emotivo abrazo y quedaron en mantener el contacto y volver a verse lo más pronto posible.

 

Los días pasaban y Julia dedicaba la mayor parte de su tiempo a estudiar para un exámen de recuperación que tenía días después. No tuvo demasiado tiempo para preparárselo, ya que apenas contaba con una semana desde que volvió hasta el día del exámen; sin embargo parecía estar decidida a conseguir aprobarlo, o por lo menos hacer todo lo posible. En cierta forma, le servía para mantener su mente ocupada y hacer que las horas pasarán más rápido…

Durante esos días, Oscar y ella hablaban a menudo por teléfono y quedaron en verse el mismo día del exámen. Él la recogería en su casa para llevarla a la facultad y, tras hacer el exámen, irían juntos a pasar el fin de semana en casa de Juanjo.

Tras un buen fin de semana en la playa al lado de Oscar, llegó el momento de volver a su nueva rutina. Los días pasaban y Julia cada vez estaba más irascible, tenía muchos altibajos emocionales y mucha rabia acumulada, ya que durante su estancia en casa de Marcos y debido a las circunstancias, no podía expresar todo lo que sentía. Pese a que su familia no tenía culpa de nada, Julia descargaba en ellos toda la rabia y la impotencia acumulada; discutía por todo, no soportaba que dieran una voz más fuerte que otra, no le apetecía salir con nadie y en sus ratos a solas terminaba derrumbándose y llorando sin motivo aparente. Así estuvo durante un tiempo. Los únicos momentos en los que estaba mejor era cuando pasaba algún día con sus amigos de la playa y cuando estaba con Oscar; eran las únicas personas con las que estaba tranquila y con las que le apetecía estar.

El tiempo pasaba y Julia poco a poco se iba adaptando a su nueva vida, con pequeños altibajos, pero intentando seguir adelante. Oscar, desde el primer momento la trataba muy bien y era su principal apoyo; seguían hablando a diario por teléfono durante horas, escuchándose mutuamente y haciendo más llevadera la espera hasta poder volver a verse.

Sin embargo, y a pesar de que Oscar estaba cada vez más presente en su vida, Julia seguía acordándose de Marcos  y no era capáz de apartarlo de sus pensamientos. Supongo que no sería fácil, teniendo en cuenta que ha sido alguien fundamental en su vida durante cinco años; pero no sólo él, sino su familia, a los que Julia tenía un gran aprecio. Tardó mucho tiempo en asimilar su nueva situación y en aceptar que Marcos y su familia eran parte del pasado y no debían formar parte de su presente y mucho menos de su futuro. Ahora sólo debía mirar hacia adelante y el destino se encargaría de elegir su futuro y la gente que formaría parte de él.

 

Un día, Oscar y Julia fueron a tomar algo a un pub y tras un rato hablando, salió el tema de su “relación”, de la situación por la que pasaban en ese momento. Ambos eran conscientes de que no era una relación normal, quizá estaba condicionada por las circunstancias de cada uno, ya que ambos habían salido de una larga relación y todo había ocurrido muy rápido.

Es cierto que pasaban muy buenos ratos juntos, que se sentían muy bien el uno con el otro, que poco a poco la amistad se fue afianzando y sentían un inmenso cariño el uno por el otro. Y también es cierto que no podían frenar esa pasión que los envolvía cada vez que estaban juntos, esos momentos íntimos en los que el tiempo se paraba para dar paso a un sinfín de besos y caricias, de miradas y sonrisas, de silencios en los que sólo se sentía el roce de sus cuerpos…

Si, así era, pero en el fondo de esos corazones que daban y recibían parte de lo que necesitaban en esos momentos, existía un pequeño vacío que no era tan fácil de llenar… Los dos seguían inevitablemente pensando en las personas que dejaron ese vacío en sus corazones y que seguían formando parte de sus pensamientos.

Oscar, entre lágrimas, le dijo a Julia que en esos momentos, aunque quisiera, no podía ofrecerle todo lo que se merecía, ya que seguía queriendo a  esa otra persona con la que había compartido tantos momentos durante 8 largos años. Julia, secándole las lágrimas, le dijo que lo entendía perfectamente, ya que ella había pasado por algo similar. Sin embargo, y a pesar de que por las  circunstancias lo más seguro es que la historia que comenzaba a darse entre ellos no tuviera futuro, había algo que empujaba a Julia a seguir adelante, dejando que el tiempo se encargará de hacer el resto, aventurándose a coger ese tren que pasaba delante de ellos sin pensárselo, arriesgándose a sufrir de nuevo.

No quería dejar pasar la oportunidad de rehacer su vida, aunque eso implicara dar paso a una relación fuera de lo común, una “amistad especial” que no entraba dentro de los cánones típicos, que era difícil de explicar, pero a la que no necesitaban darle un nombre ni una explicación, simplemente vivirlo a su manera y dejar que el tiempo se encargara de lo demás…Para todo el mundo, excepto sus amigos íntimos, eran simplemente amigos que se conocían de la playa donde veraneaban y que entre ellos sólo había una bonita amistad. Era demasiado pronto para considerarla como una relación normal de pareja y, quizá con el tiempo podría llegar a serlo, cuando las heridas cicatrizaran y lo que ahora era demasiado reciente pasaran a ser simples recuerdos de un pasado…

El tiempo pasaba y todo seguía prácticamente igual, sin avances. Para ambos era una situación especial, una relación distinta a las que estaban acostumbrados  y, aunque, ambos estaban de acuerdo en llevarla de esa manera por el momento, Julia empezaba a sentir que la historia no avanzaba, o por lo menos por parte de Oscar. Llegó a sacarle el tema varias veces pero él se sentía algo incómodo y solía cambiar de tema o quitarle importancia. Supongo que ella no era la única que tenía miedo a equivocarse, a ir demasiado rápido sin pensar las consecuencias; con la diferencia de que ella era más impulsiva e impaciente y le costaba más llevar así la relación.

Julia estuvo a punto de tirar la toalla en muchas ocasiones; cada vez que Oscar la presentaba ante los amigos y familiares como amiga de su hermana, cuando casi nadie sabía de su existencia, cuando delante de ciertas personas se dirigía a ella como una amiga más, cuando las muestras de “cariño” debían omitirse, cuando había momentos en los que, a pesar de tenerlo tan cerca, lo sentía tan lejos…

Puede que al principio, Julia prefiriera que las cosas fueran de ese modo, pero con el tiempo, ella, o mejor dicho, sus sentimientos, fueron evolucionando poco a poco, mientras que los de Oscar parecían estar estancados, sin rumbo. Posiblemente para él era una posición más cómoda, más fácil, sin aparentes ataduras, sin nada que aumentara su miedo a sufrir, a caer de nuevo y no saber cómo levantarse. Quizá, inconscientemente, había levantado un muro frente a él; no para evitar que entrara alguien de nuevo en su corazón, sino para ver quién sería capáz de saltarlo, de luchar hasta el final, de no decepcionarlo, de no hacerlo sufrir de nuevo… Simplemente de hacerlo feliz. 

Ella nunca había estado en esa situación y no sabía hasta ese momento lo que supondría para ella. Quizá necesitaba sentirse más segura, al lado de alguien que le proporcionara esa seguridad, sin tener que darle tantos matices a esa “amistad especial”. Sin embargo, decidió ser consecuente con su decisión de seguir adelante, pese a que cada vez le costaba más estar en un segundo plano, y aceptar que algunas veces las cosas no tienen por qué ser blancas o negras, sino que también existen los tonos grises…

Los meses pasaban y finalmente parece ser que la espera había dado sus frutos. Julia y Oscar seguían hablando todos los días y se veían cada vez que podían; poco a poco esa “amistad especial” se fue afianzando y ha ido evolucionando. Ese cariño que al principio se tenían se ha convertido con el tiempo en algo más, a pesar de los altibajos. Han comenzado a sentir algo más profundo, algo que no se puede expresar con palabras, algo que hacía bastante tiempo que no habían sido capaces de sentir, algo que les hacía perder el miedo por completo, sentirse seguros el uno con el otro, sentir que los dos son uno…

Julia, a día de hoy, siente que todo ha merecido la pena, que ha seguido el camino correcto y que, a pesar de que hay gente que al principio no apostaba por ellos, ambos han conseguido esa estabilidad emocional que necesitaban, esa felicidad que tanto anhelaban. Por fin puede decir con toda certeza que ha dejado el pasado atrás y que está dispuesta a seguir disfrutando del presente al lado de la persona que ahora mismo da sentido a su vida; pero sobre todo está decidida a seguir con él ese nuevo camino que les guiará hasta su destino. Algunos tienen razón al afirmar que el que no ama por miedo a sufrir, es como el que se suicida por miedo a la muerte…

Él apareció en la vida de Julia en el momento preciso, justo cuando ella más lo necesitaba. Hasta ese momento, desde que Julia y Marcos terminaron su relación, Rigo, uno de sus  amigos de la playa, a raíz de esa ruptura se convirtió en uno de los  mayores apoyos para ella. Siempre estaba a su lado para arrancarle una sonrisa, para darle ánimos en esos momentos tan difíciles para ella. Con el paso de los días, y debido a ese acercamiento y a que Julia estaba demasiado vulnerable sentimentalmente, ese cariño entre ellos aumentaba  cada vez más y eso propició que se confundieran sentimientos, que Julia llegara a pensar que era más que simple cariño entre amigos. Sin embargo, con el paso de los días sus ideas se aclaraban poco a poco y Julia  se dió cuenta de que entre ellos sólo había un inmenso cariño y una bonita amistad.

Ahora se sonroja cada vez que recuerda esos momentos de duda y esboza una leve sonrisa, recordando todo eso como una bonita anécdota. Han pasado varios años desde que sucedió esto y sus vidas han cambiado un poco, pero ambos siguen siendo muy buenos amigos.

Con el tiempo, Rigo encontró a “su media naranja”, pero eso es otra historia que, al igual que la de nuestra protagonista, el destino se encargará de continuar…

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2 respuestas a Verano agridulce. (Jackeline Depp)

  1. unalicia dijo:

    Largo, largo, lo he leído hasta el final para ver si pasaba algo, pero no…
    Un saludo,

  2. Tritio dijo:

    Es cierto que la historia es muy larga, en principio nada malo hay en ella, pero si va a ser larga asegúrate de que la trama o la velocidad narrativa van a enganchar, porque corres el riesgo de que la gente no te lea hasta el final. Y hablando del final… o mucho me he perdido… o ese tal “Rigo” del final… ¿De dónde sale? Con todo lo que has escrito podía haber aparecido hace rato y no una mención a él al final que hace que de la sensación que sobre mucho del resto del relato.

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