El Café Milán.(Manuela Vicente Fernández)

   Descubrí el café Milán una tarde de finales de octubre. Entré en él sin fijarme, precipitadamente, para resguardarme de la lluvia que caía a torrentes e inundaba las calles. Una vez dentro me despojé de la gabardina (suerte que la llevaba) y eché un vistazo a mi alrededor. Se trata de uno de esos cibercafé modernos, que cuentan además con un  surtido número  de revistas y publicaciones, en el que la decoración está cuidada al detalle. Adornaban las paredes gravados de Miguel Ángel, paneles de pinturas rupestres y otras expresiones artísticas más modernas, que hacían que en conjunto lo antiguo y lo actual conviviesen en perfecta armonía.

Me senté en una mesa del fondo, cerca de la ventana, para poder contemplar la lluvia. Pedí un café bien cargado, tostadas y zumo de naranja, creyendo que la ocasión lo merecía, pues tardaría en amainar e iba a echar allí un buen rato. En estos pensamientos estaba, cuando se me acercó un sujeto que no vi venir, de aspecto descuidado, con barba de varios días y mal semblante. Antes de que pudiese objetar nada se sentó a mi mesa haciéndome con la mano el gesto de que guardase silencio. Nerviosa por la situación, comencé a mirar a mi alrededor en busca de posible ayuda y entonces, llevándose la mano al pecho, por entre la ropa sacó un sobre y me lo tendió.

– Es esencial que me guarde esta carta. Me dijo.

-Disculpe, pero yo no…

-Por favor, le ruego que me escuche sin interrumpirme, no dispongo de mucho tiempo.

-Pero…

-Estoy herido ¿entiende? ¡Herido de muerte!

-Mire, yo no le conozco. -Le dije, levantándome visiblemente alterada.

Me detuvo sujetándome de un brazo y bajando la voz me pidió, suplicante:

-Por lo que más quiera, señora, ayúdeme, en nombre de Dios, por favor…

 No sé si fue esta súplica desesperada, o su semblante desencajado, lleno de sufrimiento, lo que finalmente hizo que me sentara de nuevo. Es posible que fuesen ambas cosas, junto a la escasez de clientes que pudiesen ayudarnos al uno y al otro, a excepción del  camarero, que seguía pendiente de mis gestos, únicamente había en el local un par de parejas, ambas distantes de nosotros. Tomé asiento de nuevo, haciendo al chico de la barra un gesto de calma con la mano y me dispuse a escuchar lo que fuera que ese hombre tuviese que decime.

 -Tiene que guardarme esta carta.

-¿A quién va dirigida?

-No va dirigida a nadie en particular. Cuenta una historia.

-¿A qué historia se refiere?

-Lo sabrá a su debido tiempo. Cuando muera el último testigo.

-¿Quién es el último testigo?

-Yo.

-¿Pero qué dice hombre? No quiero saber nada de esto.

-Ya es tarde.

Se levantó de golpe, pero esta vez fui yo quien asió su chaqueta.

-¿Cómo se llama usted? ¿Quién es?

-Yo soy Sebastián. El verdadero.

Su mano retiró la mía de su chaqueta con decisión y se fue como vino, perdiéndose en la calle ágilmente, antes de que pudiese reaccionar. Me quedé alelada viéndole partir y cuando miré mi mano vi que tenía los dedos manchados de sangre. Horrorizada me limpié con la servilleta, guardándola en mi bolsillo,  y antes de refugiarme en el baño recogí el sobre blanco que había quedado sobre la mesa.

 Me olvidé o quise olvidarme de la carta durante meses. La había arrojado al fondo del armario como se arroja una prenda que no nos gusta. Continué con mi rutina diaria sin volver a pasar por el café Milán ni volver a saber de él hasta que de nuevo vino a mi encuentro en forma de noticia, una mañana ya de mediados de marzo, a la hora del café, esta vez en la cafetería del hipermercado en el que trabajo. Los titulares del periódico decían:

 

ESPECTACULAR TIROTEO EN EL CAFÉ MILÁN EN PLENO CENTRO DE M.

 

                      Un joven, cuya identidad  se  desconoce, la emprende  a  tiros

                       en el café Milán con un señor de 85 años, vecino de  la  zona.

                       Sebastián Valle Menéndez, resultó muerto en el acto  a  causa

                       del incidente. El autor del disparo consiguió darse  a  la  fuga,

                       las fuentes policiales no  descartan  como  móvil  un  presunto

                        ajuste de cuentas, que al cierre de la presente edición sigue

                       sin poder confirmarse…

                                                                    

Acabé de tomarme apresuradamente el café y con un pretexto cualquiera- que comuniqué debidamente- me fui a casa. Durante todo el trayecto no dejé de pensar en la carta y en el hombre que me la había entregado. “Mi nombre es Sebastián. El verdadero.” ¿Qué demonios habría querido decir?

La carta continuaba intacta en el fondo del armario, tal y como yo la había dejado, debajo de toda la ropa, y contenía una historia increíble que tardé mucho tiempo en descifrar al completo. Una historia que me ha llevado en busca de nuevas pesquisas, haciendo que me adentre en un mundo desconocido, que me salió al encuentro una tarde cualquiera, en un café en el que nunca había entrado y que cambió el rumbo de mi vida.

 Una historia que arranca y termina en un día de lluvia…

 Más obras de la autora en lascosasqueescribo.wordpress.com
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12 respuestas a El Café Milán.(Manuela Vicente Fernández)

  1. ANA AMIGO PARDO dijo:

    Muy buena historia.

  2. Gracias Ana y María, por leerme y comentarme. Un saludo.

  3. MayteSanSem dijo:

    ¿Nos irás contando el resto por capítulos? Como principio, está bien, aunque los grabados se hayan convertido en impuestos, cosa que pasa mucho por culpa del que inventó el teclado 😉
    Espero con curiosidad el resto, si lo hay.
    Un saludo y suerte.

  4. Es verdad Mayte que había pensado en una historia larga y por eso la he dejado abierta, espero poder continuarla algún día…Respecto a los “Gravados” quería decir grabados y sí, ha sido un lapsus por ir demasiado rápida 😉 Muchas gracias por tus comentarios. Saludos.

    • Mayte Sánchez Sempere dijo:

      ¿Como que “algún día”? No, no, no, si la tienes medio pensada dale caña, que las cosas que se quedan a medias nunca se terminan. ¡Queremos más! (Apoyadme, que escriba por lo menos otros dos “capítulos”).

      Un saludo.

      • Si, me uno al apoyo, me gusta como inicio de una relato más amplio, una novelilla corta podría ser, mira que ya tienes dos lectoras comprometidas y eso en los tiempos que corren es una maravilla 🙂

  5. Ok, Mayte, si insistes…recojo el guante. Me pondré a ello. Tienes razón en lo de terminar las cosas, yo tengo unas cuántas en listas de espera…Gracias por tu interés 😉 Saludos.

  6. jezapalabras dijo:

    Me uno al apoyo. Yo también quiero que continúe este historia que se presenta tan interesante
    ¡Queremos mas capítulos!

  7. manoli dijo:

    Bueno, soy Manoli Asenjo , el comentario salió con mi nombre de wordress, jezapalabras

  8. Muchas gracias Sherezada y Manoli (junto con Mayte), por el interés que mostráis por mi relato. Lo cierto es que tengo en mente la historia, pero aún no sé cómo adaptarla a un relato (ni muy largo ni muy breve), veré que puedo hacer… ;)Abrazos.

  9. Isaac dijo:

    Yo también me uno a la petición de un segundo capítulo al menos. Me gustó muchísimo. ¡Enhorabuena!.

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