Libro A. Capítulo 2

Hoy os pongo el Capítulo 2 del Libro A, que fue escrito por Regly Pérez:

Aquí podéis volver a leer el Capítulo 1

Capítulo 2

–¡Sammy! ¿Dónde está tu hermana…? ¿Qué demonios es ese ruido?¿Qué está pasando…? –le gritó su madre. Cuando Anna se asomó al porche de la casa quedó horrorizada ante la visión que se abrió ante ella, no daba crédito a lo que veía–. ¿Te pedí que la llamaras? ¿Dónde está Emily?

–La he llamado mamá, pero no me ha hecho caso… está ahí, quieta… ¡Mamá! ¿Qué está pasando? –Anna percibió el miedo en su hijo.

–Sammy, escúchame bien… Atiéndeme… Quiero que te quedes en la casa, no vayas a salir por nada… Llama a papá por teléfono… Sammy cariño no pasa nada… llama a papá. ¿Me has escuchado bien? No pasa nada…

–Sí mamá… –dijo el pequeño mientras su madre lo abrazaba fuertemente con la clara intención de alejar el miedo tanto de su mente como de su cuerpo, el cual temblaba entre los brazos de su madre.

–Yo voy a buscar a tu hermana, pero vuelvo enseguida cariño… llama a papá.

Su madre salió al porche de la casa y pudo comprobar cómo su miedo se acrecentó ante la imagen tan espectral que se presentó ante ella. Tomó aire para intentar alejar la enorme excitación que estaba creciendo en su interior. Comprobó a lo lejos a su hija, inmóvil, gritando. Fue entonces cuando tuvo el valor suficiente para salir en busca de su pequeña.  Corrió hacia ella entre la lluvia y esquivando los cuerpos de aquellas aves, los cuales se encontraban por doquier. Algunos de los pájaros aún se retorcían entre los cuerpos inertes de otros que ya habían abandonado la lucha.

–¡Emily! Cariño… ven conmigo, ¿me oyes cariño?

La niña permanecía quieta, tan sólo gritaba. Su mirada estaba perdida y su madre sintió como el miedo comenzaba a devorarla por momentos. Se arrodilló ante su pequeña y tras abrazarla la tomó de una mano a la vez que con la otra agarró su barbilla obligándola a que la mirara a los ojos. Intentó atraer su atención.

–Cariño debemos volver a casa… Sammy está llamando a papá. Cariño, escúchame…  volvamos dentro, vamos cariño… dime algo cielo… Por Dios…

Anna pudo comprobar cómo la mirada pedida de su hija volvía a retomar la lucidez. Emily se abrazó a su madre casi obligándola a mantener el equilibrio.

 –Mamá… Ya no son felices, no son felices… no quieren vivir… mamá, ¿qué les pasa…? ¿Por qué no quieren vivir?

Su madre no sabía cómo controlar la situación ni qué respuesta dar a su hija. Lo que estaba sucediendo se salía de la realidad que hasta ahora conocía.

–Dame la mano cariño… volvamos a casa –le dijo mientras se incorporaba y retomaba el valor suficiente para avanzar entre los cuerpos de aquellos seres. Nunca se había imaginado que algo así podría llegar a ocurrir.

Ambas avanzaron tan rápido como podían. Emily segura por la cercanía de su madre, no pudo evitar las lágrimas, pero algo llamó su atención. Entre todos aquellos cuerpos inertes pudo percibir como un pájaro intentaba retomar el vuelo. Luchaba por elevarse de nuevo hacia el cielo… Emily se soltó de la mano de su madre y corrió hacía aquella ave intentando no pisar a las otras a su paso.

–¡Emily! ¡Emily! ¡Vuelve…! –le gritó su madre.

La niña hizo caso omiso a la orden de su madre. Anna sintió nuevamente aflorar el miedo en su cuerpo ante aquella visión tan espectral. Un escalofrío la recorrió de abajo arriba, tuvo un horrible presentimiento, tan intenso que un enorme grito se apoderó de ella, de su cordura.

–¡Emily…!

La pequeña se mantuvo en su postura de asistir a aquella ave, la cual continuaba su lucha por vivir. La tomó entre sus pequeñas manos. El pájaro, ante la cercanía de las manos de Emily, lanzó un picotazo que alcanzó uno de los dedos de la pequeña. Ésta con suma frialdad lo tapó con su vestido y lo tomó entre sus manos, arropándolo. Lo apoyó contra su pecho con la única intención de protegerlo con su cuerpo del mal que los rodeaba.

Emily se aproximó a su madre y con un pequeño gesto le indicó que reanudaran el camino de vuelta a la casa. La lluvia continuaba cayendo con más fuerza sobre ellas, pero por fin ya había cesado la caída de los pájaros.

Cuando Anna sintió la seguridad de su casa llamó a Sammy, el cual apareció con los ojos inundados por las lágrimas, con el teléfono en su mano izquierda. Tenía el rostro desencajado por el miedo que aún permanecía en su interior. Anna volvió a tomar aire.

–Cariño… ya estoy  aquí. Papá… ¿Lo has llamado? –la mujer esperaba una contestación afirmativa por parte de su hijo, pero no la obtuvo.

–No mami, el teléfono… La línea… La línea está sobrecargada. Pero… en las noticias…

–¿En las noticias… qué? –le preguntó tomándolo por los hombros–. ¿Qué han dicho en las noticias?

–Ven mami, lo están dando continuamente en la televisión… Tengo miedo mami.

–Tranquilo cariño. Emily, vamos a la cocina allí podrás quitarte esa ropa mojada.

La pequeña avanzó lentamente con sumo cuidado de no tropezar. Debía evitar por todos los medios alterar más al pájaro que había envuelto en su ropa. Lo depositó con cuidado en la mesa de la cocina y le pidió a su madre un trapo para secarlo. Sammy se acercó para ver qué era lo que su hermana traía entre sus manos. Emily abrió despacio la envoltura que había hecho con su vestido, dejando a la luz el preciado tesoro que dicho embalaje guardaba.

Todos quedaron sorprendidos al comprobar la belleza de aquella ave, sobre todo Sammy, un amante y buen conocedor de estos animales. Parecía ser un tipo de ave rapaz, un halcón quizás… El ave intentó liberarse de las manos de Emily intentando acertar nuevamente con su pico.

–Ten cuidado Emily… –le advirtió su madre. Pero el pájaro estaba completamente agotado, apenas tenía fuerzas.

Emily tomó el paño que le acercó su madre y lo arropó. Anna presintió que quizás sería mejor liberarse de ese animal porque veía muy cercano su fin. No quería que sus hijos volvieran a revivir las horribles experiencias de  minutos atrás.

Pero lo primordial en ese momento era tomar el teléfono y comprobó la línea. Marcó el número de su marido y al comprobar que la línea seguía sobrecargada fue cuando decidió cambiar de actitud frente a sus hijos. No quería asustarlos más de lo que ya lo estaba ella. Pero la televisión llamó su atención y se quedó petrificada ante lo que vio.

–“Nos llegan noticias de todos los rincones del estado… el hecho se está repitiendo por todas partes … cientos de pájaros caen del cielo sin un porqué … Se pide a la ciudadanía que se mantengan en sus casas, no salgan …estamos en estado de alerta …”

–Dios mío, ¿qué es lo que está pasando? –susurró Anna. Decidió apagar la tele para evitar acrecentar el temor tanto en ella como en sus hijos. Volvió a tomar el teléfono y retomó la llamada a su marido. Por fin obtuvo la señal deseada. Permaneció atenta, esperando oír aquella voz.– ¿Connor… eres tú?

–Anna… ¿Estáis en casa? No salgáis, no salgáis fuera… ¿Estáis bien?

–Connor… cariño –diciendo esto Anna se derrumbó pero trató de hacerlo fuera del alcance de sus hijos– ¿Qué demonios está pasando…? ¿Qué es esto…? ¿Dónde estás?

–Tranquila cielo, en una hora más o menos estoy en casa… tranquila. Anna, ahora tengo que dejarte… –La señal se cortó. Anna se mordió los labios evitando que el llanto se apoderara de ella.

La mujer volvió a la cocina donde Emily seguía perpleja ante aquel pájaro. En cambio Sammy apareció con unos de sus libros. Traía dibujado en su rostro una cierta incredulidad teñida de cierta ansiedad por lo que había descubierto.

–¿Dónde estabas Sammy? –le preguntó.

–Mamá… –le reclamó–. Ese pájaro es un halcón Sacre, es natural de Europa, Asia y África… Es muy raro, se mueve por pocos lugares. Este halcón no es de aquí… me oyes. Mamá…

–Sammy cielo, eso no puede ser…

Emily seguía ajena a todo. Continuaba con la mirada perdida, con su mente sumida en sus pensamientos. Con la idea fija de que los pájaros ya no querían ser libres, no querían serlo… sólo caían. Pero ése no… La pregunta era clara.

–¿Por qué tú no quieres renunciar a tu libertad? ¿Tú quieres volver al cielo? Pero… ¿Qué te lo impide? ¿Qué te pasa…? –mientras la pequeña Emily enunciaba estas palabras el ave comenzó a retorcerse, a convulsionarse nuevamente ante ella–. ¡Mamá! –gritó.

–Dios mío Emily… no lo toques, voy… voy a  sacarlo, no quiero que lo veáis…

–¡No! –reclamó la pequeña–, no… si lo sacas fuera se morirá como los otros, no quiero eso. Él no se quiere morir, el quiere seguir siendo libre.

–Pequeña… –Anna vio un brillo especial en los ojos de su hija y no quiso borrarlo–. Está bien, pero déjame que le busque una caja, creo que tengo una por ahí… Voy a buscarla, pero prométeme que te vas a cambiar, esa ropa está empapada.

–Si mami, pero no lo saques fuera… perderá su libertad. Se morirá…

Anna salió en busca de aquella caja, con el anhelo de recobrar un poco la tranquilidad y de poder calmar a sus hijos. Tras encontrarla volvió a la cocina y con sumo cuidado tomó al halcón y lo depositó dentro de la caja. Cubrió la caja con su tapadera a la cual le había hecho algunos agujeros a modo de respiraderos.

Emily mientras tanto se cambió. Anna preparó algo caliente para tomar. Mientras ponía a calentar la leche miró por la ventana de la cocina y comprobó con horror que el cielo estaba completamente oscuro. La lluvia fuera no cesaba y cada vez era más violenta. De repente el silencio que tan sólo era interrumpido por el ruido que hacía la lluvia al caer, fue roto por el aullido del perro de los Evans. A éste le siguieron el resto de los perros del vecindario, el sonido fue ensordecedor.

–Mamá algo malo va a ocurrir… ¿no lo sientes Sammy?

Continúa en el Capítulo 3
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