Sonrisa de canela. (Mar)

Mi mano temblaba cuando me acerqué la taza de café a los labios, el sabor amargo en la cavidad de mi boca se sustituyó por el intenso sabor a café  aromatizado con vainilla. Temblorosa, conseguí dejar la taza vacía en el fregadero, salí al salón y  Sam seguía tumbado en la blanca y cálida alfombra, impregnado de amor, relajado y dormido. 

Una hora antes su mirada, sus labios, sus manos, su risa, todo él, hizo desvanecer mi enésimo enfado. Sam era irresistible, esa manera de convencer con su tierna mirada, sus cálidos besos y sus aterciopeladas caricias, suplantaba cualquier explicación absurda que diera a los desplantes de las últimas semanas, de los últimos años.

Conocí a Sam en la cafetería en la que trabajaba. Cada mañana, yo le servía su desayuno, y cada mañana, con una pizca de canela  dibujaba una amplía sonrisa en la nube cremosa de su café. Siempre me guiñaba un ojo al dejar su taza humeante sobre la mesa, hasta que un buen día me sujetó por la muñeca para susurrarme al oído que se moría por besar mi boca,  también quería  dibujar, dibujarme una sonrisa y subirme a las nubes. Una sola pincelada bastó para sonreír en ese mismo instante, para unas horas después subir a las nubes, traspasarlas y llegar al espacio interestelar. Así es Sam, pasional y salvaje, tierno y delicado.

Unas veces, su pasión desenfrenada le convierte en un ser primitivo, y otras, la lentitud de sus caricias, de su boca aterciopelada  paseando lentamente por mi cuerpo; acariciando, besando, lamiendo, parando el tiempo hasta empaparme con su cálido néctar, hacen de él un ser tierno y delicado. Locamente, amo a los dos.

Tres semanas llevaba sin aparecer por casa, tres años haciendo lo mismo. Me tumbé a su lado, besé sus párpados dormidos y relajados tras el éxtasis de amor. Humedecí su boca con mis lágrimas, y al despertar, le anuncié que aquella era la última vez que haríamos el amor.

Huía de su inseguridad, huía de su mal querer. No hubo súplicas, ni perdones, ni propósitos de cambio, solo me pidió un último café. Lo decoré con un lágrima de canela y se lo ofrecí con una amplia sonrisa dibujada en mi rostro, sintiendo la liberación de un mal amor.

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10 respuestas a Sonrisa de canela. (Mar)

  1. montseauge dijo:

    Sensual y delicioso, estupendo Mar.

  2. Mar dijo:

    Gracias Montse, no llevo mucho en esto y es de las cosas más bonitas que me han dicho en el blog. Es estupendo que encuentres mi relato sensual y delicioso. Gracias, gracias gracias….

  3. Amargo pero dejando buen sabor de boca.
    Un estupendo café para acompañar un bello relato que da gusto saborear.

  4. Bonito, simple, sensual como ha dicho montseauge. Deja un buen sabor a canela, en un dibujo entre lágrima y sonrisa.

    • Mar dijo:

      Gracias por leer y comentar, Antonio. Me alegra que te guste, sobre todo teniendo en cuenta tu gran calidad como escritor en este blog. Saludos.

  5. Mar, en lo que llevo leyéndote es de lo mejor que has escrito, me encanta la manera como giras la hermosa imagen de la sonrisa de canela en una lagrima, pero también en una esperanza. Esa imagen tan poderosa es magnífica. Un abrazo y como dicen los españoles: ¡Enhorabuena!

    • Mar dijo:

      Gracias por leer mis relatos Sherezada, es un orgullo para mi que buenos escritores como vosotros hagáis comentarios en mis intentos de relatos. Recibe otro abrazo.

  6. manoli dijo:

    Mitad amargo mitad dulce. Muy bien escrito. Me gustó.

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