Una boda y seis Jack Daniel’s. (Carlos está en crisis)

Sí, quiero. – Dijo carlos frente el altar.

Marta estaba preciosa. Llevaban meses planeando la boda. Lo hicieron por la iglesia, como ella quería. Si fuera por Carlos habrían ido al ayuntamiento a firmar un papel. La idea de casarse nunca le atrajo demasiado, no entendía por qué dos personas que se quieren y ya llevan años de convivencia se ven socialmente obligados a recurrir al matrimonio. ¿Para qué? Si él y Marta hubieran seguido como estaban antes, si bien seguramente hubieran acabado igualmente separados, la ruptura no hubiera sido tan traumática para ambas partes. Si ya es un momento complicado en el ámbito sentimental, la sola idea de pensar en los abogados, el papeleo y el juicio acaba por convertir el trámite en un infierno.

Evidentemente esto no era lo que le rondaba a Carlos por la cabeza en el momento de decir el ‘Sí, quiero’, pero ya su subconsciente le mandaba algunas señales negativas el día de la boda. Tras la ceremonia en la Iglesia, fueron al restaurante donde tenían reservado el banquete. Al cruzar el enorme Hall recargado de adornos dorados y flores de plástico, les recibió un gran salón de bodas  de paredes color albero con las mesas distribuidas en filas. Del techo colgaban grandes y lujosas lámparas de Araña tan antiguas que parecían no funcionar. El ambiente no era demasiado luminoso, la única luz procedía de dos ventanas, una a cada lado de la estancia y unos pequeños apliques de forja negra que colgaban de la pared. El atento personal les hizo pasar y disfrutaron de un cocktail inicial con champagne y canapés varios. Tras la comida, como es costumbre en una boda, la gente empezó a hacer uso de la barra libre. Todos disfrutaban, reían y bebían sin parar, y Carlos no iba a ser menos. Tras la sexta copa de Jack Daniels, Marta le dijo que se controlara, que ya quedaba poco para el baile nupcial. El Valls empezó a sonar y arrastrado de la mano, Carlos bailó como pudo. A su falta de coordinación se le sumaron las copas de más y el resultado fue bastante desastroso. Marta acabó con los zapatos negros de que la pisara.

Dos meses antes de la boda estaba bastante indeciso. Un mes antes ilusionado. Cuando sólo quedaba una semana, muy nervioso. Ahora que por fin había dado el paso, estaba algo arrepentido. Quería mucho a Marta, de eso no dudaba, de lo que dudaba era de que una persona pudiera aguntarle a él toda la vida. Marta era mucho más extrovertida que él, le gustaba pasar los ratos libres rodeada de gente, estar en contacto constante con sus amigos e ir de visita a casa de sus padres. ‘¿Cómo alguien así ha podido terminar conmigo?’ Se preguntaba a cada trago que daba. ‘¿Qué será de nosotros dentro de unos años, cuando se acabe la ilusión y descubra lo que realmente soy?’. Mil y una dudas rondaban por la alcoholizada cabeza de Carlos.

La gente no paraba de acercarse a darle la enhorabuena. A la mayoría no les conocía, el noventa por ciento de los invitados venían por parte de la novia. Él les devolvía sonrisas falsas y un forzado ‘gracias’ que para nada sonaba acorde con el momento que vivía. Quería salir de ahí, escapar a cualquier lugar solitario para beberse la última copa y no hablar con nadie. Quería ahogarse en su mundo de alcohol y olvidar que estaba en su propia boda. Quería que todo hubiera sido un sueño, quería despertar mañana y regresar unos meses atrás en el tiempo para ser novio y no marido.

Todo esto sucedió en el año 2004, cuando ya llevaban más de ocho años juntos. En 2008 se divorciaron. Todo ese paripé, tanta tensión y nerviosismo para que el ‘sagrado’ matrimonio durara la mitad del tiempo que había pasado desde que se conocieron. Carlos pensaba que el matrimonio era una moda, un ‘si la gente lo hace yo también’, todos como borregos a subirse al mismo barco. El problema, es que ese barco casi siempre naufraga.

Más obras del autor en www.carlosestaencrisis.com
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3 respuestas a Una boda y seis Jack Daniel’s. (Carlos está en crisis)

  1. Me gustó. ¨Suele pasar eso que tan bien describes en tu relato. Suerte

  2. Mayte Sánchez Sempere dijo:

    No está mal pero encuentro que no me cuenta nada nuevo y es una pena. Las historias “normales” en las que no pasa nada extraordinario hay que aderezarlas muy bien para que, al terminar de leerlas no te quedes como antes de empezar… no sé si me explico. Ojo, que no intento desanimar sino todo lo contrario, empujar a darle una vuelta más a la tuerca creativa 🙂

    Un saludo.

  3. Tritio dijo:

    Me despierta las ganas de conocer la opinión de Marta sobre el tema de la boda y la relación…

    ^^

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