Crónica de una partida. (Joan Manuel García Paz)

 

Paco cerró los ojos, por fin,…dejó colgadas sus 3 metáforas en el limbo de los (sueños – ideas) y al filo de la madrugada se quiso entregar, exhausto, en los brazos de Morfeo. A las 6:30 a.m. el sol de Abril penetró su habitación después de besar a las rosas en el balcón y le dio a su rostro macilento aspecto seráfico salpicado de sepias y tenues dorados. La ventana entreabierta  no solo le mecía las cortinas y le compartía los trinos de los pájaros madrugadores, también le enfriaba los pies y le acentuaba el ruido del despertador que de pronto dejó su monocorde tic-tac y empezó su parafernalia alborotándole a Paco los últimos deseos de un sueño agitado.

     Se levantó, fue directo a la cocina por el primer café del día y se lo cargó más que de costumbre, la ocasión lo ameritaba. A las 8, se estaba anudando la corbata de lunares y la imagen en el espejo no lo complacía del todo…los ocres alrededor de los párpados le daban el aspecto de pre difunto. Sin embargo, no se amilanó; tomó las llaves y salió a enfrentar al destino.

     Fue un día sui géneris. El almuerzo lo sorprendió en la oficina en una conversación con un editor persuasivo  al calor de 2 cafés con bocadillos. A las 3, intentó comer en el restaurant de la plaza con un amigo poeta trashumante que como él, tenía 5 o 6 libros en sueños y proyectos y uno solo en alguna Editorial preparando la maqueta. El resto, solo ideas colgadas en los insomnios y en el polvo alucinante de los futuros. El tiempo se les fue en la charla, picó apenas la sopa y no pudo llegar al plato fuerte, optó por un café, un coñac  y un cigarro de esos a los que se les desprenden las virutas y marean al más pintado.

     Su tarde transcurrió entre memorándums y despachos y a las 8 en punto de la noche se encontraba en el ascensor de su edificio prodigando sonrisas fingidas a los que como él habían desprendido una hoja más a su calendario laboral. Se duchó y ocupó su rincón favorito, ahí junto al balcón en su mecedor de mimbre y mientras descolgaba las 3 metáforas que dejó en el limbo la noche anterior disfrutó su enésimo café con ínfulas de sibarita. Escribió y escribió… pasaron las horas hasta que el lejano silbato de un tren le restregó en los ojos la hora en el reloj de pared junto al Van Gogh: las 4:00 a.m.

_ ¡Puta madre!, dijo.

_ Otro día más sin dormir. Y cayó en la cuenta de que no era otro día, eran ya 40 días escribiéndole  al viento inefable de sus remordimientos.

     No importa, pensó, ya habrá tiempo para ello cuando termine la novela. Guardó las 3 metáforas de siempre  e intentó conciliar el sueño, esta vez no pudo; su despertador le hizo brincar de la cama cuando estaba absorto, con los ojos fijos en el techo viendo copular a dos arañas. Casi zombie, se duchó y se vistió con cualquier cosa, se le olvidó peinarse pero no su café que apuró de grandes sorbos camino a la puerta. En la oficina lo miraron raro, ojos rojos, tez amarillenta y movimientos autómatas.

_ ¿Qué  le pasa a Paco?, dijo alguien. Los demás se encogieron de hombros.

_ De por sí es medio raro,

_ Ya sabes, tal vez sea la andropausia, concluyó otro.

Y cada quien acometió su labor sin pensar más en ese hombre introvertido, transeúnte de una vida que para el gremio debía ser un tanto excéntrica.

_ ¿Gusta su café como siempre? Preguntó la secretaria entreabriendo la puerta.

_ ¿Eh? Ah, sí…gra#%$ci ,murmuró algo ininteligible.

Se  lo tomó de un sorbo.

     Le sorprendieron las 3 de la tarde sin haber probado bocado, a las 4 mordisqueó unas galletas olvidadas por alguien y canceló todas sus citas vespertinas. Se fue a su refugio, al sillón de mimbre y a su solitario verbo, ahí le llegó la noche trazando en el aire movimientos inusitados que sorprendían al pez gato en la pecera. Agotó hasta la última taza de café y su tabaco turco terminó por estragarle el paladar. Intentó dejar colgadas las 3 ideas siguientes en el lugar de siempre, pero no pudo…no durmió, solo dejó correr el tiempo que faltaba para que el despertador le revolviera el estómago con su estridencia premonitoria. No se bañó, solo se mudó y se presentó por equivocación en la editorial y no en su oficina. El Sr. Mendoza lo recibió de buen talante y le prometió que en una semana tendría las cubiertas y empezaría el trámite del ISBN, Paco asistía a todo como un cordero atónito, asintiendo con descaro a cada frase de su interlocutor que lo encontró más dócil y cooperativo que nunca, así que le invitó el primer café de la mañana en la hostería de la esquina. Cuando Paco llegó a casa al medio día, su celular no cesaba de timbrar  y en la contestadora  tenía 10 llamadas perdidas, pero Paco, ya no estaba para llamadas, saludó  de mano al perchero, se tomó por equivocación el antibiótico café  que había comprado para la pecera y empezó a contarle al pez gato que su próxima Novela versaría sobre las plantaciones de café y tabaco de la Norteamérica colonial, que un tal Sr. Mendoza le ayudaría a descolgar las ideas que dejaba siempre en la línea divisoria de los sueños y que de ahí en más, lo único que quería… era poder dormir…decansaaaaar, dormiiiir…

      Lo encontraron al tercer día en su sillón de mimbre, sus labios dibujaban un ligero rictus de felicidad, su rostro estaba cubierto de una rara, corta y tupida  barba café, en su mano izquierda tenía una hoja llena de extraños símbolos que alguien descifró como poemas en  latín y en su mano derecha, la última taza de un café reducido a melaza…que bordeaba el perímetro de sus dedos crispados que se aferraban en rigor mortis, como siempre…a la leve esperanza del ser.

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5 respuestas a Crónica de una partida. (Joan Manuel García Paz)

  1. aprendiz de poeta dijo:

    El escritor obnubilado(enajenado)por su siguiente publicación,Un lugar común magistralmente tratado,me parece.Ese final es estupendo.

  2. MayteSanSem dijo:

    Me gusta bastante, aunque me tropiezo en algunas frases que no fluyen al ritmo de lo demás. Pero me gusta, el tema, la forma de contar… como dice “aprendiz de poeta”, a pesar de ser un lugar común, has conseguido que interese y eso es un gran mérito.

    Un saludo.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Muchas gracias Mayte,me encanta que visites y me hagas este tipo de observaciones.Saludos cordiales.

  3. Joan Manuel García Paz dijo:

    Muy amable MayteSanSem, agradezco las sugerencias que siempre tomo en cuenta.Un abrazo.

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