Sueños… en el cafetal (Joan Manuel García Paz)

Al amanecer, Juanjo toma su tenate y su sombrero, se despide de su mujer y sale a enfrentar su destino. La niebla y un vientecillo atípico  le acarician el rostro prematuramente curtido por sus 27 viajes alrededor del sol, el sudor y la intemperie. Cuando su mujer y sus hijos le alcancen en la finca, deberá llevar cortados aproximadamente 20 Kg. de café.

      A las 9:00, los papanes y los Sanjuanicos le avisan con su alharaca que viene gente, deja un momento su labor, se aparta un mechón de cabello, asoma hacia el cielo, y mira al sol entre las nubes que  le indica la hora:

_ Las 9,- dice; mientras seca su frente perlada de sudor.

El primero en llegar es “cochiloco”, que brincotea por entre las matas  y los henecuiles, atrás viene su familia con  la comida para almorzar todos juntos; en medio de la finca, con un concierto de calandrias y cigarras. No hay tiempo para sobremesa. Pronto, la familia en pleno acomete su labor, desprenden las alegrías pintadas de colorado con cuidado para no maltratar a las plantas. Los niños no tienen tiempo para distraerse con las mariposas tronadoras que revolotean entre los árboles aledaños ni con las iguanas que verdean entre los altos hormigos.

      No, ellos son niños diferentes, adultos prematuros que saben que la bonanza de la cosecha depende de llenar lo más pronto posible su tenate con esas ovaladas frutillas enmieladas que han aprendido a no morder a pesar del antojo, para no padecer de una tos inoportuna.

      Sus dedos hábiles parecen bordar…suben, bajan y hacen señas al verdor alucinante y al milagro de la vida que se respira en cada rincón de la finca repleta de insectos y florecillas silvestres. Son dedos que debieran estar a esa hora en la escuela destrenzando quimeras y revoloteando sueños al abrir sus libros. Sin embargo ,están ahí, suspirando futuros y sembrando artritis.

      Deben aprovechar los meses de la cosecha. Al final del día, la familia entera podrá cobrar a $ 2.00 cada kilo de café que corten y si se apuran, volverán a casa con algo más de $200.00…la Naturaleza es pródiga y de Octubre a Enero reunirán lo suficiente para comprar un par de zapatos para cada uno.

      Juanito, el más pequeño, de 8 años; sueña con ir a la escuela del pueblo, a 4 kilómetros a pie, sobre el camino que bordea el impetuoso río de allá abajo. Por las noches, sus dedos ennegrecidos y enmielados por el “corte” trazan en una libreta amarillenta, dibujos y signos que le dicta su intuición. Espera impaciente la llegada del nuevo ciclo escolar, para ver si esta vez lo inscriben a 1er grado. Su hermano Javier, de 12 años es un rudo transeúnte de los designios rurales, la pubertad le adelantó el futuro y con voz enronquecida por las endorfinas  le cuenta historias y mitos de aventuras sexuales imaginarias mientras afuera ambientan la noche los laúdes de los grillos y los banjos de las ranas que le claman a la lluvia. Los dos hermanos, separados no solo por su catre de dormir, sino por sus disímbolos sueños y esperanzas, miran entre las hendijas del techo, la maravilla del combo celeste tan bajo y oscuro, que podrían tocar con sus dedos y emular el arte de cortar café con las miríadas de estrellas anaranjadas que titilan en su alma de niño que se desangra entre la rudeza del jornal y el alma que les late aún,en sus escuálidos pechos.

      Saben que al día siguiente, al alba; su padre se irá a su destino firmado desde el día  que nació, que uno de ellos irá por agua, mientras el otro acarreará la leña de todos los días. Que a las 9, las aves le avisarán a su padre que están llegando a la finca, que el día se les escurrirá entre los dedos espantándose los zancudos y sudando mares trepados a una mata de café haciendo malabares con sus sueños. Que su madre hará mutis a la hora de estirar los jitomates y los chiles para que alcancen para comer , y “molerá” las tortillas en el comal con amor suficiente para llenarles los estómagos. Que con el último sol reticulándoles las espaldas por las persianas de un cocotero, regresarán a casa con “cochiloco” al frente espantando las mariposas .Y al final, exhaustos y con las manos callosas y ennegrecidas habrán cumplido su labor una vez más para que muy lejos de allí…gourmets y mercaderes monten su parafernalia y sus marketing  y vendan una taza de café a un precio muy  alto, pero que no pagará su sudor ni sus lágrimas, y mucho menos los juegos prohibidos que se quedarán allá, entre la sombra del cafetal, las estrellas en el techo y los sueños que a ellos…les arrancó el destino.

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15 respuestas a Sueños… en el cafetal (Joan Manuel García Paz)

  1. aprendiz de poeta dijo:

    Bueno,creo que sobran un poco las palabras para manifestar mi sentir.has logrado calar hondo con este relato,que por otra parte es tan verídico como poético.Felicitación para vos amigo.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Gracias aprendiz,perdón por contestar hasta ahora,pero no había visto que era posible.Un abrazo.

  2. manolivf dijo:

    Me ha gustado tu relato, Joan Manuel. Ese café que llega hasta nosotros guarda muchas historias… Bellamente escrito. Felicidades. Un saludo.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Hola manolivf,gracias por leer y comentar,la verdad que sí, el café es una larga historia de esfuerzos en su procesamiento.Un abrazo.

  3. Pingback: La herencia de luz. (Manuela Vicente Fernández)Publicado en 27 abril, | lascosasqueescribo

  4. Mayte Sánchez Sempere dijo:

    Esta bastante bien. Le encuentro, eso sí, unos cuantos “estorbos” que desentonan con el conjunto: 20 Kg., 9:00, $ 2.00, $200.00, 1er grado… resultan demasiado fríos, nada que ver con el estilo del texto.

    Un saludo.

  5. Mar dijo:

    Enhorabuena, es precioso, haces que la cruda realidad sea poesía.

  6. Me gustó el ritmo, y el uso de las palabras, pero el último parrafo no se… personalmente no me gusta el hálito de moraleja, creo que podrías encontrar la forma de hacerlo más critico y más poetico sin que rompa el ritmo delicioso que llevas en todo el relato.

  7. Un relato agradable y con mucho sabor. Un placer leerte

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Muy amable Antonio,créeme que tus relatos me encantan y entonces tu visita me motiva.Un abrazo.

  8. JESUS dijo:

    ME HIZO RECORDAR AQUELLOS TIEMPOS DE MI NIÑEZ, EL VER A LOS ADULTOS EN LAS LABORES DE LAS FINCAS DE CAFE, MUY BONITO…

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