Un café como cualquier otro. (Jorge Mirarchi)

Como si del café se tratara, o del azúcar agregado y no de esos 30  comprimidos blanco amarillentos que se diluyen invisibles, en el fondo. Como si de su presencia, tardía y malhumorada se tratara y no de esa necesidad de verle que persiste más allá de toda lógica.  Como si importara algo lo que le pedís al mozo solícito que se acerca a tomar tu pedido, whisky doble en las rocas, como si mi café humeante, traído por el mismo mozo no importara, allí abandonado y solitario.  Ese café que solíamos pedir juntos “dos cafés, uno suave, por favor y bien calentitos”, con las piernas entrecruzadas bajo la mesa, ya no importaran.

-¿Querías verme? –dijiste en el momento en que el mozo se retiraba con el pedido.

-No es precisamente lo que dije por el teléfono? –te contesté mirándote a los ojos, que rehuían mi mirada como últimamente habías comenzado a hacer.

-Bueno, aquí estoy. Creí que había quedado todo suficientemente aclarado.

-Sí –dije sabiendo exactamente que iba a decir eso.

El calló mientras aprovechó para sacar un paquete de cigarrillos , elegir uno que puso en su boca y convidarme.

-No –dije- sabés que lo dejé y ya no voy a volver…-quién sabe a lo que no iba a volver pero él rápidamente dijo:

-Nunca se sabe. – con una sonrisa que ahora, por fin me atreví a calificar de4 malévola.

-Te lo puedo asegurar.

Volvió el mozo con el whisky. El usó el dedo índice para revolver los cubos, cosa que  sabía que yo odiaba que hiciera. Así era la cosa, no ignoraba que todos estos detalles que me iba a refregar cuanto pudiera, estaban en la lógica de la situación, pero, dicen, el fin justifica las ofensas gratuitas.

-Brindemos –propuse.

-¿Con eso? –rió él.

-Cada uno con lo que puede.

-¿y por qué brindamos?-quiso saber.

-Por la vida, por supuesto, por la vida…-le respondí sin vacilar y me tomé el café tibio de un solo trago.

-Fondo blanco –rió él dando un pequeño sorbo a su vaso. No sé si reía por el brindis o por lo del fondo blanco.

-Sí –dije  mirando el resto color dulce de leche del fondo de mi taza. Nada que llamara la atención.

Muy pronto, un par de minutos, cinco cuando mucho, iba a tener lo que buscaba, muy plenamente, aunque en una forma diferente de lo que él había planeado.

¿Valía la pena?

Más obras del autor http://arcilladepalabras.blogspot.com.es
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3 respuestas a Un café como cualquier otro. (Jorge Mirarchi)

  1. Joan Manuel García Paz dijo:

    Muy bien detallado.El final deja a la imaginación volar.Suerte Jorge.

  2. aprendiz de poeta dijo:

    Podría decir que es como el relato de un reencuentro o de una despedida,quedaron puntos suspensivos al final………..Me gustó.

  3. Pingback: La herencia de luz. (Manuela Vicente Fernández)Publicado en 27 abril, | lascosasqueescribo

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