El olor a café. (Mª Angeles Millán Pérez)

Las gotas de lluvia golpeaban el cristal de la ventana tan fuerte, que parecían piedras lanzadas desde la calle. Susan ya estaba levantada. Se acerco a la ventana y miró hacia la calle. Se envolvió en su bata y contempló a las pocas personas que a esas horas caminaban por la calle intentando resguardarse del temporal. Se vistió, se puso el abrigo y cogió el paraguas, lista para empezar un nuevo día.

Camino del trabajo pasó por la puerta de uno de los pocos bares que estaban abiertos. El olor a café recién hecho, hizo que mirase su reloj, “Las 8 menos veinticinco, aún tengo tiempo de tomar un café”-Pensó complacida.

Entró y se sentó en una mesa cerca de la ventana. Le gustaba ver caer la lluvia.

-¿Qué desea?-Preguntó el camarero con amabilidad.

-Un café por favor-Dijo de inmediato.

Sacó un libro de su bolso. Siempre lo llevaba y cualquier ratito libre era una buena ocasión para leer.

Ella no se había dado cuenta pero, sentado a la barra había un hombre que no dejaba de mirarla. Se levantó y caminó decidido hacia ella:

-¿Me permites que me siente a tu lado?-Preguntó una voz profunda.

Susan se sobresaltó, apartando los ojos de su lectura y topándose con unos ojos negros:

-¿Nos conocemos?-Preguntó Susan pensativa.

-Creo que no-Respondió con una gran sonrisa- Estoy de paso en la ciudad.

-Por favor, puedes sentarte-Le dijo quitando el bolso de la silla que estaba al lado.

-¿Cómo te llamas?-Preguntó mirándole a los ojos.

-Susan, y tú?-Preguntó a su vez.

-Juan Pedro. Voy camino de Barcelona y me despertó la lluvia. Así que decidí tomar un café. Ahora veo que fue una buena decisión-Comentó en tono afable.

-Yo voy camino del trabajo-Dijo Susan un poco ruborizada-el olor a café me hizo pararme y aquí estoy.

Aquel café duró horas. Llamó a la oficina para avisar que llegaría un poco más tarde. La conversación dio paso a confesiones, a risas, a miradas y a una cita para esa noche en un restaurante cercano.

Susan salió del trabajo excitada por la emoción. Llegó a casa, se duchó, se puso su mejor vestido y salió camino del restaurante.

Al llegar, él ya la estaba esperando.

-Hola Susan, que guapa estas-Dijo acercándose y besando su mejilla.

-Muchas gracias-Dijo ella con una sonrisa tímida.

Cenaron entre risas, una buena conversación…y la botella de vino hizo el resto. Dos horas después estaban haciendo el amor en una habitación de hotel.

-Debo irme a casa, mañana tengo que madrugar-Dijo Susan mirándole a los ojos y acariciando su mejilla.

-Te acompaño-Dijo él besando su mano.

Caminaron lentamente y al llegar al portal, él cogió las manos de ella:

-Espero que el olor a café te traiga mi recuerdo. Se acercó y la besó.

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