Imágenes gustativas. (Alfonso L. Tusa C.)

Un sonido seco derramaba partículas de polvo mezcladas con hojas secas por la rampa del toldo de lona. Demetrio bajaba y subía de la silla de cuadros y rombos embutidos en semicuero anaranjado. Ivette corrió al fondo del comedor y apretó una tecla. La aguja roja del radio se movió hacia el extremo derecho de la pantalla verde con numeros amarillos. “Groovin, on a Sunday afternoon…really couldn’t get away too soon…I can’t imagine anything that’s better…” Regresó girando los brazos a cada lado del cuerpo entre los círculos amarillentos que el sol colaba entre la palmera del fondo. Intentó cortar triangulitos con la clara de un huevo frito. Demetrio arrugó las mejillas y levantó la mirada hacia el toldo. “Mamá ¿ese es un pajarito que está picoteando la lona?” Ivette persiguió la boca del niño con varios triangulitos inmersos en miga de arepa.

Demetrio se metía debajo de la mesa y corría agachado hasta alcanzar la jardinera y saltar entre los helechos. Mira que si dejas de desayunar no iremos al tobogán ni los columpios. Los ojos brillaban entre los helechos y el niño reaparecía en el pasillo que daba al comedor. Ven para que pruebes este manjar que te preparó mamá. Ivette hundió el cuchillo sobre un aguacate con dimensiones de bola de billar. Demetrio ensayaba saltos al ritmo de: “The world is ours whenever we’re together. There ain’t a place I’d like to be instead off…Groovin”. Ajá, ¡no sabía que te gustaba esa canción! Las patas de la silla chirriaron sobre el granito. Demetrio tenía los ojos soldados al amarillo profundo que brotaba de la cáscara verde que Ivette despegaba de la fruta sobre la porcelana asiática. Estiró la mano y se embadurnó los dedos de crema de esmeralda y oro.

“Pero mamá ¿por qué tengo que comer si me siento muy bien corriendo y viendo a los pajaritos meterse en la jardinera y sacar lombrices y cucarachas?” Ivette arrugó los ojos. El esmeralda se resbaló hasta el antebrazo y el oro revoloteó entre sus dedos. Dio un mordisco en el aire y tragó varias burbujas del aire que bajaba del toldo. Buscó los ojos de Demetrio y le mostró como embutía varios trozos de aguacate dentro de la arepa a la que había arrancado crujidos de concha tostada con sus manchas oscuras atenuadas por un rayo de lata de sardinas perforada con martillazos de clavos de media pulgada. Cada mitad sin una miga de masa extraída y unidas al fondo por el único trazo del círculo sin cortar. Levantó una mitad, al momento de juntarla con la otra, Demetrio soltó las hojas de helecho y abrió la boca. Aquel contraste de colores impregnaba de luminosidad sus pupilas.

“No, no me gusta la planta. Eso es verde. Las plantas son para jugar”. Ivette miraba las manchas blancuzcas en contraste sobre el verde oliva del toldo. Mordió la arepa y suspiró hasta que se inflamó todo su pecho. “¡Ah, que sabrosura! ¡No sabes de lo que te pierdes Demetrio! ¿Sabes como llama tu abuelo a los aguacates?” Demetrio detuvo sus pasos tras una rana que saltaba debajo de la palmera. Entrecerró los ojos y saltó a las rodillas de Ivette. Varias migas de arepa impregnadas de esmeralda y oro rodaron sobre el vestido de algodón crudo. “¿Seguro que sabe sabroso mamá? ¿No es una trampa tuya?” Miraba de reojo hacia la jardinera y tragó saliva varias veces. “Dame un pedacito de arepa pero sin aguacate”. Demetrio masticó y se llevó otro pedazo de arepa a la boca. “¿Eso que sabe como a chocolate verde es el aguacate?” “¿De qué hablas Demetrio? Eso de chocolate verde nunca lo había escuchado”.

El niño soltó un pedazo de arepa sobre la mesa y corrió detrás de un ruido lacerante al otro lado de la jardinera. Una iguana se engrinchaba ante las zarpas del gato de la casa, varios saltos en círculo y dos coletazos del saurio hicieron que Demetrio saltara hacia atrás. Seguía cada paso del gato y también los movimientos cautelosos de las patas verdosas de la iguana. Intentó compaginar aquella danza con el ritmo que venía del radio del comedor, y logró sacar tres silbidos nítidos. “There’s always lots of things that we can see.We can be anyone we want to be. And all those happy people we could meet just . . .Groovin’ . . . on a Sunday afternoon”. La alegría de sus primeros silbidos lo hizo correr a abrazar a Ivette. Dame un poquito de chocolate verde. Primero lo maceró entre los labios. Luego agarró otro pedazo de arepa. Cuando se juntaron las dos texturas, Demetrio gritó, esto es mejor que ver la pelea del gato y la iguana.

Mordía la concha de la arepa, el sabor amargo de las zonas quemadas degradaba en el dulzor de la mantequilla esmeralda que gradaba a un amarillo que exasperaba todas las papilas de la lengua. Mamá, ¿Cómo hiciste para descubrir este sabor tan rico? Por primera vez saboreaba repetidas veces, hacía rato que el aguacate había desaparecido en su paladar y buscaba el plato. Apenas quedaba un pedacito de aguacate y una esquina de arepa. Ahora lloraba porque le dieran más desayuno. Ivette echó la cabeza atrás en la mecedora. Pero bueno Demetrio ¿quién te entiende a ti? Si quieres más arepa vas a tener que esperar que haga otra. Demetrio se escondió detrás del pilar frente a la jardinera. Me quiero comer el aguacate sólo. ¿Te vas a tardar mucho haciendo esa arepa? Ivette sonrió, si pero recuerda que sólo con la arepa el aguacate tiene ese sabor.

Caminó infinitas veces del comedor a la cocina. Demetrio miraba la mitad del aguacate sobre la mesa. Lo tocaba, acercaba sus dientes a la textura suave y fría de la fruta. El olor a quemado describió un muro entre su respiración y la mantequilla de envase esmeralda. Saltó de la silla y se acercó a la hornilla hasta que pudo ver la cara ilustrada de manchas negras de un lado de la arepa. Ivette le señaló el patio. Espérate hasta que la tenga lista. ¡Anda a jugar! Desde el comedor llegaba con más volumen la canción que lo terminó de convencer a salir a jugar, aunque en el paladar burbujeaba aquel sabor tierno que raspaba los tejidos más sensibles de sus encías. Y sonreía, parecía que en ningún otro juego había disfrutado tanto una sensación como ahora, y esta la podía repetir cuantas veces quisiera, cada vez que hubiese un aguacate en casa, lo demás corría por cuenta de su gestión para que Ivette le hiciera una arepa.

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9 respuestas a Imágenes gustativas. (Alfonso L. Tusa C.)

  1. aprendiz de poeta dijo:

    imágenes y sabores,letras para que nos regales.Gracias,muy lindo.

  2. Ángela dijo:

    Este relato es una delicia: colores, olores y sabores se confabulan para crear una escena perfecta. Lo he leído con una sonrisa en la cara y eso me ocurre cuando la lectura, además de amena, me resulta enternecedora. Precioso, muchas gracias por compartirlo conmigo.

  3. MayteSanSem dijo:

    Qué cosa tan sencilla y al tiempo tan especial: descubrir un nuevo sabor. Me ha gustado mucho, tiene un tono de selva y calor que me encanta.
    Un saludo y suerte.

  4. Eva Olave dijo:

    Curiosidad, entusiasmo, la creatividad de la infancia, te has adueñado de lo mejor de la vida para regalarnos el placer de este relato. Gracias

  5. yoo anonima dijo:

    como se llama la poesia??
    gracias.

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