La venganza de Etelvina. (Santo Alcibíades)

Etelvina hacía cálculos: las estadísticas indicaban que las mujeres vivían un promedio de siete años mas que los hombres, por otro lado Robustiano le llevaba nueve y, lo mas interesante, comía, tomaba y fumaba como un beduino.

Tarde o temprano lo tendría a su merced, postrado en una cama o imposibilitado y entonces… Etelevina se vengaría metódicamente de todos los años de sufrimiento que le había proporcionado; si hasta una noche el viejo cerdo, muy borracho, había pretendido meter a una jovenzuela degenerada en su propia casa, ella reaccionó y echó la chica a escobazos pero la anécdota al otro día ya había recorrido el pueblo. ¡Dios! cuanta humillación, sólo la venganza que se había prometido mantenía el ánimo de Etelvina.

Sin embargo un frío día de agosto sus esperanzas se diluyeron: a las nueve de la noche le avisaron por teléfono que Romualdo había muerto en el club mientras jugaba una partida de póker.

-¡Viejo atorrante! -gritó Etelvina desesperada -¡Finalmente ganaste! -y se encerró en su dormitorio a llorar desconsoladamente. Nadie supo que no lloraba de pena sino de rabia. Luego del velatorio depositaron a Robustiano en la bóveda de los Algañaraz junto a sus padres y un hermano.

Etelvina, en lugar de recluirse como se esperaba en el pueblo y luego de solucionar la papelería con el Escribano Ramallo vendió el campo, unos galpones que estaban en el pueblo y la casa y se fue a vivir a Buenos Aires son despedirse de nadie, ni siquiera de la familia de su marido.

Dos años después Etelvina regresó sorpresivamente al pueblo acompañada por un atildado caballero, alto, de enmarañada cabellera color castaño claro, unos impresionantes ojos verdes y por lo menos treinta años menos que ella. Se instalaron el Hotel Grand Palace, recientemente inaugurado, y pasearon por las calles céntricas del pueblo tomados del brazo. A la tarde concurrieron a la confitería La Armonía y tomaron té con masas mientras se miraban con arrobamiento. Etelvina contestaba los saludos con una breve inclinación de cabeza.

A la maña siguiente concurrieron al cementerio y siguieron haciéndolo durante los días subsiguientes. Dos semanas después una ola de rumores recorría el pueblo sobre las sorprendentes y largas visitas de la viuda y su gigoló -así le decían al caballero- a la bóveda de Romualdo. Las sospechas se hicieron necesidad y alguien encomendó al sereno del cementerio que espiara a la pareja.

Al día siguiente el sereno, demudado, contó en el club, ante el horror generalizado, que Etelvina obligaba al joven caballero a hacerle el amor sobre el cajón mortuorio de Romualdo. Agregó que el tipo protestaba y decía que no le gustaba esa locura y hasta cuando duraría esa situación y ella le gritaba que se callara, que ya le avisaría ella hasta cuando y que si no le gustaba que se volviera a la casucha de donde lo había sacado.

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6 respuestas a La venganza de Etelvina. (Santo Alcibíades)

  1. Muy buena historia. Me ha gustado ese humor negro, pero me queda una pregunta ¿Robustiano o Romualdo? aunque no cambie mucho la cosa…;) saludos.

  2. Joan Manuel García Paz dijo:

    Tremenda venganza….suerte Santo y saludos.

  3. ¡Muy bueno! Fino sentido del humor. Me ha divertido y me ha hecho reír. Felicidades

  4. Eva Olave dijo:

    Genial! Todo un personaje nuestra Etelvina. Me he sorprendido, me he reido, he disfrutado con la elegancia del texto. Vamos, una joyita. Gracias por compartirlo

  5. manoli dijo:

    ¡Pobre Robusmualdo! ja ja…estupenda historia. Me encantó.

  6. Ana Calabuig dijo:

    Debemos repasar bien los relatos antes de enviarlos. Robustiano o Romualdo, da lo mismo pero si no se repasa da la sensación de dejadez, de dar poca importancia a nuestro trabajo, aunque sea un entretenimiento. Por lo demás, lo encuentro entretenido.

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