Adiós odio, hola vida. (Vanesa Diego)

Es curioso cuán diferentes se aprecian las cosas en el momento que tomas distancia sobre ellas. Parece increíble echar la vista atrás y recordar ciertas situaciones que forman parte de nuestro pasado. No nos reconocemos, porque ahora, en este preciso momento, sin duda, no permitiríamos volverlo a vivir.

Recuerdo el día en que nos conocimos como si fuera hoy. Él era tan amable y cariñoso, tan atento y detallista, que me embelesó en pocos días. Yo era una chica soñadora, que a menudo imaginaba mi futuro al lado de un príncipe azul, guapo y romántico, que me trataba como una princesa, llegando a ser una pareja perfecta, sin demasiados problemas y una vida ideal.

Cuándo él apareció, estaba convencida de que había encontrado a esa persona con la que tanto había fantaseado y que tantas horas ocupó mi mente. Dormía poco, sentía un nerviosismo en mí durante todo el día y mis pensamientos se centraban en los momentos tan bonitos que íbamos compartiendo. Me quedaba ensimismada fácilmente y mis amigas no hacían más que decirme que me estaba enamorando.

Y después de una época de feliz noviazgo, llegó la boda. En la luna de miel nos fuimos de crucero por las islas griegas. Ciertamente, fue maravilloso todo lo que vimos. Pero algo en él empezó a cambiar. Fue muy leve, pero me desconcertó.

– ¿Por qué te has puesto ese vestido tan corto? No te das cuenta que ninguna chica va así. Anda mira a ver si tienes otra cosa, vas haciendo el ridículo -decía con el ceño fruncido y transmitiendo odio en su mirada.

– Pero cariño, si es un vestido normal. Hace calor y tampoco voy a ir con pantalones largos. Me voy a asfixiar -no entendía muy bien ese comentario.

– Si, hace calor, pero tampoco para ir así. Ponte algo más largo anda…

Me quedé pensativa, y entre mi confusión y desconcierto al momento estaba cambiándome de ropa. Al rato ya ni me acordé, vivía en una ilusión con mi príncipe azul y pensé lo mucho que me quería y me valoraba, que hasta se preocupaba por la ropa que llevaba.

Pasó la luna de miel, y como ese, hubo algún comentario más. En el instante en que sucedían me extrañaban y de alguna manera me molestaban un poco, pero los olvidaba rápido y seguía en mi nube de amor.

Comenzó nuestra convivencia y progresivamente esos momentos fueron a más.

– ¿Qué todavía no has empezado a hacer la cena? Sabes que llego siempre a esta hora, cansado de trabajar y con hambre. Sólo trabajas por la mañana, tienes toda la tarde libre y no te dignas a tenerme la cena hecha. De verdad que eres una inútil, no sirves para nada.

– Pero si no he parado, he ido a la tintorería a llevar tu traje, luego a la carnicería, que había una cola inmensa, después…

– ¡No me interesa dónde has estado! Espero que sea la última vez que llego y no está la cena. Punto y final -sus ojos brillaban, otra vez, de ira y desprecio.

Cada día me sentía peor. Empecé a darme cuenta de que me encontraba triste y desilusionada, ya casi no quedaba con mis amigas a tomar el café de todos los jueves, ni a los cursos de natación, apenas dedicaba tiempo para mí. Me miraba al espejo y veía como mi rostro no reflejaba alegría ni bienestar. No tenía ganas de maquillarme, ni de ir a la peluquería, ni de cuidarme. ¿En realidad era así la vida de casada? Contaba con que hubiera problemas, discusiones o enfados, pero también creía que tu pareja, con el que has elegido compartir tu vida, debía tratarte con respeto, valorarte y mostrarte que eres importante para él. Yo eso lo viví en el noviazgo, pero poco a poco se esfumó, y llegó un momento en que sentí que no valía para hacer nada, que era fea y debía ir siempre tapada, y que mis obligaciones en casa y con mi marido las tenía que cumplir, estuviera enferma, cansada o no tuviera horas al día para hacer todo.

Sentía frustración e impotencia, porque luego venían los arrepentimientos y los perdones, los ramos de flores y las cenas con velas, y por eso seguía apostando y creyendo en esa persona que me enamoró un día, que me hizo sentir como una princesa hace tiempo. Pero al poco tiempo volvían sus impertinencias, sus comentarios dañinos y su odio en los ojos. En esos momentos me daba cuenta de que nada había cambiado.

Ahora me encuentro aquí, después de un año sin él, escribiendo un diario de mi vida. Sólo quería hacer este pequeño resumen de aquella época tan nefasta para ahora añadir todo lo que me enseñó y definirme de nuevo, porque obviamente, soy otra mujer. Otra mujer que sabe que dentro del amor no tiene cabida la falta de respeto y el odio, ni los insultos ni los menosprecios, porque eso sólo genera rabia en tu interior y que la gente huya de ti. ¿De qué sirve tratar mal a quien quieres? lo que vale es cuidar las relaciones y, si en algún momento te equivocas, rectificar, pedir perdón e intentar no cometer el mismo error. Eso es el aprendizaje de la vida, eso es crecer…

Tengo muy claro lo que quiero en mi vida y, por supuesto, las personas que deseo tener cerca. Busco la alegría de vivir, el disfrute de cada momento, por insignificante que parezca. Deseo ir más allá, salir de mi zona de confort y conocer otros mundos, otras personas, otras culturas. Cuido a los que me cuidan y hago todo lo posible por no perder ese vínculo que hace que me sienta bien, que me sienta querida, porque en la vida todo es dar y recibir, dar y recibir… Yo también me quiero y me cuido, me acepto y me valoro, y si algo está en mi mano cambiar, lo intento cada día, aunque me tropiece unas cuantas veces. ¿Por qué darle importancia a las cosas que no la tienen? ¿Por qué pasar malos ratos con algo que es insignificante? Le doy importancia a lo bueno y disfruto de ello. Y si algo malo me sucede, saco el aprendizaje y lo meto en mi mochila, la mochila de la vida, que voy llenando poco a poco. Y si pesa, cojo otra y la empiezo a llenar, porque lo que tengo claro es que nunca dejaré de aprender.

Creo que esté puede ser un buen final para mi comienzo de este diario del vivir.

Hasta pronto…

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Adiós odio, hola vida. (Vanesa Diego)

  1. ana amigo dijo:

    Espero que no haya sido una vivencia personal tuya.

  2. Vanesa Diego dijo:

    Afortunadamente no.. Pero me gustaría que las que lo hayan vivido acaben con ese punto de vista final 😉 Ojalá este estigma social un día acabe. Un saludo!

  3. ana amigo dijo:

    Mejor que no lo hayas vivido, de verdad que la gente que lo sufre o lo ha sufrido me dan mucha pena, como es un relato contado de manera tan realista pues me hizo pensar que tú a lo mejor hubieses pasado por eso, pero me alegro que no te pasara, un saludo también para ti.

  4. aprendiz de poeta dijo:

    Un gran aprendizaje ñuy bien reltado.gracias y suerte

  5. Eva Olave dijo:

    Excelente. Se puede dejar atras el sufrimiento, nos debemos esa eleccion.

  6. Vanesa Diego dijo:

    Gracias. Eso pretendía, reflejar que está en nuestras manos buscar lo bueno en nuestra vida. Saludos!!

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s