El doctor Reinhardt. (Santo Alcibíades)

La tenue llovizna helada sobre París brillaba en los faroles amarillentos mientras la gente desarrapada salía en silencio del oscuro portal bajo la mirada atenta de los alemanes enfundados en largos abrigos de cuero negro. Cruzando la calle estaban los soldados de las SS hablando distraidamente entre ellos y unos metros mas allá el Capitán Dieter Reinhardt permanecía impasible con la mirada perdida en el empedrado húmedo y resbaladizo.. Una anciana encorvada no lograba subir al camión alemán y el hombre de la Gestapo miró al Capitán pero no recibió respuesta alguna.

-Capitán Reinhardt…

El oficial seguía abstraído.

-¿Reinhardt? -dijo de pronto la anciana con voz temblorosa aunque fuerte- yo conocí al Doctor Reinhardt….

El Capitán levantó la vista y enfocó a la anciana.

-¿Has dicho Doctor Reinhardt?

-Eso he dicho, Doctor Dieter Reinhardt y lo he recordado sobre todo porque era muy parecido a tí, alto, de cara alargada y con el pelo color cobre igual que el tuyo…

-¡Silencio vieja! -chilló el hombre de la Gestapo- cierra el pico.

El Capitán salió de su abstracción y ahora contemplaba con atención a la anciana, de pronto comenzó a caminar hacia ella.

-¿Doctor Dieter Reinhardt has dicho?

La anciana miró al Capitán con sus ojos acuosos y le dijo:

-El Doctor Reinhardt fue una bendición en aquella época, él caminaba por estas mismas calles saltando por sobre los muertos del tifus y entraba en las casas para ayudar; día y noche trabajaba y jamás descansó… sólo iba tarde en la noche para tomar una copa de champagne conmigo cuando yo terminaba de bailar…

-¿Donde iba?

-Al Moulin Rouge, después yo lo acompañaba, hora tras hora, llevábamos a la gente en carruajes, como tú en tus camiones, pero nosotros queríamos que vivieran y tu nos llevas a la muerte…

-Cállate vieja- gritó desencajado el hombre de la Gestapo apuntándole con su pistola

El Capitán empujó al hombre violentamente y su rostro pálido brilló en las gotas de lluvia. Luego tomó de la mano a la anciana.

-Tú… tu… ¿eres Chantal?

-Sí… yo fui Chantal, hace cincuenta años, ahora soy una vieja judía sin lugar en el mundo.

-El Doctor Dieter Reinhardt fue mi padre.

-Si, hijo, me di cuenta.

-Él nos contó de tí.

-Yo lo amé… el único hombre al que amé.

-No… no nos dijo que eras… judía.

-El Doctor.. Dieter Reinhardt, tu padre, amaba a la gente, no se le hubiera ocurrido preguntar a nadie su religión o su etnia…

El Capitán hizo una seña a los de las Gestapo para que siguieran subiendo la gente en el camión, luego tomó del brazo a la anciana y la llevó caminando lentamente calle arriba.

-Chantal… ¿Que pasó esa noche?

-¿Que noche?

-Ya sabes Chantal…

-Bueno, él vino a buscarme como lo hacía siempre…

-¿Ustedes se amaban?

-Yo ciertamente lo amaba aunque él me hablaba siempre de su Antje que lo aguardaba en Dresde.

-Antje -dijo el Capitán ensimismado- mi madre…

-¿Tu madre? ¿Ella vive?

-No, murió en el gran bombardeo… el año pasado

-Pobrecita, nunca la conocí pero la sentía como mi amiga…yo quería tanto a tu padre…

-¿Y que pasó esa noche Chantal?

-Le decían el Doctor muerte… Ese hombre, el pintor pequeño al que llamaban Toulouse Lautrec, intentó echarlo esa noche y lo atacó con un bastón, chillaba que traía el tifus y que lo desparramaba por todo París; hubo un revuelo, la gente se abalanzó sobre tu padre y entonces disparé con mi pequeña pistola que siempre llevaba conmigo. Un hombre murió y luego la policía nos llevó… unos meses después hubo un juicio y tu padre asumió la culpa, dijo que él había sido quien disparó aunque los testigos confirmaron que había sido yo. Se alegó defensa propia y condenaron a tu padre a tres años -en suspenso- y a mí me dieron diez a cumplir.

El Capitán tenía el rostro tenso y pálido.

-Vete Chantal… -le dijo en murmullo casi inaudible.

-¿Adonde puedo ir yo? apenas puedo caminar

El Capitan reaccionó de pronto

-Te enviaré al norte, a la zona libre

-No hijo, sólo súbeme a tu camión. Yo, hace cincuenta años, aprendí de la persona mas generosa del mundo que debemos ser fieles a los demás hasta en el peor de los destinos

-Yo… Chantal ¿no me parezco a mi padre?

-Tal vez sí pero no te han dejado opciones, tu generación pudo mas que él

-Chantal… siempre hay opciones…

El Capitán se dio vuelta y caminó hacia sus soldados, la anciana, renqueante y temblorosa se dirigió al camión donde los de la Gestapo la ayudaron a subir. El camión partió y esa misma noche un tren llevó a Chantal directamente a Buchenwald donde unos días después moriría en la cámara de gas.

También esa noche, en su cuarto de hotel, el Capitán Reinhardt se suicidó con su pistola reglamentaria.

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8 respuestas a El doctor Reinhardt. (Santo Alcibíades)

  1. manolivf dijo:

    Es un relato bastante fuerte, con trágicos finales (tanto para la anciana como para el capitán) que deja un gusto amargo, aunque también realista. Magnifica la introducción a la historia con esa lluvia helada que llega al alma…saludos.

  2. Fascinante tu relato.Una historia dura como muchas de las que ocurrieron en aquella época terrible. Es verdad que parece que queda algo en el aire, como si le faltara algo más que relatar, pero me ha gustado. Sólo una cosa: En los primeros párrafos de la historia, creo que te falta alguna que otra coma , por lo demás perfecto. Muchísima suerte.

  3. Un relato que te hace pensar en aquellos rerribles años. Me ha gustado, aunque creo que, en los primeros párrafos de la historia, se te han olvido alguna que otra cóma. Por lo demás muy bien. Te deseo mucha suerte.

  4. ana amigo dijo:

    MUY BUEN RELATO PARA MI ENTENDER.

  5. Pingback: El doctor Reinhardt. (Santo Alcibíades) | Placedelamode

  6. manoli dijo:

    ¡Caramba! Impresionante. Felicidades por esta historia

  7. Ana Calabuig dijo:

    Buen relato, duro pero bien expresados los sentiemientos.

  8. Alfonso dijo:

    Letras que sueldan los ojos porque es una historia profunda que descubre toda la crudeza que hemos visto en otras obras y sin embargo aquí es muy original. Muy buena historia.

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