Don Primitivo Fernández y Fernández. (Santo Alcibíades)

Don Primitivo Fernández y Fernández era sin duda el dueño del pueblo. Había llegado muy joven al país desde su Galicia natal sin  mas perterechos que una maletita de cartón con alguna muda,  un rollito de pesetas que en seguida cambió por pesos y toda la voluntad de “hacer la América”. Enseguida huyó de Buenos Aires y un poco en tren, otro poco en carreta y muchas leguas a caballo, llegó al pueblo que por entonces tenía quince o veinte casas.

Al tiempo logró poner un puestito de venta de verduras que compraba en los campos cercanos y que luego creció a pequeño almacén hasta que dos años después derivó en Ramos Generales. Creció junto con el pueblo, compró campos, ayudó a fundar el Banco local, el Club de Bochas y Pelota a Paleta, mandó a buscar una coterránea, se casó, tuvo cinco hijos y envejeció, riquísimo como novedad pero terco, bruto y cascarrabias como siempre. Vivía en el campo y se ufanaba que la única ciudad que conoció era Buenos Aires y sólo por tres horas. 

Una noche, de las muchas que tenía de insomnio, ensilló y se fue a recorrer sus potreros. De pronto vio una luz intensa en el firmamento que al punto se materializó  en una nave iluminada y brillante y que luego aterrizó chamuscando el rastrojo. Don Primitivo montó en cólera y galopó hacia el artefacto mientras descendían, desde una abertura que apareció en la nave, dos individuos extrañamente vestidos.

-¡Que haceis majaderos! -les gritó furioso- ¡No veis que me incendian el campo!

Los extraños se detuvieron en seco y se miraron sorprendidos.

-Es que no somos humanos… -dijo uno de ellos titubeante- somos…  extraterrestres… esto es una nave espacial…

-Me importa un bledo de donde seais, esa lata que traeis me quema el rastrojo para mis vacas y no me habeis pedido permiso para aterrizar en mi propiedad. Conque ¡hala! montad en esa cosa y fuera de acá o voy a buscar la escopeta..

Los extraños saltaron al interior de la nave y antes de cerrar la puerta ya estaban en el aire desapareciendo al instante.

Don Primitivo bajó trabajosamente del caballo y apagó los pastos encendidos a talerazos.

-Yo les voy a enseñar a estos marcianos -mascullaba- venir a quemarme el campo a mí, yo soy de Galicia y no por ello ando metiéndome en la propiedad ajena…¡joder!

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7 respuestas a Don Primitivo Fernández y Fernández. (Santo Alcibíades)

  1. Sorprendente. Sabroso. Fresco. Genial.

  2. Mar dijo:

    A mi también me han sorprendido los marcianos. Me ha gustado.

  3. Eva Olave dijo:

    Jajaja…Genial!!!…Enhorabuena!!!

  4. manoli dijo:

    Buenísimo. Ya me has hecho polvo, No sé si calificar más a tu doctor Reinhard o a tu Don Primitivo. Je je

  5. Ángela dijo:

    Muy bueno, si señor. El nombre del protagonista muy bien colocado y el texto elaborado brillantemente y con mucho sabor.Pero hombre ¿qué se han creído estos tipos del espacio, que pueden llegar aquí y hacer lo que les de la gana? ¡Vamos ya! Me has alegrado tarde con este ingenioso relato lleno de frescura.Felicidades.

  6. Patricio Nuñez Fernandez dijo:

    Soberbio. La verdad me sorprendió. Felicitaciones.
    Patricio

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