Cuestión de matices. (Alicia Bermejo)

Nadie dio crédito a los motivos que me forzaron para hacer lo que hice, no me comprendieron a pesar de que ofrecí toda clase de explicaciones, no alcanzaron a entenderme, por eso, ahora y por algún tiempo más, me encuentro en esta situación, podría decir que incómoda y difícil… ¡vamos que estoy condenado a tres años de cárcel!, claro que he oído decir que luego hay rebajas… mejor dicho, no, creo que son reducciones (aunque a mi eso me suena a Pedro Ximénez).

Voy a tener que explicarlo. Algo más de dos años en el paro hacen que uno este dispuesto a aceptar cualquier tipo de trabajo –al menos ese fue mi caso-. Desde luego no era lo más acorde con mis conocimientos, preparación y experiencia: Ingeniero industrial,  dos idiomas, los consabidos masters realizados en universidades privadas, de los de un pastón ¡vamos! Ocho años ejerciendo mi profesión en una importante empresa, donde –justo es  reconocerlo- era considerado pieza clave de la misma, hasta que… ¡se acabó!

Pues como iba diciendo, el anuncio lo publicaba un Hotel Rural situado en un recóndito pueblo de una provincia manchega, (es que no quiero dar mas señas, que luego…) en el mismo, requerían personas de ambos sexos para cubrir  varios puestos de animadores para los huéspedes. Si, verdaderamente se podía entender de muchas formas, pero en mi desesperación por encontrar algo y en vista de que no tenía nada mejor que hacer, concerté una cita y allí que me presenté. Respiré tranquilo cuando me explicaron de qué se trataba. No era nada raro ¿o si?

El programa era que un día de la semana el hotel organizaba una “Noche de terror” -menuda chorrada, pensé  mientras atendía cortésmente los pormenores  que la propietaria me contaba entusiasmada- ya que según ella, esta iniciativa  tenía mucho éxito.

Básicamente  el trabajo consistía en disfrazarse de algún personaje tétrico –draculines, momias, asesinos en serie, verdugos, los de siempre- e ir asustando a los huéspedes por los rincones, pasillos y recovecos preparados al efecto, había incluso alguna trampa por donde se hacía caer al incauto de turno, resbalando por una especie de tobogán, donde era acogido por un montón de mullidas  colchonetas. ¡La monda!

Acepté, no me pregunten por qué, pero acepté al mismo tiempo que otros dos individuos que se presentaron al mismo tiempo a la entrevista. Uno de ellos contó –con indudable petulancia – que ya había actuado como extra en varias películas, el otro trabajó en el circo, no recuerdo cual era su puesto.

Me asignaron el personaje de la momia, con la condición de que iría rotando cada semana con mis dos compañeros. No sucedió así. El del circo se dio de baja a las primeras de cambio y fue sustituido por una chica que hacia de zombi y la verdad es que la salía bien, demasiado bien para ser fingido, ¡vamos que me asustaba hasta yo!

A todo esto, el “peliculero”, un día un pretexto, otro una repentina enfermedad…que a la semana  próxima hago yo de momia…pero mientras acaparó el personaje de verdugo. El caso es que después de dos meses pegándome las vendas con un engrudo como cuando te ponen una escayola… ¡pues así!, tenía la piel con más escamas que un besugo… y escamado ¡anda que no estaba yo escamado!

Terminaba mi jornada el último, hasta que me despojaba del engorro de las vendas. En cambio el “verdugo” como su atuendo era más liviano – calzón  corto,  capucha en la cabeza y pecho al descubierto, luciendo tabletas-  en un pis pas estaba departiendo felizmente con los clientes y mas tarde…con la dueña… ¡Que torpe, hasta que me di cuenta!

Y cuando ya mi piel no permitía otro envoltorio mas, me decidí a darle un escarmiento, no sin antes pedirle por ultima vez que me cambiara el personaje, se negó alegando que precisamente esa noche tenía un compromiso ineludible…  ¡maldito fulero,  ya sabía yo con quien!

Recién terminada la función fui en su busca requiriendo su ayuda para abrir la trampilla que estaba atascada y dudaba si uno de los huéspedes había quedado atrapado dentro.

Supongo que a estas alturas ya se imaginan el desenlace, pero bueno, lo cuento: abrió la trampilla, se asomo y… solo le ayude a caer… lástima que alguien había hecho desaparecer el deslizante tobogán y cambiado las cómodas colchonetas del fondo por el contenido de dos sacos de escombros. Rotura de clavícula y pierna derecha, desplazamiento de rótula de la pierna izquierda, así como diversas contusiones, amén de múltiples magulladuras.

Sinceramente no pensé que sería tanto, pero por otra parte dije: ¡Te jodes, ahora si que vas a hacer bien de momia, cabrón!

Se lo tomo mal, muy mal, me denunció, a pesar de que le pedí perdón… arrepentido… ¡de corazón! No pude evitar el juicio.

Allí se expusieron los hechos, su abogado se ensañó conmigo a placer y en el momento de su alegato final vocifero:

-“El acusado, con premeditación y alevosía y haciendo gala de un injustificado odio…”

Mi abogado, se levantó como impulsado por un resorte y grito:

“Protesto señoría, mi cliente en ningún momento actuó movido por el odio… únicamente es que le caía mal…”

Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Cuestión de matices. (Alicia Bermejo)

  1. Mar dijo:

    jajaja, genial como siempre.

  2. manoli dijo:

    Muy divertido…Una venganza de arrebato, más que odio en sí. Cuidadín con los laísmos.

  3. Buenísimo. Me ha encantado el final por su originalidad y por la “matización”. Te felicito

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s