La carta (El café Milán). (Manuela Vicente Fernández)

Dicen que la curiosidad es un vicio. A mí me gusta creer que la curiosidad mueve el mundo pues sin interés por lo que nos rodea no es posible avanzar. Me preguntaba, al llegar a casa tras leer la noticia del tiroteo en el café Milán, y posteriormente abrir la carta que aquel hombre, entonces desconocido para mí, se había decidido a entregarme, qué motivos podían empujar a una persona a entregar una misiva que encerraba, en pocas líneas de nombres y fechas (pues tal era básicamente el contenido de la carta), fragmentos de su vida. ¿A quién podía importarle la verdad? Podía haber continuado con mi vida de siempre, a fin de cuentas ese hombre era un desconocido para mí, pero él me había escogido para hacerme partícipe de su historia y no me sentía capaz de volver a guardar la carta en un cajón o de olvidarla después de haberla leído, aunque su lectura me dejase poco menos que como al principio.

La carta comenzaba con un nombre:

– Anna Torres Quintana (Nana): antigua niñera de los Valle-Molina.

Y debajo de ésta:

– Sebastián Valle Molina y Ricardo Valle Molina. (15-05-1954) maternidad “Las Clarisas”.

Seguían a estas dos anotaciones otras sucesiones de fechas para mí inexplicables. Decidí primero corroborar lo que parecían ser las fechas de nacimiento de dos hermanos (seguramente gemelos) acudiendo al hospital de reciente construcción que se alzaba sobre los muros de la antigua maternidad “Las Clarisas” a que hacía referencia la carta.

El edificio en cuestión no quedaba lejos de mi casa y pensé que me podría ser útil recopilar alguna información por mí misma antes de intentar localizar a la antigua “Nana” que, de buen seguro, me ampliaría cumplidamente cualquier noticia de la que yo tuviese constancia referente a los hermanos Valle.

Casualidades de la vida o coincidencias, puede que el destino, a creer de algunos, hizo que en la sección de archivos del hospital me encontrase con Miguel, antiguo compañero de facultad que trabajaba ahora en dicho lugar. Tras los saludos de rigor y después de ponernos al día mutuamente sobre nuestros itinerarios, Miguel accedió a darme los datos que le solicité y además insistió en que le acompañase al terminar a tomarnos un café, puesto que la hora del término de su trabajo estaba próxima.

– Procuraré enterarme de todos los datos que me sea posible.

– No te preocupes, Miguel, tampoco es importante…

– Tú déjalo de mi cuenta. No me conoces en esto…

Antes de localizar a la antigua niñera ya contaba con una base de datos a debatir con ella, a saber:

– Sebastián y Ricardo Valle Molina eran los hijos gemelos de una familia pudiente e influyente para la época: Sebastián Valle (el padre) de profesión arquitecto, colaboraba con el ayuntamiento siendo responsable de varios de los proyectos arquitectónicos y urbanísticos de la ciudad de M. Y Ángela Molina (la madre), hija de un importante  y adinerado empresario.

– Sebastián y Ricardo habían estudiado en el Liceo de S. y ambos se habían alistado en el ejército en el mismo año (1976) con pocos meses de diferencia.

– Figuraba en el registro una fecha (15-08-1977) como la fecha de defunción de Sebastián.

Encontré a Anna en los recintos de la residencia geriátrica “Santa Eufemia”, dando su habitual paseo. Apoyada en un bastón porque padecía de artrosis, mostraba sin embargo, una lucidez envidiable para su edad y recordaba con toda nitidez de detalles todo lo referente a los hermanos Valle.

-“Sebastián amaba a Clara más que a su vida”. Comenzó a contarme, una vez que se hubo decidido a hablar.

– ¿Clara Conde? Pregunté repasando los nombres que llevaba anotados (y que eran, a su vez, los que aparecían en la carta, junto a enigmáticas fechas)

– Sí, así se hacía llamar, antes de que saltase el escándalo…

-¿A qué escándalo hace referencia?

“Verás… Sebastián conoció a Clara una tarde de lluvia intensa, llovía a raudales por las calles y Clara salía del estudio de Ricardo sin que éste le hubiese prestado el menor interés. Ricardo buscaba una traductora para un trabajo que se proponía hacer por aquel entonces y que acabaría abandonando como hacía con todo lo que empezaba…

Clara era un ángel a decir de Sebastián, él no le permitió marchar hasta que cesó la tormenta, y la llevó personalmente en coche hasta el apartamento en que la joven vivía por aquel entonces. No obstante ella sólo tuvo ojos para Ricardo, que se la llevó de calle al saber que su hermano bebía los vientos por ella. Cuando Sebastián supo que no tenía nada que hacer con Clara, decidió apuntarse al ejército y su hermano Ricardo le siguió los pasos meses más tarde. Hubo siempre entre los dos hermanos una especie de rivalidad enfermiza, sobre todo por parte de Ricardo, parecía como si no pudiese vivir sin su hermano aunque luego le boicotease todos los planes.

Cuando ocurrió la tragedia los dos hermanos estaban juntos. Clara siempre atribuyó el cambio de carácter que se produjo en Ricardo a raíz de la muerte que costó la vida a su hermano (un desgraciado accidente), pero yo siempre supe la verdad”.

– ¿La verdad?

-“Ella solía decir que a veces era como si Ricardo no estuviese con ella…la pobre no sabía cuánto se aproximaba a la verdad…Pues Ricardo llevaba ya tiempo bajo tierra cuando ella y Sebastián se casaron…

-¿Sebastián? ¿No había muerto en el accidente del ejército?

-Esto fue un secreto a voces después del nacimiento de Irene… aunque la familia de algún modo silenció a las autoridades…

-¿Está hablando de Irene Valle Conde?

– Sí claro, aunque en realidad debería decir Irene Valle Valle.

-No la entiendo…

– Cuando Sebastián comprendió que no podía hacer nada por salvar a su hermano, pensó en su propia salvación. Quería a Clara mucho más de lo que hubiese podido quererla Ricardo, así que se hizo pasar por él. No fue fácil, pero lo hizo, no me preguntes cómo, consiguió engañar a todo el mundo, menos a mí, claro, pero yo nunca le hubiese comprometido. Ahora…, ahora ya puedo contarlo, porque no le haré ningún daño…

Me fui a casa compungida y trastocada por la historia. Miguel me acompañaba esa noche en la cena.

-Es increíble. -Le conté- parece el argumento de una película. Irene había nacido con una extraña enfermedad hereditaria que sólo se produce cuando los progenitores son de la misma familia, de ahí que Clara la sometiese a un análisis de ADN que revelaría no sólo que Ricardo era en realidad Sebastián, me figuro, sino que la propia Clara era hermana ilegítima de éste.

-¡Vaya galimatías de parentescos! –Exclamó Miguel, confundido.

-¡Y que lo digas! Parece ser que Clara fue el fruto de un breve romance que mantuvo Sebastián padre, con una bailarina sueca que estuvo de paso por la ciudad. Por circunstancias de la vida su hija y sus hijos no sólo acabarían encontrándose sino que ésta acabaría casándose con uno de ellos. ¿Puedes imaginarte el despecho de esta mujer? ¿Y el inmenso shock de Sebastián al saberse enamorado de su propia hermana?

Según me contó la anciana niñera, Clara juró vengarse de los Sebastián: “Ella odiaba la mentira, y al conocer la verdad se sintió triplemente engañada, tanto por ella misma como por su madre y por su hija a la que, finalmente, no pudo salvar”.

-¿Irene murió?

– Sí, acabó sucumbiendo a la enfermedad pocos años después de que Clara se la llevase.

– Entonces…lo del tiroteo…

– Ella pagó a un matarife para que matara al pobre viejo. La madre de los hermanos había muerto hacía ya varios años, nunca logró reponerse de la muerte de uno de sus hijos.

-¿Y Sebastián?

– Cuando entró aquella tarde en el café estaba herido…

-¿Crees que ya no vive?

– Lo sé.

– Pero no se han hecho cargo de la noticia ¿no?

– Anna lo sabe.

– ¿?

– Su boca estaría sellada si él estuviese vivo, si hubiese siquiera una esperanza… Me lo contó por el mismo motivo que él me dio la carta…

– ¿Cuál?

– Sebastián amaba a Clara, Miguel. Necesitaba que el mundo lo supiese.

El cementerio de Santa Marta es como un mausoleo gigantesco, que guarda la memoria de muchos nombres ilustres entre sus lápidas. La capilla de piedra de la familia Valle-Molina es fácil de ubicar por su tamaño y sus ornamentos. Ángeles de piedra con sendas arpas custodian su puerta de entrada. Se ve ya cuando uno se aproxima, sin necesidad de penetrar en el interior del recinto, una tumba recia que desde el suelo levanta su gruesa cruz coronada de guirnaldas hacia el cielo. Es la tumba falsa de Sebastián, que aún sigue conservando su nombre, aunque albergue el cuerpo de Ricardo. “Es curioso- me decía para mí misma aquella tarde de finales de mayo, mientras la fina llovizna que caía humedecía mis ropas- como estos dos hermanos no pueden descansar con su verdadera identidad ni muertos, es c

No sé qué lleva a un hombre a dejarse morir. Sebastián se dejó morir aquella tarde. Lo sé, me lo imagino dejando un rastro de sangre por las calles. Estaba herido, sí, pero su herida era más honda que la herida de arma. Estaba herido de soledad. Por eso entró aquella tarde de lluvia a lavar su alma en aquel intento desesperado de encontrar a alguien, una persona ajena a quien contar su historia…

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13 respuestas a La carta (El café Milán). (Manuela Vicente Fernández)

  1. Mar dijo:

    Resuelta la intriga de la primera parte. Me ha gustado Manuela. ENHORABUENA

  2. manolivf dijo:

    Gracias, Mar, me alegra que te haya gustado. Un abrazo.

  3. manolivf dijo:

    Pido disculpas por la errata del penúltimo párrafo que parece inconcluso, se me estropeó el ordenador en el momento en que lo revisaba. El párrafo en cuestión debería contener un punto y aparte tras la palabra “muertos”. Gracias por todo.

  4. MayteSanSem dijo:

    Bien, Manoli, veo que recogiste el guante 🙂
    Me gusta mucho como lo has resuelto, toda esa intriga familiar. Le pondría un pequeño pero: da la sensación, a partir de la conversación con la niñera, de que tienes prisa por terminar de contar la historia. Yo creo que si juntas las dos partes y te recreas un poco más, podrías sacar de esta historia hasta una novela corta.
    Enhorabuena, me encanta que hayas respondido a las peticiones de los lectores 🙂

    Un saludo

    • Gracias Mayte. Respecto a lo que dices de que la historia podía ser más larga, estoy de acuerdo, pero no quise eternizarme aquí por capítulos (creo que no es el lugar) así que para resolver la intriga no me quedó otra que acelerar un poco la trama… 😉 Saludos.

  5. manoli dijo:

    Desvelado el misterio de la primera parte. Me ha gustado mucho. Mucha suerte

  6. manolivf dijo:

    Muchas gracias tocaya, me alegro mucho de que guste. 🙂 Un saludo.

  7. Ángela dijo:

    Madre mía ¡menudo culebrón! Pero es interesante, debo reconocerlo. Podría decir que estas cosas sólo pasan en la mente calenturienta de un escritor, pero como está demostrado que la vida le da cien patadas a la ficción, pues me callo. Me has mantenido intrigadísima hasta la resolución del entuerto. En cuanto a la forma, pues no me ha chirriado nada.Muy bien.

  8. manolivf dijo:

    Me alegro mucho de que gustase, Ángela,y de haberte tenido intrigada esperando…La verdad es que tal cómo empecé con la escena de la carta…lo del culebrón vino detrás…Respecto a que la realidad supera la ficción ni lo dudes, muchas de mis historias (aunque no ésta) tienen mucha base real. Un abrazo.

  9. Santo Alcibiades dijo:

    Muy buena, complicada y casi truculenta historia. Para releer y donde en la segunda lctura se saborea mejor un relato apasionante. te felicito.

  10. Gracias por tu comentario, Santo. Tenía en mente una historia larga, que aceleré un poco para adaptarla a un relato, no pude ahondar en la descripción de los personajes como hubiese debido…pero en fin… si he conseguido transmitir algo me alegro. Un saludo.

  11. Eva dijo:

    Madre de dios!!! Qué enredo y qué bien hilado!!!…Manoli, reina, lo que me voy a ahorrar en historias de suspense contigo…eres Agatha Cristie, Anderssen y Corin Tellado, todo en uno. Nena, me inclino ante tu fecunda imaginación. Házme un favor y no dejes de publicar en esta página, leyéndote he pasado un rato estupendo. Gracias, guapetona!!!

  12. manolivf dijo:

    ¡Vaya, Eva! leyendo tu comentario sí que me dan ganas de seguir escribiendo…Muchas gracias por el honor de las comparaciones (tres grandes de la imaginación, por cierto) Un abrazo 😉

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