¡Qué pereza! (Eva Olave)

Día de compra semanal….Me encuentro en el hipermercado, empujando el carrito de marras que se va para todos los lados. ¡Qué pereza! No hay cosas que me aburra más qué pensar, qué comprar, qué comer, qué no gastar… ¡Me supera!…

Y ahí estoy, pensativa, dudando entre escoger una oferta de espárragos delgaduchos y chuchurrios o un bote de hermosos esparragotes que doblan el precio, cuando aparece Carmen.

Carmen es todo un ejemplar de involución femenina. El mayor exponente de la sofisticación de barrio. Es grande, enorme por todos los lados, en alto, en ancho; y sus formas femeninas luchan, siempre, por liberarse de sus ajustadas ropas. Son las 11,00 de la mañana y ella está arregladita como un pincel, bueno, como una brocha gorda, pero trabajadita y glamurosa en su estilo.

– ¡Evaaaaaa…Yuhuuu!

¡La madre que la parió!-…Todo el pasillo mirando.

– Hola, Carmen. ¡Qué alegría! –Cómo puedo ser tan cínica, maldita la alegría que siento al verla-.

– ¡Eva, chica, qué desmejorada estás!… ¡Qué mal te ha sentado el divorcio!

Es que no tiene medida, así, a quemarropa, las primeras palabras que cruza…y son para crucificarme. No aprenderé en la vida, tenía que haberme hecho la sueca y correr por los pasillos…huyendo de esta vaca foca que se llama amiga.

– No te creas, me encuentro mucho mejor, recuperando mi vida, ya sabes. Ahora, puedo desarrollar cosas que antes no podía. Lo que pasa es que me acuesto tarde, con mis cosas, apenas tengo tiempo de nada.

– Ya, ya…-Me dice, mirándome de arriba abajo-.

Es que es lista como nadie y a quien vamos a engañar: Estoy hecha un asco, no me aguanto ni yo.

– ¡Ay! Hay cosas que no entiendo -me dice- con lo lista que eres y las cosas que haces. ¿Quién te mandaba separarte? Si eso ya no se lleva, se llevó durante unos años, pero es antinatural, después de tanta vida en convivencia… ¿Para qué decir adiós, si ya todo se sabe y está superado? Hay que aprender de nuestras abuelas, es lo que, yo, estoy haciendo desde los últimos…. ¿Mmm……? 15 años y ¡aquí estoy, tan divina!

Y tiene razón, está divina, ¡cómo que vive como Dios! Un marido traga todo, los hijos que los ve cuando van a dormir… que no es todos los días, a pesar de su extremada juventud -aún adolescentes- y ella con todo el tiempo del mundo y carente de preocupaciones.

-De todas formas, Eva, nada es perfecto ¡Qué pereza siento!

-¿Te encuentras mal? ¿Algún problema con los chicos? ¿Pedro?…¿Has empezado a trabajar por vez primera?…

-¡Quita, quita! Nada de eso…Además, ya son todos mayorcitos. Es Pedro, que tiene una nueva “amiga”….y ya sabes que no me importa. Lo malo es que me obliga a buscarme un amante y es lo que, en este momento, menos me apetece. Empecé a ir al gimnasio…y entre las agujetas, la peluquería cuando salgo y los masajes para desentumecer, no me queda tiempo para nada.

-Ya.

Siento que se me descuelga el labio inferior y empieza a brotar la baba…No deja de sorprenderme sus formas y desparpajo para contar qué cosas. La conozco muy bien -son muchos años- y no es la primera vez que Carmen atraviesa por esto. A pesar de su aparente cinismo y despreocupación, sé que sufre. Se casó muy enamorada. Pedro, su marido, no es mal hombre, pero es el típico comercial, muy sueltecito y a su manera encantador; viaja mucho y, aún queriendo a Carmen, no puede evitar seguir probándose con otra mujeres, de perfil, todo hay que decirlo, semejante a ella.

¿Que cómo lo sé? Las pocas veces que hemos compartido un aperitivo. Hay que ver a este hombre desparramando su vista por todo el bar, a la caza de la hembra más fornida y aparente. Pero, claro, hay que decir que Carmen no se queda atrás, pendiente de la jugada del marido, empieza a coquetear con todo bicho viviente, sin distinción…Hay que verlos a los dos: uno desparramando la vista y la otra, las tetas. Para mí, que este jueguecito les pone y enciende entre ellos. Al lado de estos dos titanes, me siento como una ursulina.

-Pero, bueno, Eva, lo que te digo… ¡Qué pereza!..Pero hay que hacerlo, porque no vamos a engañarnos y Pedro tiene una edad, y a mí que haga el idiota me da lo mismo, pero no pienso quedarme sin lo mío. Es mi vida y son tres días…No tengo más remedio.

– Y… ¿Y has pensado en alguien? –La pregunto por decir algo…que no sé ni que decirla. Sé que, Carmen, amigos no tiene, sale de vez en cuando con un grupo de amigas, toman una copa y bailan con cuanto elemento les haga reír, pero fuera del posible temita no es capaz de mantener una amistad masculina, sin más, ni la interesa-.

-Estoy apuntada a una página de contactos, sólo quería tontear y pasar el rato frente al ordenador mientras me recupero de mis agujetas…pero ahora, voy a por todas. Tengo un par…o tres, o cuatro candidatos y no voy a descartar a ninguno. Por cierto, podías hacer lo mismo y a ver si te daban un poco de vidilla. ¡Hija, estás chuchurría, te pareces a esos espárragos en oferta! ¿Qué digo? ¡Peor, si estás verde! Tienes un aspecto de acelga que da lástima. Bueno, nena, me voy…que tengo hora con la masajista y no llego. A ver si quedamos un día y tomamos un café… que nunca se sabe, y ahora, a lo mejor encuentro un príncipe azul que me paseé más allá del centro. Hablamos, niña…y haz algo, estás hecha una birria. ¡Qué dejadez! Bye.

Y se va. Contoneando todo su esplendido y fornido cuerpo, parece una ola al moverse. Pienso que Carmen sí sabe marear a los hombres y obtener lo que quiere, lo que no se atreve a encontrar en ella misma. La exigiría mayor esfuerzo.

Me enfrento al mostrador de vegetales en conserva y decido llevarme los espárragos hermosotes, no sé que pensaría Freud de esto, pero me la rimpampinfla…Para mustios en casa ya estoy yo. Y con mi aspecto verde de acelga cochambrosa y paupérrima…me dirijo a la frutería -¿Dónde si no?-.

Más de la autora en http://www.eltarotdeevaolave.net/
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12 respuestas a ¡Qué pereza! (Eva Olave)

  1. Mar dijo:

    Jajaja. GENIAL, Eva.

  2. manoli dijo:

    Muy divertida la narración.

  3. Eva Olave dijo:

    Gracias, chicas…por leerme y vuestro tiempo. Hay cosas q mejor tomarlas con humor.

  4. Ángela dijo:

    Pues yo creo que Freud lo tendría muy claro si te viese junto a esa caja registradora con los espárragos en la mano. Diría, sin duda, que vuelcas tus deseos ocultos en el tamaño y grosor de esos espárragos suculentos turgentes y nada “chuchurrios”. Un relato divertido y real como la vida misma. Interesante. ¡Menuda amiga!

    • Eva dijo:

      Jajaja…Pues sí, Ángela…pá qué engañarnos, pá mí: Turgencia es salud….y vida!!!…Qué no hay alegre lozania arrugá….vaya!!! Gracias.

  5. Joan Manuel García Paz dijo:

    Muy interesante,ameno,… divertido.Una historia común llevada con una narrativa que atrapa.Saludos y suerte.

    • Eva dijo:

      Gracias por leerlo Joan…¡Y tan común!….no te imaginas qué pozo de sabiduría son las amigas!!!…No te aburres!!!..Cómo hablamos tanto!!!…Supongo que las mías pensarán lo mismo de mí, soy consciente de que las doy mucho entretenimiento…

  6. Me ha gustado por lo divertido y lo que tiene de cotidiano. Te felicito

  7. Santo Alcibiades dijo:

    Muy lindo tu relato, de ha distendido en la tarde. Felicitaciones.

  8. aprendiz de poeta dijo:

    Lindo,un poco mordaz pero muy bueno y agradable a la lectura.Me encantó,gracias.

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