Misantropía adquirida. (Verba tibi supersum)

Noto el sabor a vidrio insípido y seco del vaso vacío sobre mis labios. Ni una sola gota más tiene que ofrecerme el objeto. Inútil– pienso. Mis nudillos golpean impacientes para que el camarero se apresure en volver a llenarlo. Se acerca a mí con un caminar dubitativo, es obvio el miedo que le provoca mi presencia. La gente como él me pone enfermo. Dejan pasar la vida por culpa de su cobardía y refugiándose en prejuicios y opiniones sin fundamento. Mi padre solía decir que de qué sirve dar dos pasos si a la hora de plantar pie dudábamos. Era como lanzarse en paracaídas desde lo alto de un columpio. Aquella estructura que en nuestra niñez nos producía vértigo y a la que terminábamos viendo como una diversión una vez superábamos ese miedo inicial. Sin embargo, hay personas, como este tabernero de andar desgarbado, que no pasan de ese riesgo infantil y se anclan a él, cayendo en el conformismo y la pusilanimidad, convirtiéndose en lo que se puede apreciar a simple vista: unos imbéciles.

El individuo llega a mi mesa, noto como esquiva mi mirada centrándose en no derramar el whisky y puedo observar como le tiembla el pulso mientras lo sirve. ¡Patético!. Se aleja de mí con un paso más rápido al anterior, dejándome sumergido en un aura de malestar general. Apenas puedo centrarme en algo concreto( aparte de la estupidez humana que resalta en el ambiente). El barullo en la taberna empieza a hacerse cada vez más notable y, de manera automática, noto como se frunce mi entrecejo y mi rostro acentúa la expresión de incomodidad y enfado. Sé que no debería haber salido de casa. Mi psiquiatra dijo que debía ir acompañado, pero no soporto la compañía a todas horas. Me necesito. Solo. Con nadie. Hace mucho tiempo que el mundo ha pasado a ser un vertedero para mí y el deseo de extinción brota en mi interior con súbita rapidez. Vuelvo a recordar a mi psiquiatra y la conversación que tuvimos hace unas semanas.

-Tu bipolaridad es peligrosa. Tienes ciertos estados momentáneos en los que tu actitud se podría catalogar de alguien misántropo.

-¿Misan…qué? ¿Qué es eso?

-La misantropía es una actitud de odio hacia el ser humano.

Callé. No tenía nada que agregar, pero algo en mi interior quedó herido. Acababa de ser consciente de aquella respuesta: era un monstruo.

 Odiaba a los demás, pero qué narices también me odiaba a mí por ser como soy. Odiaba a aquel alienista que me había dañado con la verdad. Odiaba la verdad. La realidad se me hacía odiosa. Yo no tenía la culpa. ¿Quién era responsable de la mutación que sufría mi carácter? Ellos. Sí, ellos tenían la culpa. La sociedad y todos los que la formaban. El ser humano es bueno por naturaleza, es la sociedad quien lo corrompe decía Rousseau. ¡Cuanta razón! Soy una especie de Jeckyll y Mr. Hyde. Un Frankestein producto de la grotesca y deficiente manipulación de la humanidad.

 Fijo mi vista en los varones que se encuentran a mi alrededor. Hombres ruidosos que alzan la voz unos por encima de otros para potenciar su imagen de dominio, mostrando una faceta ególatra que intentan camuflar autodenominándose caballeros. Sus mujeres, lejos de ser damas, son seres de pensamiento promiscuo dotadas de una excesiva lividez y gesto provocativo; irresistibles a cualquier estúpido. He ahí la raíz del problema. Somos estúpidos. Tantos años de evolución y esa estupidez ha ido evolucionando con nosotros. Hace miles de años no teníamos medios, todo nos era nuevo y aun así, sobrevivíamos. A día de hoy hay una gran parte de la población que se suicida, otros malviven y todo ello viene del miedo de descubrir. Esa época de descubrimientos llegó al declive. ¿Cuál es el resultado? Que sin descubrir no hay aprendizaje y nos volvemos ignorantes. Nos encarcelamos en unas limitaciones a las que nosotros mismos nos esposamos.

Miro de nuevo a mi alrededor. Siento lástima y repugnancia de mí, de ellos…No somos libres. No amamos completamente. ¿Será que los amé tanto una vez que ahora los odio? Si es así, no lo recuerdo. No entiendo ese paso de un sentir a otro. Bien es cierto que me duele esta situación. Me pregunto por qué. No, no lo sé.

Dejo de pensar y reaparece el sabor a vidrio instalado en mis labios. Qué asco.

Más obras de la autora en  http://verbatibisupersum.wordpress.com/
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