El futuro incierto. (Meysahras)

Una brisa fría despeinó mis cabellos. ¡Rayos! ¡Con lo mucho que me costaba peinarme! Inconscientemente pasé por mi antigua escuela. Un grupo de chicas salieron, conversando animadamente sobre sus vidas. Sentí nostalgia y envidia. Desearía volver a probarme el uniforme del colegio y charlar con mis amigas en el recreo, despreocupadas por el futuro.

Un viento fuerte hizo que volara los folletines de las diversas carreras que podría estudiar en la universidad. Suspiré resignada. ¡Qué más da! Solo debía revisarlo por internet y listo. Total, todo se encuentra en internet.  

Me llamo Laura. Nunca me he considerado hermosa. Tampoco fea. Soy normal. Ni muy alta ni muy baja. Hasta mi estilo es normal. Tampoco me he enamorado ni he recibido cartas de amor. Según mis amigas, los chicos me tienen miedo. ¿Acaso será porque tengo los ojos muy chicos? Las chicas, normalmente, tienen los ojos grandes. Soy una excepción. Antes, cuando pasaba frente a una vidriera, me miraba a través del reflejo del vidrio. Siempre dejaba crecer mis cabellos. No me animaba a cortarlos, dado que los tengo muy ondulados y creía que no me sentaría bien el pelo corto.

Cuando regresaba a casa, me encerraba en mi cuarto y me miraba al espejo. A veces, tomaba una gomita y me hacía una cola de caballo. Luego intentaba con media cola. No había caso. Nada de eso aumentaba mi atractivo. Me acostaba en la cama, otra vez pensando en el futuro.

Un día, durante el almuerzo, mi papá me preguntó:

“¿Ya has decidido qué estudiar?”

“Aún no, papá”

“Hija, debería decidirte. Te propongo que sigas la carrera de tu padre”

“No me interesa la contabilidad, mamá”

“¡Vamos! ¡Podría ayudarte mucho! ¿O hay algo que te interesa?”

Me quedé callada. Mis padres siguieron hablando sobre las ventajas de estudiar contable. Terminé la comida y volví a mi cuarto.

Seis meses… ocho meses… un año… sí, ya iban a ser un año desde que terminé el colegio. ¡Era tan deprimente!

Sin embargo, con el correr de los días, encontré una carrera que podría interesarme: diseño gráfico. Me informé sobre ella. Podía dedicarme a diseñar objetos, envases o cualquier cosa. No sé si tenga que ver mi habilidad con las manualidades. El problema era que mis dibujos son muy infantiles. Pero no todos los diseñadores son dibujantes. O eso me dijeron. Así que no habría problema. Conforme pasaban los meses, sentí una gran atracción por el diseño. Tanto que, una noche, se lo comuniqué a mis padres.

“¿Estás segura, hija? ¿Y por qué no estudias contable?”

“¿Es que no deberían alegrarse de que al fin me he decidido?”

“Por favor, piénsalo un poco más. Tu papá cuenta con muchas influencias. Si estudias contabilidad, podrías conseguir trabajo pronto”

“No todos los diseñadores ganan bien. Solo unos pocos logran destacarse. Es así. La gente normal solo debe dedicarse a actividades normales”

Ese es el problema. Soy muy normal. No importa cuánto intente convencerles, mis padres seguirán creyendo que la contabilidad es lo mejor para mí. En tres meses comenzarían las clases. Todavía tenía tiempo de reflexionarlo.

¡Uy! ¡De solo recordarlo me da rabia! ¡Desearía haber sido más decidida!

Camino a casa, pasé frente a unos letreros con fotos de chicas lindas. Promocionaban a un salón de belleza, por lo que sus cabellos eran de diferentes cortes y estilos. Había una que tenía los cabellos bien cortos, pero con las puntas paradas. Su mirada era desafiante. Otra tenía los cabellos ondulados, pero con flequillo recto que le llegaban hasta las cejas. Ambas eran decididas y hermosas. Me imaginé aparentar ser como ellas. No quería ser normal. El problema es que era muy normal. Quería ser decidida, segura, confiada. Ante esa idea, fui directo a casa, tomé unas tijeras y me corté el pelo. El problema era que mi corte me salió un desastre. Al final mi mamá, a dudas penas, pudo arreglarlo. Tuve que esperar hasta el martes para ir a la peluquería.

Ahora parezco un travesti.

Cada vez que camino por la calle, siento que todos me miran extraño. ¿Es que nunca vieron a una chica con pelo corto? Si viviese en Europa o Estados Unidos no les parecería extraño. Me tratarían como una más del montón. ¿Por qué no nací en Francia? ¿O Italia?

Una tarde, mientras iba a buscar nuevos folletos para carreras universitarias, me encontré con un ex compañero de colegio. Se llamaba Gustavo. Y sí que había cambiado: en el último curso tenía muchos granitos y un afro de la mitad de su cabeza. Ahora mejoró su piel y se cortó el pelo. Solo que a él sí le quedaba bien.

“¡Laura! ¡Qué cambiada! ¡Casi no te reconocí!”

“¡No te burles! Solo intenté cambiar mi look”

“Te queda bien. Lo digo en serio”

“Gracias. Por cierto, ¿A qué te dedicas ahora?”

“Estoy estudiando Antropología”

Eso sí me tomó por sorpresa. Gustavo nunca fue de leer libros densos. Prefería más los deportes. Por lo tanto, me extrañó que estudiara Antropología. De seguro se percató de la expresión que puse, por lo que continuó.

“Es que al final sí resultó que me interesaba la carrera. Ya sabes, conocer otras culturas, viajar por ahí… creo que mi mamá casi murió de un infarto, porque ella esperaba que me dieran una beca para jugar a las Ligas Nacionales”

“J aja, tu mamá siempre fue tan soñadora. Mis padres quieren que estudie contabilidad, pero yo quiero estudiar diseño gráfico”

A diferencia de mí, a él no le sorprendió mi gusto por el diseño. Es más, sonrió con nostalgia, asumió con la cabeza y me dijo:

“Siempre te gustó dibujar, aunque eras muy tímida para mostrar tus dibujos. Espero que logres realizar tu meta”

No recordaba que me gustara el dibujo. Seguro me confundía Sabrina, una compañera del colegio. A ella sí le gustaba dibujar, pero no quería mostrar a nadie sus dibujos porque creía que eran horribles. Me encogí de hombros. Decidí no indagar más en el asunto.

Cuando regresé a casa, miré fijamente a mis padres y les dije: “¡Ya estoy requetecontradecidida! Estudiaré Diseño gráfico. Siempre quise estudiarlo y seguro que, con esfuerzo, lograré salir adelante”.

Al final mis padres accedieron. En el fondo, se alegraron de que tomase una decisión y me aseguraron de que me apoyarían en mis estudios y, sobre todo, en mi futuro. 

Más obras de la autora en ilustracuentos.wordpress.com
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10 respuestas a El futuro incierto. (Meysahras)

  1. Eva dijo:

    ¡Ay! Mal momento el de la juventud incipiente para tomar decisiones tan relevantes. Quién no se ha sentido mediocre, no apto ante las demandas de la vida, abocado a una normalidad que nos exasperaba en su presunta insuficiencia. Meysharas, tu relato solo me ha hecho recordar los años en que deje atras un ligero acné y el malsano pudor que nacía de mi torpeza frente a mi cuerpo. La incertidumbre, las dudas, las criticas, todavía me siguen lacerando. Es una pena que crezcamos en conocimiento, siempre mirando el exterior, y no en sabiduría. Si pudiera volver a esos años con lo que sé ahora, volvería a hacer lo mismo, lo que hariamos todos: volver a equivocarme y seguir aprendiendo. Como hoy, cada día. Has utilizado un sencillo relato para narrar la complejidad de una vida, real y cercana por lo universal. Gracias por compartirlo.

  2. manoli dijo:

    Ay, lo que empuja hacia delante el deseo de llevar la contraria. Ja ja… el reto con los padres, contra sus reticencias. Resulta autobiográfico ¿no? Sencillamente contado . Suerte.

  3. carlaluna91 dijo:

    Tu relato refleja muy bien un momento de la adolescencia en el que las dudas e inseguridades nos asaltan y nuestro carácter se forja. Los peros que le encuentro son la manera en la que reflejas los diálogos, porque prefiero la raya del guión, quizá por costumbre de leerlos así. Hay algunas expresiones que me resultan chocantes como “estudiar contable”, pero me imagino que es debido a las diferentes costumbres lingüísticas entre nuestros países.
    Lo que no he entendido muy bien es porqué cree parecer un travesti por llevar el pelo corto.
    También cuando pones “Si viviese en Europa o Estados Unidos no les parecería extraño” me queda la duda de dónde se desarrolla la historia, ya que por los nombres que aparecen , el espectro es muy amplio, y quizá, especificándolo, quedarían más claras las diferencias culturales.

    • Hola! sí, yo también prefiero la raya del guión solo que aquí quise experimentar de otra manera mi escrito. Solo quiero aclararte que yo vivo en Paraguay. Intento escribir en un castellano neutro, pero a veces me salen frases que decimos por estos lares (y aunque ya abundan las chicas de pelo corto, todavía hay muchos que lo ven como algo extravagante o llamativo, así como pasa con los hombres de pelo largo, jeje). Eso es todo. Saludos 😉

  4. Leticia dijo:

    Hay palabras y frases que me chocan, pero creo que es por el uso diferente del castellano y siempre es bueno conocerlo, me gusta. Algunas ideas del relato me encantan, como que ni ella se acordara de que dibujara. Cuantas veces nos pasan esas cosas. Está bien narrado y transmite muchas sensaciones muy bien, pero no veo la relación exacta con el tema del mes, aunque al principio ella sienta en un momento envidia de las chicas que salen del colegio.

    • Hola! como le respondí a alguien que tuvo aquel problema de las frases, quiero aclarar que vivo en Paraguay. Intento escribir en un castellano neutro, pero a veces me salen ciertas frases que decimos mucho por aquí, jeje… en realidad lo que ella envidia es a los que están seguros de lo que quieren de sus vidas. Están las chicas del colegio, las chicas que aparecen en la publicidad y su compañero de colegio. Pero creo que no reflejé bien la consigna. De todas formas, gracias por el comentario 😉

      • Leticia dijo:

        Supongo que a ti te sonarán raras otras cosas, ¡pero eso enriquece! Gracias por la explicación, me ha quedado mucho más clara cuál era tu intención :).

  5. Arantxa dijo:

    Mi comentario iría también por ese camino; es decir, que no queda muy clara la relación con el tema del mes. Yo lo había interpretado más bien como un relato sobre las inseguridades personales. En cualquier caso, tu anterior respuesta me ha aclarado las cosas.

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