Rebecca. (Santo Alcibíades)

A las 11 AM James Bond entró oficialmente en vacaciones y se retiró de MI 5 ignorando ostensiblemente el distraido ademán de estrecharle la mano por parte de M, al salir le dio un beso a Moneypenny y dos horas después estaba en un avión de la British Airways rumbo a los Emiratos Árabes. En el aeropuerto de Dubai lo esperaba el Alouette que le había enviado el Jeque Mohamed Bin Rachid al Maktum y minutos después aterrizaban en el helipuerto de la terraza  del hotel Burj Al Arabs, a trescientos veinte metros de altura sobre la isla artificial.

Cuando bajó del helicóptero el gerente del hotel, luego de varias reverencias, lo acompañó hacia el  interior ordenando al personal que trasladara el equipaje. Subieron en el ascensor tapizado en terciopelo bordeaux y madera lustrada y cuando llegaron a la Suite Club panorámica que el Jeque le había reservado el equipaje ya estaba instalado.

Luego de bañarse y cambiarse James descendió hasta el restaurant submarino Al Mahara. Pidió ravioli de foie gras en salsa de champagne con trufas y un Chardonay Vega Sicilia. Mientras comía miraba el deslizar en vueltas concéntricas de un tiburón detrás del espeso cristal de una de las paredes así como la multitud de pequeños peces que revoloteaban a su alrededor. A su pesar no pudo dejar de admirar la cristalería de Bohemia de su mesa y los cubiertos de fina alpaca británica mientras sonreía para sus adentros; su amigo, el Jeque de Dubai, cuando construía un hotel, no se andaba con chiquitas. Luego subió nuevamente a la terraza donde abordó el Alouette para trasladarse al pozo 257 -C en llamas desde hacía una semana.

Cuando llegaron vieron que el espectáculo era dantesco, las llamas se elevaban a veinte metros de altura y la atmósfera en varios kilómetros a la redonda vibraba como sacudida por una sucesión de ondas en expansión. Aterrizaron y a pesar de los dos kilómetros de distancia al pozo se sentía el calor que emanaba. El resplandor reverberaba pese a la luminosidad del ardiente sol y el espeso humo negro se elevaba superando a las llamas. Provisto de binoculares James observaba el trajinar de la gente que, enfundados en trajes plateados de amianto, dirigían mediante sus notebooks los chorros de agua de cuarenta centímetros de diámetro que se estrellaban contra los alrededores del pozo. Una mujer, detrás del último muro de hormigón que se había desplegado, dirigía la operación por radio y sus órdenes se oían claramente en la radio del campamento.

-Lo está haciendo bien Rebecca -le dijo a James el ingeniero Whilart

-Oh ella seguramente acabará con ese fuego, en la Guerra del Golfo lidió con incendios en serie.

-Sí James, ya está en la fase final, justo ahora comenzará con las explosiones.

Se oyó claramente la voz de Rebecca ordenando la primera ronda de explosiones; inmediatamente el piso se sacudió y luego llegó el rugido del TNT estallando, la altura de las llamas descendió súbitamente y el fuego pareció extinguirse pero enseguida reaunudó su vigor y las llamas volvieron a crecer.

-Ronda dos -se oyó que ordenaba Rebecca. Nuevamente la explosión y esta vez el fuego desapareció. En el campamento todos aplaudieron y prorrumpieron en vítores y mientras James y el ingeniero sonreían y se estrechaban las manos. Luego apareció Rebecca en su Land Rover, ya desprovista de la escafandra metálica y con su cabellera rizada y rojiza ondeando en el viento. Sin sacarse el pesado traje de amianto y con un paso que pretendía apurado pero que mas bien parecía el de un robot se acercó a Bond y lo abrazó dándole un beso.

-James, que alegría verte -le dijo exultante

Luego Rebecca Bond tomó a su hermano de un brazo y lo llevó hacia un costado mientras le decía:

-¿Cuanto hace que no tenemos vacaciones juntos?

-La última vez yo tenía catorce años y tú doce Rebecca.. ¿recuerdas? estábamos en la casita que papá había alquilado en Brighton…

-Sí, Jimmy, es mi último recuerdo de nuestra niñez, después pasamos abruptamente a personas mayores con la muerte de papá ¿que nos pasó?

Siguieron caminando con sus cabezas juntas y sus voces dejaron de oirse.

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4 respuestas a Rebecca. (Santo Alcibíades)

  1. Mar dijo:

    Insospechado final, distinto y curioso. Enhorabuena, Santo.

  2. Eva dijo:

    ¡Pero bueno! Como mínimo sorprendente. ¡Así qué son hermanos! ¡Qué envidia me dan ciertos genes! Yo que siempre he querido ser una heroina, pero de las de lucha: con patadas y puñetazos. Me ha tenido intrigada hasta el final, esperando la más compleja misión secreta protagonizada por estos dos fenómenos, y mira como acaba. Pues, bien, me ha gustado porque siempre nos olvidamos que los heroes también tienen vida personal y su corazoncito. Reinvindico las historias que humanicen a los “super”. ¡Genial, Santo! No podía ser más original el relato.

  3. manoli dijo:

    En dos palabras ¡MUY BUENO!
    Giro final estupendo. Felicidades

  4. carlaluna91 dijo:

    Sería perfecto si tuviese todas sus comas.

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