Libro A. Capítulo 5.

Ya ha terminado el proceso de elección del capítulo 5 del Libro B de entre las 5 propuestas recibidas. La votación ha estado muy igualada, pero finalmente la elegida ha sido la propuesta de Manuela Vicente Fernández. Este ha sido el elegido:

Aquí podéis volver a leer el Capítulo 4

Capítulo 5

   Al abrir la puerta de la habitación de Sammy Anna se quedó petrificada. El niño estaba agarrado con fuerza al borde de la ventana, luchando contra una intensa corriente de aire, que parecía querer llevárselo por delante. Connor, que llegó seguidamente, reaccionó antes que ella y se apresuró a sujetar al niño. Apenas hubo rodeado el pequeño cuerpo, la corriente cesó repentinamente y reinó un absoluto silencio en la estancia.

  -¡Dios mío! ¿Qué es lo que está pasando Connor?

Connor  negó con la cabeza, no tenía palabras para lo que estaban viviendo. Cerró los postigos de la ventana, asegurándose de su seguridad.

 – Escuchadme: No va a pasar nada, pero para estar más tranquilos dormiremos todos juntos esta noche, ¿de acuerdo?

Los niños asintieron. Emily estaba aferrada a Anna y Sammy no se despegaba de Connor. Aunque estaban muy angustiados Anna y Connor procuraban aparentar calma y decidieron postergar las preguntas para más tarde. Sin soltar a los niños se dirigieron a su habitación y se acostaron con los pequeños. Aunque no pensaban dormirse, finalmente los venció el agotamiento, había sido una jornada muy dura y ambos cayeron en un sueño intranquilo, del que despertaban por momentos y en el que volvían a sumergirse involuntariamente, como si un extraño amodorramiento se apoderase de ellos.

     El primer pensamiento de Anna al despertarse fue para su madre. Se acordó de Margaret en ese momento, como si un sexto sentido la avisase de algo que no era capaz de definir.  Pensó  en llamarla por teléfono aunque quizá las líneas estarían saturadas por las circunstancias del momento. Cuando cunde la alarma todo el mundo se pone a usar el móvil. Intentó llamar a su madre desde el fijo pero no había señal. ¡Qué extraño! ¡Si ni siquiera había tormenta! Se le ocurrió entonces usar el ordenador, no era un medio usual para un momento de emergencia como el que estaban viviendo, pero al menos Margaret sabría que había intentado hablar con ella. Hasta era posible que en ese mismo momento también ella estuviese conectada, intentando establecer contacto con ellos. Anna memorizó mentalmente el mensaje que pensaba escribir a su madre, mientras encendía el ordenador. ¡Vaya, me temo que no va a ser fácil!- Se dijo apesadumbrada, al ver que tampoco internet funcionaba.

-¡Mamá, mamá, Emily me está asustando! Irrumpió Sammy, muy alterado, en la habitación dónde se encontraba Anna.

– Tranquilízate, cariño,  no pasará nada.- respondió Anna intentando transmitir al pequeño una seguridad que estaba lejos de sentir.

– Es que Emily no deja de hacer esos extraños dibujos y a decir que vienen a llevarnos.

-¿A llevarnos? ¿Quiénes? ¿Adónde?

– Ven, mamá, tengo mucho miedo.

Anna siguió al pequeño, dejando para más tarde el intento de conectar con su madre.

Emily estaba de nuevo en su habitación. Sentada en su mesa-escritorio dibujaba con intensa concentración. Ana contempló con horror los dibujos de Emily. Todo se estaba complicando. Tenía una extraña sensación de déja vu, como si hubiera vivido antes esta siniestra situación. Se sentía aturdida, aislada de la realidad, como si fuese una espectadora de algo que ya había pasado, sin voluntad.

-¡Mamá! ¿Qué te ocurre? ¿Qué está ocurriendo?- Gritaba Sammy llorando, mientras tiraba de la chaqueta de Anna con desesperación.

Haciendo un gran esfuerzo de concentración, Anna trató de reconducir la situación sacando fuerzas de su instinto protector de madre.

-Vamos Sammy, tranquilízate, sólo son dibujos. Ve a ver si papá está ya despierto.

Como fuese que el niño permanecía inmóvil, Anna insistió.

– Vamos cariño, ve a ver qué está haciendo papá.

Mientras el niño se alejaba en busca de Connor, Anna trató de hablar con Emily.

La niña continuaba dibujando. A su alrededor se esparcían un montón de láminas que reproducían, con ligeras variantes, la misma situación: un cielo cubierto de centenares de naves, las gentes de las calles dirigiendo la vista hacia ellas. En otra de las láminas,  unos seres extrañamente luminosos, descendían de las mismas naves. Finalmente, los dibujos de la niña representaban a la gente de la calle entrando en masa a las naves, acompañados de los extraños seres.

-¿Qué significa todo esto Emily? –Preguntó Anna, en el preciso momento que Connor y Sammy entraban por la puerta. Connor, cuyo semblante denotaba alarma, se hizo cargo de la situación apenas cruzar una mirada con su esposa, y dirigiéndose a Sammy le dijo:

-Anda, ve a dar de comer a Tor.

Sammy se acordó en ese momento de Tor. ¡Vaya, se había olvidado de la pobre tortuga! pensando en ver al animalito echó a correr escaleras abajo, hacia la galería.

Emily continuaba dibujando, una y otra vez. Ahora fue Connor quien le preguntó:

-¿Qué significan esos dibujos Emily? ¿Son de alguna serie de la tele?

-No. Vienen de arriba.

– ¿Qué quieres decir, cariño? no te entiendo.

– Vienen del cielo, papá.

En ese momento se oyeron los gritos de Sammy, que llegaba muy agitado.

– ¡Mamá! ¡Mamá!  Es Tor, está…

-Está muerta, Sammy. -Exclamó Emily, imperturbable.- Igual que los pájaros. Te lo dije, ya nada puede ser como antes.

La expresión de Sammy encogió el corazón de Anna, que apretó al niño con fuerza contra sí, tratando de consolarle.

– Emily tiene razón. –Exclamó Sammy, repentinamente serio. – Ya nada puede ser igual. Sólo espero que haya niños allá arriba, aunque no haya tortugas, ni pájaros…

Anna cruzó con Connor una mirada llena de perplejidad y angustia.

Apenas había acabado de hablar Sammy, cuando se oyó el sonido al unísono de montones de sirenas de coches que, al sonar juntas, producían un ruido ensordecedor. Connor se asomó a la ventana y pudo comprobar con sus propios ojos un increíble atasco de circulación.

-Ya están aquí.- Habló Emily.

– ¿Quiénes? ¿Quiénes están aquí, hija?

– Ellos. Están parando todas las máquinas. Por eso no va el ordenador, mamá, ni el teléfono ni…

-¡Basta Emily! Gritó Anna, perdiendo el control.

Connor sujetó a su mujer por el brazo, y le hizo un gesto de calma mientras preguntó a la pequeña:

-¿Y por qué van a parar las máquinas?

– Van a interrumpir todas las comunicaciones papá. Controlan el campo magnético, eso es lo que ha trastornado a los pájaros. Ellos ahora lo controlan todo y van a demostrárnoslo. Van a pararlo todo para asumir el control.

– ¿Y tú cómo sabes eso Emily? Preguntó Connor a la niña.

– Ellos me lo han dicho.-Contestó Emily convencida.

¿Ellos? ¿Qué demonios estaba pasando? Se preguntaba Connor, cuya mente racional no podía procesar la situación inverosímil en que se encontraba.

-Connor…mira – Apremiaba Anna en ese momento.

-Espera Anna, necesito pensar un poco. – Contestó Connor, completamente aturdido por las palabras de Emily: “Van a pararlo todo para asumir el control” esas habían sido las increíbles palabras de su hija. ¿De quienes estaba hablando? ¿Cómo demonios podía ocurrírsele eso a una niña? No sabía que lo increíble no había hecho más que empezar.

– ¡Te he dicho que mires, Connor! -Dijo Anna, con auténtico pavor en su expresión.

La historia continua en el Capítulo 6
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