Vida de lápiz. (Manuela Asenjo)

Soy un cuerpo de grafito atrapado en un prisma de madera.  Estuve, al principio de mis días, guardado en un cajón con muchos compañeros, impecables,  y brillantes como yo, entre olores de papel nuevo, tinta fresca, sintiéndome inmerso en un letargo agradecido. Siesta que una niña interrumpió metiéndome en su bolsillo a cambio de un par de monedas. Y  poco o a poco empecé a conocer otros mundos, la presión de las manos y el roce de la piel. Poco me duró el orgullo de mi lustre, porque  según iban cortándome perdí mi frescura. Muchas veces sufrí desde arriba enormes mordiscos que dejaron mi esqueleto asomando desnudo y vergonzante entre la piel de madera. Aquél dolor me fue convirtiendo en experto, mis trazos fueron  un poco menos torpes. 

He rodado por el mundo, entre cuatro paredes y al aire. A veces ayudé a recoger cabellos y mucho tiempo estuve perdido  entre bolsillos, debajo de los muebles, o al fondo de carteras olvidadas. Fui despreciado por muchos humanos a cambio de tintas de gel y bolígrafos modernos, pero otros, como mi dueña, siempre conservaron una extraña preferencia por mí. Yo creo que es por la facilidad, que otros no tienen, de poder borrar lo que escribo. Me encanta ser lápiz porque reivindica mi derecho a equivocarme, y el hecho de poder borrarlo todo me permite corregir una y otra vez, lo cual me acerca mucho a la imperfección humana, aunque pierda mi belleza. 

            Claro que no todo son ventajas.  No me siento muy orgulloso de aquellas temporadas en que solo quedé, descolorido y despuntado, para apretar cintas de casette desenrolladas y completar de vez en cuando listas de la compra. Aquella fue una mancha negra en mi currículum,  me sentí un tanto despreciado, arrinconado por rotuladores de colores fluorescentes y engendros modernos. Pasó porque, en la tercera y cuarta década de mi ama, no me era permitido firmar hipotecas, ni promesas ante notario, ni talones y, mucho menos, rubricar actas matrimoniales. Incluso fui sustituído con gran chulería por prepotentes plumas estilográficas. De no haber sido asi, cuántas veces hubiéramos ido a retractarnos con la goma de borrar… 

           Ahora, más pequeño y más maduro, me precio de haber sido el objeto que ayudó a contar historias, que plasmó hermosas frases en cartas de amor y que hizo posible que palabras sueltas vagando por mentes inconexas, reposaran para siempre en el papel contando bellas historias. 

             Hoy, sospecho que he llegado al fín de mis días, y veo cercano  el momento en que saldré del fondo de este mueble, quizá en un camión, o quien sabe si arrojado en una bolsa a la basura. Lo sé por  las últimas palabras que mi dueña me hizo trazar: “En el crepúsculo de mi vida, arrugada, herida y resquebrajada, descanso esperando la noche, y me siento orgullosa de todos mis renglones, los firmes, los temblorosos, los derechos y torcidos, pero satisfecha al fin, y realizada… como mi lápiz”

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17 respuestas a Vida de lápiz. (Manuela Asenjo)

  1. Mar dijo:

    GENIAL Manuela, éste si que es un objeto inanimado lleno de vida, me ha encantado. ENHORABUENA.

  2. Manuela, te felicito. Los que hemos vivido también vida de lápiz nos identificamos con todas esas vivencias que narra el protagonista. Si se trata de un concurso te deseo suerte, si no, que qué suerte tengo de poderte leer.

    • manoli dijo:

      Si, se trata de un concurso, pero el resultado final es lo de menos. La ilusión es que te lean y que te dediquen palabras como las tuyas. Un besazo.

  3. manolivf dijo:

    Es entrañable tu historia, Manoli. No suele atraerme mucho la narración desde el punto de vista de los objetos inanimados (porque opino que en realidad los personalizamos), pero tu relato es original y brilla por sí mismo y el final le otorga una especial fuerza. Enhorabuena.

  4. manoli dijo:

    Muchas gracias tocayita. Me alegro que te haya gustado.

  5. Ana Calabuig dijo:

    Manuela, opino distinto de manolivf pues yo pienso que la personalización de objetos inanimados da mucho juego para los relatos porque desde ellos se pueden decir cosas que desde el punto de vista humano no podríamos narrar porque no sería creíble. En fin, eso es cuestión de gustos y todos son válidos.
    Respecto a tu relato, dos cosas. La primera es un matiz, una crítica en absoluto destructiva, al contrario, expongo un punto de vista mío. Y es que el lápiz no puede equivocarse, y por lo tanto pienso que no puede reivindicar ningún derecho a ello, únicamente puede estar de acuerdo o no con quien se equivoda que es, al fin y al cabo, quien lo maneja. Pero insisto, es un punto de vista personal.
    Y por otro lado, me ha encantado porque me he sentido identificada con la dueña del lápiz. Yo tengo una caja metálica con auténticas antigüedades de lápices, me los estimo mucho y, además, los utilizo. Mis lápices, puede ser que cuando llegue el momento, sientan el fin de sus días tal y como lo ha sentido el tuyo. De verdad me ha gusta tu relato. Besos.

  6. manoli dijo:

    Sí tienes razón. Alguna vez lo pensé. Que quizás estaría mejor decir algo así como “reivindico el derecho de mi dueña, o de los humanos, a equivocarse. O facilito a las personas poder borrar lo escrito y su derecho a equivocarse. Evidentemente se puede mejorar mucho. Muchas gracias, Ana.

  7. Eva dijo:

    ¡Huy, huy, huy..Aquí hay mucho para comentar! Lo primero: Me ha encantado. ¡Enhorabuena Manuela! Soy de lo/as que opinan que la vida es sencilla y mejor nos iría si nos desapegaramos algo, pero mira por donde la implicacìón de tu lápiz, la personificación que le has conferido es tan interesante, que me ha proveido de una total identificación. Me has embriagado con un imaginario de sentimientos, acciones -ya casi olvidadas- y sensaciones que ha creado una conexión personal muy especial entre el texto y yo. También decirte que la primera frase me ha impactado, la introducción: “Soy un cuerpo de gráfito atrapado en un prisma de madera….” Ahí ya me engánchaste (aparte de que me ha resultado muy bella y profunda en su sencillez), me dije: ¡Anda si puedo ser yo!…Cuántas veces nos sentimos atrapados y titeres de los acontecimientos y circunstancias ajenas; tan indefensos y con tan poco poder de decisión que nuestra biografía, en un momento determinado, solo podría narrar vivencias ajenas, motoras de nuestra historia. Por eso, el que el lápiz reinvidique una acción es el colmo de la personificación de tu texto: Impotente y único gesto de rebeldía ante la ausencia de independencia capaz. Nena, me has hecho reflexionar. Mil gracias por compartirlo.

  8. manoli dijo:

    Evidentemente es una pura metáfora, y cada uno lo interpreta según sus vivencias o apreciaciones. Muchísimas gracias Eva por tu crítica tan apasionada.

  9. manoli dijo:

    (Te estás pareciendo, Manuela, a aquella cantante de las Flechas del Amor y el Baúl de los Recuerdos, que solo sabía decir gracias, gracias, gracias… muchas gracias… qué simpleza) .Pero es que, no me sale otra palabra más adecuada.

  10. Ángela dijo:

    Este relato tuyo me trae olores de infancia, por eso me ha gustado tanto. Recuerdo las cajas de lapices por estrenar y ese olor peculiar de lo nuevo; nunca se me dio mal el dibujo y recuerdo que tenía un lápiz preferido con el que dibujaba a mi adorado Spiderman en todas las posturas posibles e imposibles. Y en los benditos estuches que me traían los reyes magos, aquellos que contenían oportunistas rotuladores y ufanos bolígrafos, yo siempre me alegraba muchísimo de la presencia, humilde y callada, del lápiz, porque es lo mejor para dibujar.
    Un relato estupendo cargado de intenciones, el que quiera puede leer mucho más entre lineas. Muy bien.

    • manoli dijo:

      Qué envidia Angela. Mis mejores amigas siempre eran unas verdaderas artistas con el dibujo, yo no sabía hacer un jarrón derecho. Pero me gustaban los lápices. Y las gomas de borrar de nata. Los olores de la papelería eran de los que más recuerdo de mi infancia. Me alegro que te haya gustado tanto. Muchas gracias.

  11. aprendiz de poeta dijo:

    Interesantísimo,muy bello.LLeno de vida.Suerte Manuela.

  12. carlaluna91 dijo:

    Para mi perfecto. Lleno de metáforas que nos arrojan sentimientos desde un cuerpo inanimado. Enhorabuena

  13. leticiajp dijo:

    Sacas mucho jugo de un simple lápiz, aunque es cierto que un objeto tan sencillo puede desarrollar tantas cosas complicadas… Creo además que el relato tiene la extensión adecuada para contarlo todo sin llegar a aburrir. Has conseguido un texto interesante, a partir de una idea sencilla, y está escrito muy bonito. Eso sí, reivindico que los bolis de gel y los fosforitos, también tienen su derecho a un lugar bonito en el mundo ;).

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