Libro B. Capítulo 3

Hoy descubrimos el capítulo 3, escrito por Andrea Pons.

Aquí podéis volver a leer el Capítulo 2
 

Capítulo 3

 

Ya estaba todo hecho, sólo era cuestión de tiempo recibir noticias de Sara.

Era cierto que en aquellos años no había pensado mucho en ella, pero al recordarla, recordó también los sentimientos y los miedos. La constante decepción cada vez que tenía un novio nuevo…

La verdad es que ahora que lo analizaba desde fuera, la había querido muchísimo más de lo que pensaba.

¿Cómo reaccionará al ver la petición de amistad? ¿Se acordará a caso de quién era él?

Todo eran incógnitas en la cabeza de Javier.

-Nada de esto tiene el más mínimo sentido, joder…

El sonido de su móvil lo sacó de sus pensamientos. ¿Quién sería a las nueve de la mañana?

Normalmente le gustaba dormir los días que no tenía que ir a la redacción, pero aquella noche no pudo dormir, así que se la pasó cambiando de canal, hasta que encontró “Con faldas y a lo loco” y se quedó viéndola. Más atacó su botella de ron, y se tumbó en el sofá viendo un documental sobre la fauna africana. La vida que todo hombre de treinta y nueve años desea, ¿no?

En la pantalla de su IPhone se leía el nombre de su jefe, y eso de primeras ya no daba buen augurio…

-Buenos días, Don Alfonso.

-Hola, Javier, ¿tenías plan importante para hoy?

-No… bueno, yo…

-¡Perfecto!- Don Alfonso cortó la exposición de su empleado, ya que la pregunta solo era pura cortesía; si tuviera que haber asistido al funeral de su madre, también le hubiera asignado esa noticia.-Jorge está en el quirófano, ha tenido un ataque al corazón-cosas como esas eran las únicas que consentía Don Alfonso como pretexto para no ir a trabajar-Así que necesito urgentemente que cubras su noticia, ya que publicamos mañana y tú eres el único que ha entregado su columna ya.

-Pero…mi columna es de música…y si mi memoria no me falla, Jorge se ocupa de el tema de los juicios de famosos o algo así, ¿no?

-Querido Javier, tu memoria es excelente.

-Ya, bueno, yo de derecho entiendo lo mismo que de energía cuántica…

-No te preocupes, te he enviado el caso, tú sólo tienes que leerlo y escribir dos o tres preguntas, sobre todo tomar notas de cómo avanza el caso, y dar tu opinión sobre los hechos. Eres el mejor redactor que tengo, podrás con un simple caso. Es como si tuvieras que comentar un concierto, solo que en vez de guitarras hay un acusado.

-¿A qué hora es?

-A las dos tienes que estar en el juzgado, ¡suerte!

-¿¡Qué!?

Cuando quiso quejarse ya no había nadie que escuchase sus quejas. Eran las nueve y media, tenía solo media mañana para informarse del caso, y preparar unas preguntas que no tenía ni idea de lo que iban a pretender averiguar.

Por lo visto el caso era de estafa. A Javier le gustaban las estafas, ya que creía que la vida era una gran estafa. Había desaparecido dinero del fondo de un famoso e importante club de fútbol, y todo apuntaba hacia el entrenador.

Javier leyó todo lo que su jefe le había enviado, y ya era la una y media.

No negaba que de vez en cuando hacía una paradita en su Facebook para ver si Sara daba señales de vida. No hubo señales ni de vida, ni de fuego, ni con trompetas.

Cuando pensó que ya estaba lo suficientemente informado, fue a darse una ducha después de haber sacado su traje de reuniones, ya que no sabía exactamente cómo debía ir vestido a un juicio.

Una vez en la ducha puso su radio acuática. Javi era un fanático de las radios y de los bajos, tenía mas de cincuenta radios y veintitrés bajos, para ser exactos.

No tenía tiempo de sintonizar Rock FM, así que la dejó en la emisora que estaba puesta. Sonó Sleeping To Dream, de un tal Jason Mraz.

Cuando empezó la canción pensó que el acústico era un poco flojo, pero en cuanto empezaron a salir palabras de la voz del cantante, pensó que todo era un juego sucio del destino.

“Durmiendo para soñar contigo

y estoy tan cansado de vivir sin ti….

Dormir para soñar contigo, y estoy tan cansado.

Tan, tan cansado de vivir sin ti…”

Más tarde, ya en el juzgado, todo el mundo iba de un lado a otro, y él parecía el único que no sabía dónde sentarse de una vez.

Estaba ahí, pero ajeno a todo. En su móvil se reproducía In the end. De Link in parck, y en ese momento, su mundo se reducía a esa canción.

Total, su jefe no podía culparle por hacer mal una cosa que no tenía que hacer.

De repente, todo el mundo dejó de dar vueltas, y pareció que todo el mundo se sentaba en su sito para tomar parte en su papel. Javier siguió a una joven que tenía el cartel de prensa y tomó asiento junto a ella.

Desde su posición no veía ni al juez, ni al acusado, ni al jurado, y mucho menos no veía a la abogada.

Pasaron diez minutos y se dio cuenta de que la prensa le miraba mal por estar allí con los auriculares tan fuertes que se podía oír Who are you de The Who a dos metros de distancia, así que disculpándose, los guardó en el maletín.

Aun así, la música no cesó. Lo que escuchó ahora, era más bonito que ninguna canción de The Who.

Esa voz… era celestial, celestialmente familiar. Su bello se erizó, y sin ordenárselo a su cuerpo, se puso en pie para salir de dudas.

Y ahí estaba él, en un tribunal, levantado y con centenares de ojos sobre él preguntándose si aquél hombre estaba loco o no.

-Señor, ¿tiene algo que decir?-cuestionó el juez, no esperando otra cosa que una negativa.

-Eh…yo…

Notó que la dueña de la voz le miraba incrédulo. Sara le observaba sin entender nada.

¡Dios mío! ¡Era cierto! Ella estaba ahí.

La chica gesticuló con la boca y él entendió que le decía “Javier, siéntate”

Pero estaba demasiado nervioso para hacer nada. Sus músculos estaban congelados.

-¿Y bien?

-Entrenador, ¿Cree que ganaremos la liga?

Brillante. Pregunta brillante. Había ido allí para escribir una noticia, y él había terminado siendo la noticia. Al segundo de abrir la boca, recibió un baño de flashes y fue expulsado de la sala.

Pero él era feliz. Sara le había visto. Por dios santo ¡Cuánta belleza en un mismo cuerpo! Qué maravilla de mujer…

Volvió a sacar sus auriculares. Angel  de Aerosmith.

“Vamos, Ángel, vamos a cantar esta noche…”

Eso era Sara, un ángel del pasado que tenía que incorporar en el presente.

Una vez que volvió a sí mismo, analizó lo que acababa de pasar, y no todo parecía tan bueno, podían despedirle por eso… y Sara seguía ahí dentro, no la volvería a ver después del juicio con toda la muchedumbre descontrolada.

A si que estaba como antes. O no.

A medida que su plan se iba formando en su mente, una sonrisa se dibujaba en su cara. Necesitaría tela, mucha tela. También un spray para pintar y alguna que otra muestra de humanidad.

Dos horas después, Sara salía de la sala y cómo no, había ganado el caso. Pero aun así eso no era lo que ocupaba su mente. ¿Había sido Javier el que había formulado esa absurda pregunta? ¿Javier su Javier?

Estaba cien por cien segura de que si. Y ojala lo fuese, porque el tiempo no había tratado mal a aquel hombre.

Hombre, mentalmente no parecía del todo sano…pero físicamente era igual de guapo que en su imaginación.

A cada paso que daba se sumía en una lluvia de enhorabuenas, cosa que le encantaba.

Cuando estaba cruzando la puerta de salida, alzó la cabeza, y lo que vio casi hizo que cayera de bruces al suelo.

“A las ocho en Reencuentro. Javier”

Era todo lo que ponía en una enorme sábana que estaba atada a los balcones que había enfrente del juzgado.

Conocía perfectamente el bar al que se refería. Era donde iba ella cuando se enfadaba con Javier de pequeña.

Una vez el por aquel entonces chico, rompió la cabeza de la Barbie Canguro de Sara y esta, enfadada le dijo que no quería volver a verlo nunca. Así que se alejó de la casa de Javier. ÉL salió a su búsqueda, y se pasó tres horas en bicicleta recorriendo la ciudad, hasta que la vio ahí sentada comiéndose un helado y mirando con cara de pena la muñeca. Javier se acercó  y se disculpó.

Desde ese día cuando Javier hacía algo malo  y la chica de ojos verdes  se enfadaba, se iba a Reencuentro y esperaba a que su amigo se tragara el orgullo y fuera a por ella a pedirle perdón.

Definitivamente, aquel hombre estaba loco…

Pero, ¿Qué es la vida sin locuras?

 Continúa en el Capítulo 4
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Una respuesta a Libro B. Capítulo 3

  1. “Una vez el por aquel entonces chico” y algunas cosillas más, habría que revisar.

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