Un regalo inesperado. (Manuela Vicente Fernández)

 Jimena es una profesora de largo recorrido profesional, por sus expertas manos ha pasado la flor y nata de la perdida aldea de Valle Mayor. A Valle Mayor se llega queriendo, porque rutas alternativas las hay, pero a muchos les gusta ver el paisaje; otros estamos de paso, circunstancias variadas, la inmensa mayoría dice que está por gusto, pero en cuanto pillan un día libre o les abulta lo justo la cartera, se van, eso sí, dicen que para pasar el día, porque para vivir como en Villa Mayor en ningún lado.

Los tiempos de abolengo de Villa Mayor datan de la época de los reyes católicos, incluso consta en distintas crónicas que el otrora castillo y del que se conserva únicamente ya la torre del homenaje (reconstruida en varias ocasiones), era el retiro preferido de una ilustre pariente cercana a la reina Isabel. Otras leyendas menos favorables y menos divulgadas hablan de una extraña confluencia magnética en estos parajes que hace que circule una “corriente telúrica” que explicaría los numerosos casos de trastornos psíquicos que se dan en la zona. Se decía, hace algunos años, entre la escasa juventud residente en el lugar, que si algún profesor con “la pinza” algo ida obtenía destino en Villa Mayor ya se quedaba aquí para siempre, dado el ambiente acogedor (casi un régimen abierto)  con el que aquí se encontraba.

Doña Jimena estaba a salvo de tales elucubraciones. Paseaba por el inmenso patio prácticamente vacío (dada la escasez de alumnos en un pueblo dónde la mayor parte de la población supera los 60 años) con total satisfacción, orgullosa de tomar parte íntegra en la educación de las nuevas generaciones. Cada tres años recibía con honor los numerosos homenajes y suculentos regalos que las agradecidas madres de sus alumnos le dispensaban con motivo del cambio de ciclo de los niños. Conocedora del hecho, comentaba con sus allegados, anticipadamente,  el acontecimiento y se preparaba, también este año, para las felicitaciones, las fiestas, las cenas,  el homenaje y los consabidos presentes:

-¿Qué te gustaría que te regalasen este año?

– Oh, si pudiera elegir pediría un Viceroy de colección. En concreto el de los juegos olímpicos estaría genial, ya sabes, querido, que siempre me ha gustado el deporte.

Oportunamente los deseos de doña Jimena eran siempre escuchados. Ya se sabe lo que pasa en los pueblos, que todo son oídos…

Pero una serie de hechos imprevistos alteraría este año el buen discurrir de los acontecimientos. No se hablaba de otra cosa en las cercanías del colegio, las madres se afanaban en cocinar sus mejores platos para la gran fiesta, se pasaban recetas de tartas entre ellas, para dar con el mejor postre para la celebración. Se escuchaban con ansia los partes del tiempo para confeccionar los vestidos que iban a lucirse en la gala. Y por supuesto la compra del reloj con su lema grabado se puso en marcha…

El día de la fiesta en cuestión amaneció nublado. Las madres habían dispuesto una gran merienda en el exterior del patio pero, merced a los nublados que amenazaban lluvia en cualquier momento, se decidió unánimemente entre el profesorado trasladar la fiesta al interior del colegio.

Cuando llegaron las elegantes madres con sus jóvenes graduados rompió a llover torrencialmente, por lo que éstas echaron a correr en tropel casi tropezándose unas con otras enredadas en sedas, tules y altos tacones. Las flores que los niños portaban volaron por el aire en su mayor parte, suerte que las precavidas madres las recogieron, y tras ligeras sacudidas, lograron recomponerlas con bastante acierto.

El homenaje transcurrió sin grandes incidencias, sin contar la pequeña lectura de Cloe, una niña que por error leyó:

– “Querida profesora:

nunca podremos olvidarte,

 por mucho que queremos”.

 Cuando en realidad debía leer:

– “Querida profesora:

 nunca podremos olvidarte,

 por lo mucho que te queremos”

Pero lo que realmente comenzó a trastocar la fiesta fue el historial de alergias de Jimena. Cuando fue a probar la tarta de crema y nata no podía prever que ésta llevaba en su composición el temible colorante E102 pues al considerarla de confección casera dio por sentado que no lo incluiría, pero las madres, cada vez más modernas y con menos tiempo, acudieron en el último momento a la pastelería de la zona, que les prometió una tarta de lo más casero y económico. Jimena comió y comió, y según comía se iba poniendo más y más colorada, hasta que comenzó a sentir bastante calor… no obstante, la precavida maestra echó enseguida mano de los corticoides que siempre llevaba en su bolso, solucionando la papeleta hasta la llegada del Viceroy. Tras el aplauso pertinente del profesorado, el alumnado y los padres, tuvo lugar la entrega solemne del obsequio. Y entonces…entonces fue cuando sucedió lo imperdonable, lo que en sus más de 20 años de oficio abnegado jamás de los jamases sucediera:

Jimena abrió el regalo y del estuche de plástico que encontró sacó un reloj rosa de baratija, un reloj de plástico infantil, como los que se adquieren en el mercadillo.

Entonces, seguramente del calor, de la reacción alérgica que aún persistía o de la sorpresa, a Jimena le dio un vahído.

Por supuesto la culpa había sido del relojero, que había alterado el orden de dos relojes diametralmente opuestos. ¡Qué se le va a hacer Jimena! Se dijo para sí la mujer del relojero ¡demasiadas joyas tenías ya, lagarta! ¡más de las que  tengo yo que trabajo con ellas todos los días!

Más obras de la autora en lascosasqueescribo.wordpress.com 
Anuncios
Galería | Esta entrada fue publicada en Tema del mes y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

22 respuestas a Un regalo inesperado. (Manuela Vicente Fernández)

  1. Eva dijo:

    Jajaja…si es que no se pueden depositar expectátivas, y menos demandarlas. Me ha gustado muchísimo la primera parte, me ha parecido admirable como la has dibujado. Pobre Dª Jimena, otro gallo la cantaría si tuviera un Cid al lado, a ver que hubiera hecho, entonces, la joyera. Me ha sorprendido el final, no me lo imaginaba, y como siempre me has tenido expectante. Mil gracias por compartirlo.

    • Gracias a ti, Eva, por leerme y comentarme. Un saludo.

    • manolivf dijo:

      Lo escribí muy rápido, si entiendes que le falta algo al párrafo final, seguramente le falta, Alicia. De todos modos a mí me parece que la historia queda cerrada con los pensamientos de la joyera, que prefiere “jugársela” a la maestra aún consta de perder clientela, porque además de envidia no comparte su proceder. Gracias por tu comentario. Un saludo.

  2. Creo que al párrafo final, como desenlace, le falta algo, como si hubiera que contar algo más.
    Un saludo,

  3. Santo Alcibiades dijo:

    Muy buen relato y con un desenlace “de relojería”. Muy bien escrito, felicitaciones.

  4. manoli dijo:

    Ay, regalos envenenados…Pobre Jimena. Me encanta la descripción sobre todo de las características del pueblo y pobladores. Muy bien relatado. En una segunda lectura, si intentas corregir las palabras que suenan un poco como reiterativas por estar cerca, por ejemplo, nublados y nublado, tropel y tropezándose (por ejemplo, echaron a correr en desbandada, tropezándose unas con otras) o algo así.
    Pero vamos , tonterías sin importancia. El relato está muy bien. Suerte

  5. manolivf dijo:

    Hay lugares así…Me alegra que te guste, Manoli. Me di cuenta de la similitud fonética de tropel y tropezándose, pero lo puse igual porque no me pareció muy relevante, pero tienes razón, hay que cuidar los detalles para ver mejor el resultado final, me pudo el ansia de contar la historia. Un saludo.

  6. Joan Manuel García Paz dijo:

    Me ha encantado,el relato, las descripciones,el tono jovial y el desenlace.Creo que reúne los elementos para ser una gran historia.Saludos cordiales.

  7. Mar dijo:

    Pobre Jimena, con alergia y sin Viceroy, pero la joyera se queda sin hacer caja ese día.
    Me ha gustado, Manuela, como siempre.

  8. manolivf dijo:

    Hay emociones que pueden al dinero…Gracias mar, por tu comentario. Me alegra que te guste. 😉

  9. Leticia dijo:

    He sonreído con lo de “Doña Jimena”. Yo soy profesora, y a mí los alumnos me hablan más del tipo: qué pasa,tía. ;). Estaba dudando en cuál era la relación con el tema, pero claro, llega en el último párrafo. Una pequeña venganza, aunque supongo que con fecha de caducidad, que las madres no tienen pinta de quedarse tan tranquilas con eso.. En un determinado momento, cuando dices: “Pero una serie de hechos imprevistos alteraría este año el buen discurrir de los acontecimientos”, parece que vaya a suceder algo muy grave, yo me esperaba un crimen o algo así. La verdad es que en la fiesta no dan pie con bola, entre la tormenta, la niña, la alergia y al final el regalo… ¡vaya panorama!

    • unalicia dijo:

      Supongo que les darás una colleja cuando te dicen ¿que pasa, tía?

      • Leticia dijo:

        Jajaja, que peligro lo de las collejas… No lo hacen siempre, pero en ocasiones si se les “escapa” ese tipo de lenguaje y la mayoría de las veces es sin querer y de buenas maneras. Otra cosa es cuando te faltan al respeto y tienes que tomar cartas en el asunto, claro. Pero me parece bien ser una figura cercana a los alumnos, siempre que se sepa cual es el lugar de cada uno. Voy a dejar estas disertaciones, que me estoy enrollando y es un tema muy amplio ;).

    • manolivf dijo:

      Lo de “Doña Jimena” es para situar al personaje, Leticia, se trata de una profesora “a la vieja escuela”, que, como se dice en Galicia: “haberlas hailas” (todavía quedan) Un saludo y gracias por pasarte por aquí. 😉

      • Leticia dijo:

        Lo he entendido y me ha gustado. Estoy segura de que algunas quedan y en algunos entornos más aún. En tu relato cuadra a la perfección para imaginarte el ambiente y relacionarlo con la historia. No era una pega, igual lo ha parecido…

  10. carlaluna91 dijo:

    El relato me encanta al principio pero me deja cierta decepción al final. Hecho de menos alguna pista al inicio que nos haga saber ya algo de su alergia que no haga necesario explicarlo cuando se produce y algo que, una vez leído el final, nos recuerde que teníamos una pista al principio. Tal como está me parece que la sorpresa final, está demasiado oculta y es una explicación que en ningún modo podría haberse deducido del resto del texto.

  11. Gracias por tu comentario carlaluna, cierto que al pricipio me recreé algo más en el relato que a la hora del desenlace. Quise introducir una pequeña chanza, porque en realidad todo el relato es como una sátira, por eso es que me permití un final un poco “absurdo”, quería romper con los “oropeles”, el protocolo y toda la expectación del acontecimiento…gracias por leerme.

  12. Arantxa dijo:

    Un relato con mucho sentido del humor. Me ha encantado y me ha gustado mucho cómo están descritos los paisajes y las situaciones. Divertidísimo. Enhorabuena

Tu opinión es importante

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s