Caín atormentado. (Manuela Asenjo)

Andaba una vez más encorvado sobre su bastón, dejando su huella desigual entre empedrados, charcos y caminos, resguardado entre la niebla,  su abrigo negro mimetizado con las sombras de la noche.

Atormentado unas veces, eufórico otras, variaba mil veces la expresión de su rostro, que por otra parte, nadie contemplaba. Nadie, porque a esas horas solo su figura y la de algún gato vagabundo rompían la quietud. También porque ya a esas alturas ni siquiera levantaba la mirada.  Si alguna vez lo hacía, de sus pequeños ojos entrecerrados salían chispas de odio, ¿o era dolor? La mezcla de ambos se le hacía insoportablemente repulsiva, hasta el punto de tener que detenerse cada cierto tiempo a vomitar.  Estaba herido, herido de muerte. Los pensamientos le machacaban. “Envidia, que tengo envidia, no te jode, qué sabrán ellos, no tienen idea, ni se preocupan de lo que me pasa, ni del por qué. Indiferencia, eso es lo que sienten por mí. Pero qué va, no los necesito”

Seguía andando torpemente, con su pie dolorido, con las manos agrietadas de frío.  “Pero lo he conseguido, qué se pensaban, que porque me lo niegan todo me iba a doblegar… ¡imbéciles! Quedaos con él, vuestro niño querido, yo ya me apaño solito.   Seré el mejor, lo tendré todo. Todo lo que vosotros ni siquiera imagináis que se puede llegar a conseguir… el que ríe el último ríe mejor ¡Ja,ja jaaaa!”. La risotada en la oscuridad asustó al grupito que volvía de la última fiesta, veinteañeras que helaron su risa ante la visión del espectral callejero. Se quedó mirándolas con los ojos inyectados en sangre y en odio, despectivamente: “putas todas son unas putas”, masculló. Decidió volver a casa, esa que hacía tiempo había dejado de ser un hogar, según había ido desapareciendo todo: las personas que le querían, las mascotas, los recuerdos, los objetos.  No estaba seguro de saber encontrar el camino. Lo había conseguido, hacía una hora estaba eufórico; pero  ahora ni siquiera sabía volver, la confusión empezaba a aparecer, el remordimiento le pinchaba. Sacó del bolsillo su pequeño  aparato blanco. Su instrumento de la comunicación, como él mismo lo llamaba. El único amigo que le quedaba, el nudo con la escasa vida. Bajo la tenue luz de una farola del parque, apretaba las teclas con torpeza, iniciando a duras penas una frase.

En el pueblo contiguo, a las cinco y media,  un joven recibía en su móvil un mensaje lleno de frases inconexas :” phdsa tú  est^^s o npstas.bmos tíooooo  jgjgje”

Al otro lado de la ciudad, una punzada de angustia obligaba a abrir los ojos a una madre, como tantas otras noches.  Otra pesadilla… Aunque esta vez, en un duermevela, recordó la última parte del sueño: cómo ella, llena de fuerza y de ira, conseguía quitar la vida  al traficante con sus propias manos. Una  agridulce sonrisa iluminó apenas su cara, mientras lágrimas a borbotones empapaban su almohada. Una vez más

 

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6 respuestas a Caín atormentado. (Manuela Asenjo)

  1. Mar dijo:

    Dos personajes llenos de dolor que, a mi, me han traspasado. Me ha gustado mucho, Manuela.

  2. Elena dijo:

    ¡Relato tremendo y desgarrador! Me encoge el corazon. También a mí me ha gustado mucho. Un beso.

  3. Joan Manuel García Paz dijo:

    Ciertamente desgarrador,cala hondo,buen tema y bien narrado..Saludos cordiales.

  4. Leticia dijo:

    Más que envidia a mí me transmite una enorme amargura. Muy bien escrito y narrado, pero lo he leído dos veces para entender exactamente lo que cuenta la historia y que lugar ocupa cada personaje en ella. El título ha sido esencial para ello. También me surge otra duda, seguramente absurda, sobre por qué lleva bastón, si yo entiendo que es un chico más bien joven, ¿me equivoco?

  5. carlaluna91 dijo:

    Un relato lleno de fuerza y sentimiento, pero que me deja dudas y quizá me falte alguan explicación más para entender la primera parte.

  6. Manoli dijo:

    Gracias por vuestros comentarios. Sí dolor y amargura en ambos personajes.
    Desesperación del protagonista que se echa a la calle, vagando en busca de su dosis , huyendo de sus terrores y atormentado por la envidia y el odio.
    Como en cierto modo está basado en una historia real, el hombre está herido en una pierna, con lo que el hecho de retratarle andando con dificultad ayudado de un bastón, persigue añadir algo más de siniestralidad al personaje.
    El final, se deja a la libre interpretación del lector. La madre se despierta en un acto de telepatía en el momento en que el hijo vaga en la noche. O bien despierta de una pesadilla en la que se mezclan su dolor y sus deseos de acabar con la lacra que está matándolo.
    Muchas gracias, de nuevo

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