El sordo clamor de la nahuyaca. (Joan Manuel García Paz)

En esta parte del mundo las noches de Junio pueblan el ambiente de aromas, ruidos y misterios. La fauna silvestre regala sus sinfónicos insomnios al supersticioso pueblo que desparrama sus jacales en las faldas de la montaña que tiene de un lado a la luna y del otro, al plácido río que agotó sus fuerzas más arriba golpeándose impetuoso con escarpadas paredes y vaciando su espíritu en cascadas que hierven y saltos que penden como acuos heliotropos.

      Esa noche, los grillos callaron un poco. La maleza no amortiguó del todo los pasos furtivos de una hermosa mujer cuya silueta fantasmagórica atravesó el sendero bordeado de cedros  y chicozapotes, bajó la leve hondonada del otro lado del pueblo y allá, en el margen del río, al amparo de dos piedras enormes se fundió en una hoguera de pasión cuyos efluvios de placer y gemidos soterrados no pasaron desapercibidos ni  para el tejón que dormitaba del otro lado, ni para la nahuyaca que recién salía de su baño nocturno para recuperar entre los peñascos sus glándulas venenosas.

      La escena se repitió infinidad de veces en ese Junio alucinante. La mujer llegaba y el río bramaba levemente abandonando su placidez de sepulcro con la sinfonía en do menor de la noche tropical  que  ahora  tenía su solo de amor y de pasión que iba in crescendo con el viaje de las estrellas en el negro del espectro y en los ojos verticales de la nahuyaca que se ocultaba cerca. Y todas las veces, invariablemente, al amparo de su humedad de piedra, percibía  con su bífida lengua el calor de los cuerpos que escondían su secreto en ese agónico lecho de arena y deseo.

      Las fosas receptoras de la serpiente, en una suerte de artilugio fantástico se acostumbraron a la escena y acompañaban el erótico ritual de esas dos almas descarriadas y su goce furtivo y clandestino, a solo metros de su cabeza triangular que amordazaba  su nerviosismo y agresividad para gozar como sus contertulios; el calor en sus escamas, el temblor de sus cuerpos en sus rombos marrones y el vibrato agitado de los corazones en su bífido sonar, que se erigía como silente medusa en las pétreas humedades  preparando el agónico estertor del gran  finale.

      Sin embargo, allá tras la montaña; un sordo rumor  poblaba ya las calles y el bullicio de los pescadores en las lanchas, entretejiendo realidades con fantásticas historias de pecados y de infiernos. Una noche, la mujer anduvo su camino con la fiebre de su júbilo escondido que le protegía de los insectos y peligros de la oscuridad…llegó al río, que como siempre ; hervía con ese teatro de pasiones escondidas. Había luna llena y los amantes iniciaban una vez más su paraíso cuando un fulgor metálico iluminó  la noche, se reflejó en los ojos azorados de la hermosa mujer que se quedaron prendidos de la hoja filosa que regalaba un destello de luna….y de muerte, gritó horrorizada mirando los ojos torvos de su marido que iba a descargar su rencor y a apaciguar su honra, cuando un rayo vertical de rombos marrones saltó de las enormes piedras, se prendió al cuello del agresor y le inyectó  el oprobio de una certeza ineludible y de una muerte preñada de dolor…y de ignominia.

       El sordo clamor de la nahuyaca  pervive aún por esos rumbos que entretejen mitos de mártires maridos y amantes con ojos verticales y rombos en la piel, cuya mujer sufrió mil muertes de vergüenza antes de exiliarse para siempre, sin siquiera esperar al entierro del marido muerto en las márgenes del río de su pasión, con gangrena en medio cuerpo y ponzoña inverosímil escapando por todos sus poros transmutados en los ojos y en los índices acusatorios… de su pueblo tropical.

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6 respuestas a El sordo clamor de la nahuyaca. (Joan Manuel García Paz)

  1. aprendiz de poeta dijo:

    Lo dicho amigo,grande tu relato como todos los anteriores,con ese sello tan tuyo que he disfrutado tanto.Saludos y abrazo paisano.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Gracias Maestro,que de aorendiz no tienes nada,ya me di cuenta de lo que obtuviste con FREDO y es bastante merecido,ese seudónimo es el más mal llevado de la página,jejejej.Gracias amigo y paisano,es solo que dejams fluir el sentimiento y los referentes a lo largo de tantos años de maestro rural, solo eso.Chao.Un abrazo.

  2. Arantxa dijo:

    En una palabra: precioso. Enhorabuena

  3. Ángela dijo:

    Una historia de adulterio a la verita del río ¡ay! ¡que tendrán las márgenes del río que tantos y tantos romances han inspirado! buah, que te voy a decir:la descripción y la ambientación preciosa y la nahuyaca toma mucho protagonismo pues es la espectadora envidiosa de esa pasión incendiaria. Que bonita historia, esta podría ser una de tantas leyendas que corren por ahí, como la del silbón, el tunchi, la yarina y muchísimas más.Me ha gustado mucho.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Así es estimada Ángela,gracias por tu lindo acompañar,me encanta como desglosas mis propios pensamientos en los relatos.Un abrazo de agradecimiento.

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