Expiando… desde la ventana. (Joan Manuel García Paz)

Allá afuera, el estridente parlar de las gallinas de guinea aturde la monotonía del lugar y viste la mañana de un matiz inusitado. Humo azul sale de las chimeneas de las viviendas y de las rendijas entre las tablas radiografiando al sol que se cuela por entre los altos encinos y pinos del bosque que llenan de vida y tibieza a los perros que ladran felices de pertenecer a esta acuarela campirana.

      De una de las casas salen dos niños con la mochila escolar y van repartiendo alegría con sus adioses sonrientes a los que están iniciando sus actividades afuera de sus casas. El herrero tiene dos caballos esperando por sus nuevos calzados mientras sus dueños fuman y charlan animadamente. Mas allá, por la calle empedrada del centro se puede ver a María, la hermosa mujer que arranca suspiros a los hombres que encuentra en el camino y a los que la espían por las ventanas y puertas entreabiertas todos los días a la misma hora para verle los hombros descubiertos, las piernas torneadas y el vaivén de sus caderas que van desparramando sensualidad con sus pasos de gacela y su mohín de diva con el que regresa los “buenos días” a los que tienen la fortuna de encontrársela camino a la “Compra” de Don Sabás, el hombre más rico del pueblo que ya no vigila tanto a sus trabajadores ni a la báscula incesante, sus ojos ahora están más pendientes de las piernas cruzadas en la oficinita de su negocio y se entornan con el fresco aroma del que se llena la estancia cuando María está ahí, llevándole las cuentas y adornándole la vida..

      Al fondo, en la pequeña iglesia; veo al monaguillo que jala de la cuerda y puebla el ambiente con alegres bronces que regalan su eco por la cañada avisando a todos por la Sierra que es jueves de Corpus. Logro ver al cura que camina nervioso por el atrio fumando uno de esos puros que irritan a los feligreses. Miro a lo lejos las nubes pegadas al azul inverosímil del horizonte que me incita a evadirme …a perderme en un marasmo de belleza inexorable interrumpido esporádicamente por los tordos felices que se deslizan en el óleo albiazul por donde escurren mis ojos disfrazados de encanto..

      Todo eso veo desde este pinche exilio en la ventana donde rumio mi desengaño y vacío mis silencios llenándome del cuadro de allá abajo tan lindo e inocente…tan ajeno a mi mundo.

      Soy escritor, pero nadie lo sabe. Soy el novio de María, pero Don Sabás no lo sabe. Pero sobre todo, no lo sabe Sabás Jr, que llegó hace dos semanas al pueblo y anda desvirgando jovencitas por este pueblo de dios tan pródigo en doncellas, caderas promisorias y sensuales cabelleras que se bañan en el río con los pechos descubiertos. Todo eso lo paso, pero que a María, mi María; se la encierre allá atrás por entre los bultos de café y las máquinas tostadoras para disfrutar de los encantos que están destinados para mí, que le provoque  los gemidos que solo yo puedo arrancar de sus labios paraíso en el campo de amapolas allá , junto  al maizal de Don Sabás que no termina nunca, sí, allá junto al arroyo donde esperamos de vez en vez a que el sol se esconda para regresar  cada uno por distintos caminos…

      No, eso  no se lo paso.  Y mientras describo esta escena de Jueves de Corpus desde mi casa en el cerro, también planeo mi huída, para después de encontrarme con Sabasito  y enseñarle a respetar a las mujeres…

       Sí, mientras escribo estas últimas líneas miro la escopeta colgada del zarzo que hace apenas dos meses exactos usé contra aquél seminarista que vino a pasar un tiempo en el pueblo y logró que María se hiciera catequista, pero no solo eso, también logró que usara una flor roja siempre en su cabello y que sus mohines de diva diciendo buenos días, se iluminaran del color de la ilusión. ¡Pobre cuate! Lo encontraron muy lejos de aquí, casi partido por la mitad por una escopeta del doce dizque muerto por error por un grupo paramilitar.

       No sé que irán a decir de Sabasito. Tan solo sé que desde aquí me desangro, que desde aquí vació mis demonios y expió mis remordimientos y ya no sé si es al escribir estas líneas o al planear el futuro, tan solo sé que siento rabia desde esta ventana por no poder pertenecer al lindo cuadro de allá abajo, animado una vez más y cada vez más fuerte…por el tañer insistente de los bronces.

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12 respuestas a Expiando… desde la ventana. (Joan Manuel García Paz)

  1. Mar dijo:

    Enhorabuena, Joan Manuel. Tus descripciones en los relatos se me asemejan a los grandes: García Marquéz o Vargas Llosa.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Mar, eres muy generosa,que honor sería parecerme a esos dos grandes, creo que Rulfo, de mi país y Márquez son a los que más admiro y los que más influencia me irradian,pero claro;disto mucho de ellos.Sin embargo aprecio tu comentario que es muy motivante para mí.Muchas gracias.Un abrazo.

  2. aprendiz de poeta dijo:

    Pues mi amigo,coincido con Mar, tienes ese don para la narrativa como los grandes, al menos amí,me ha encantado tu estilo y también lo he llamado realismo mágico.He aquí una prueba más de ello.Trepidante relato.Saludos y suerte.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Creo,mi amigo,que tu opinión nace del afecto, sin embargo valoro y aprecio tu acompañar a lo largo de estos meses aquí.Un abrazo.

  3. manolivf dijo:

    Buen relato, Joan, me gusta como describes, casi decir como pintas, acuarelas llenas de detalles son tus relatos. Cierto que se nota la influencia de los autores de tu tierra, de Márquez, Allende…,
    lo que leemos nos marca, al igual que lo que somos, pero también aportas tu propio sello, todo suma. :)) Un abrazo.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Gracias manolivf, creéme que aprecio mucho tu apunte porque me encanta también como escribes, coincido contigo en que tengo una influencia inegable de García Márquez, de hecho es mi ídolo,tengo algunos sonetos,poemas y algunos videopoemas sobre su obra, pero es es Colombiano, también tengo gran admiración sobre Juan Rulfo y Arreola, dos grandes narradores mexicanos.Te agradezco mucho tu comentario y te mando un abrazo.

  4. Ángela dijo:

    Me gusta tu manera de escribir, tu estilo, e imagino que todo lo que cuelgues será más o menos de mi gusto. Describes, ambientas muy bien, he podido verlo todo, a María paseando con sus andares cadenciosos y su sonrisa de diva, incluso he podido oler esa flor roja que aquel catequista, partido en dos , le colocó un día en el pelo. Es una historia de amor y de celos, y él que se considera escritor, expulsa los demonios con sus palabras escritas, y por eso no estoy muy segura de si esos crímenes de los que habla, tantos los perpetrados como los anunciados, son reales o imaginarios. En la literatura mágica me encuentro muy cómoda, he leído muchísimo de García Marquez, de la Allende, de Llosa… y más.
    De todas formas no todo va ser elogios por mi parte. Esto es mi opinión, ojo, pero creo que has separado alguna frase introduciendo un punto y coma, y me parece que te lo he visto en más de una ocasión; también me gustaría preguntarte si estás en contra de colocar una coma de vez en cuando para que tus lectores respiremos un poco ;), pero si es tu manera de escribir, si forma parte de tu estilo, no sufras, tú me lo comunicas y santas pascuas.
    Es un gran placer leerte Joan Manuel.

    • Joan Manuel García Paz dijo:

      Ufff, Ángela creo que tengo poco que decir que no sea un agradecimiento profundo por tu precisa y bella conceptualización de mi obra.La has prologado prácticamente y me encanta, de verdad. Te comento que efectivamente quien más influencia tiene sobre mis relatos es García Márquez,(tengo el récord dudoso de poseer la mayoría de sus obras) pero también por ejemplo tengo a Rulfo de cabecera y a Juan José Arreola, grandes cuentistas mexicanos que admiro y sigo siempre.Te agradezco tu comentario y te dejo un abrazo.

  5. Ángela dijo:

    Por cierto, me encanta el juego de palabras del título: expiando…desde la ventana.

  6. Arantxa dijo:

    Un relato lleno de carga emotiva en el que se va desgranando el sentimiento poco a poco. Muy bien la manera en que lo has hecho fluir. Enhorabuena.

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