Amor filial. (David Hernán)

 Mientras la incorporaba, para que pudiera chupar de la pajita, sintió los ojos de su hermana clavados en ella.  La acarició la cabeza, y la besó en la frente. Se levantó y cojeando, fue a por el barreño  para  lavarla, como  hacía cada día. A pesar de llevar mucho tiempo postergada en la cama, su hermana aún conservaba el cuerpo de bailarina: espigado y fibroso. Ella sabía que tenia mucha culpa de ello, todos los días aparte de alimentarla y de bañarla, la hacía una tabla de ejercicios para que sus músculos no se atrofiaran. Mientras  pasaba la esponja húmeda por su piel blanca, recordó cuando eran niñas, y cogidas de la mano iban juntas a la academia de de ballet. Dos días en semana en principio, después tres, cuatro, y al pasar de los años los cinco días de la semana, e incluso algún sábado o domingo. Recordó como según que pasaba los años, su hermana se ilusionaba más y más con la danza. Podía sentir escuchando hablar a su hermana, todas la emociones que ella sentía al bailar. Le decía que cuando bailaba, el peso de su cuerpo dejaba de tener valor, que bailar era como volar y ella en su mente, volaba con su hermana. Hasta que un día le dijo que ya no hacia falta que la acompañara, que ya era mayor para hacer el camino sola, tenía prisa y ella la retrasaba y que ese día, necesitaba ir volando para no llegar tarde. Jamás la volvió  acompañar a clase. Lo que no dejó de hacer, es ir a todas y cada una de sus actuaciones. Junto a su compañero, su hermana, se estaba convirtiendo en una pequeña celebridad dentro del mundo de la danza. Las actuaciones de la prometedora pareja se empezaron a hacer famosas, todos querían ver bailar  a los dos bailarines de quien todo el mundo hablaba. Ella siempre tuvo un sitio en primera fila del teatro, y siempre después de la actuación, aún con el pecho jadeante por el esfuerzo, la primera mirada de su hermana era para ella. Mientras la secaba, recordó su última actuación, la vio deslizándose por el entarimado  del escenario. Fue justo un día antes de que tuviera el accidente.  Aquella noche los dos estuvieron especialmente geniales. Ambos se movían al ritmo de la música, formando parte de ella. Él realizaba los cabrioles desafiando a la gravedad y ella  hacia los pas de chat con una gracilidad casi perfecta. Al final de la coreografía, su hermana era lanzada al aire por los brazos largos y musculosos de su compañero: realmente parecía como si volara. Cuando acabó la actuación, ella desde la platea con lágrimas en los ojos, buscó la mirada de su hermana mientras aplaudía emocionada la actuación de la pareja. Pero aquella noche, los ojos  de la bailarina resbalaron por su cuerpo gordo y deforme. 

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3 respuestas a Amor filial. (David Hernán)

  1. leticiajp dijo:

    A mí el relato me transmite mucha pena, es desgarrador y está muy bien descrito, pero el final me confunde un poco y también cuál es la relación concreta con la envidia, no sé si lo he entendido bien. Quizás yo habría puesto algunos puntos y aparte para que no se vea tan “tocho”.

  2. David Hernan dijo:

    Gracias por el comentario

  3. aprendiz dijo:

    Muy triste,pero interesante y creo que la envidia va implícita en el remordimiento.Suerte y saludos.

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