Espías. (Salvador Cortés Cortés)

El pelo, liso, negro y suelto, oculta parte de su cara… Retrepada en su sofá frente al televisor, envuelta en su bata de chambray celeste, con las piernas cruzadas, en el pie de apoyo pantuflas Betty Boop, en el otro calcetines fantasía, sosteniendo en la mano derecha una taza de café, blandiendo un humeante cigarrillo en la otra, Celia está examinando con atención la telenovela: sendos primeros planos de cada uno de los dos personajes se alternan sin remisión en la pantalla: “¡Te he visto hablando con Marie, Armand!…, ¡junto a la puerta del bar de Gerard!, ¡os he visto, Armand!, ¡con estos ojos!”; “¿Acaso me espiabas, Emma?, ¿es eso, me espiabas Emma?”; “No, Armand, no es eso…”; “¡Entonces!, ¿por qué no te acercaste a saludarme, Emma?, ¿por qué no te acercaste a saludarnos?… Marie es amiga tuya y…” Interrupción: está sonando el móvil de Celia: “Quién… ah, hola Carmen… sí, la estoy viendo… no sé… Armand se la está pegando y… bueno, Marie va a lo suyo… sí, sí… ¿a qué hora quedamos, Carmen?…espera…” Celia está poniendo boca abajo su móvil, sobre su regazo. Celia está girando gradualmente la cabeza, ahora observa el angulo que forma el techo con la pared del saloncito que está a su izquierda y se queda pensativa unos segundos. Celia está recogiendo su móvil y continúa la conversación: “Carmen… no nada… me había parecido… nada, nada, tonterías mías… ahora mismo me visto y salgo a buscarte, Carmen… hasta ahora, Carmen”

Celia está apagando el televisor; se termina de fumar el cigarrillo, sorbe el último buche de café y, ya, se está incorporando. Se despoja de la bata, quedándose vestida solo son el pijama de franela estampado que, en ella, resalta su feminidad y deja entrever sus firmes contornos de mujer. Se está dirigiendo a su habitación. De súbito, Celia se ha detenido, con la manilla del picaporte de la puerta de su habitación en la mano, y hace un leve escorzo con la cabeza girada hacia atrás: “¿Me espías, autor?”, está preguntando… ¡me está preguntando!

Aquí, lo más prudente es que el próximo punto y aparte lo consideremos un punto y final, y cerremos esta ventana; y dejemos sola a Celia en su habitación quitándose el pijama y vistiéndose, para salir a la calle y ver a Carmen: creo que Celia me ha descubierto.

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Una respuesta a Espías. (Salvador Cortés Cortés)

  1. aprendiz dijo:

    Interesante…el rol de Celia y el relato en general.Suerte y saludos.

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